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En Cantel la educación sexual encuentra aliadas en las comadronas

Ellas son un recurso humano desaprovechado.
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En Cantel la educación sexual encuentra aliadas en las comadronas

Historia completa Temas clave
  • El trabajo de las comadronas no está limitado a reconocer embarazos de riesgo, también capacitan mujeres para hablarle a los jóvenes.
  • En sus enseñanzas procuran involucrar hombres para explicarles cómo cuidarse a sí mismos y a su pareja.
  • Existe un manual, la «Guía Nacional de Planificación Familiar», escrito en 2018 y está dirigido a todos los proveedores de salud que trabajan con derechos sexuales y reproductivos, pero tiene un problema, el texto solo existe en español.
  • En occidente un grupo de comadronas empíricas recopilan los conocimientos ancestrales, buscan crear un manual para pacientes que no podrán pagar un hospital privado.

Estas mujeres tienen alta incidencia en la salud del área rural del país. Más allá de atender partos, sus actividades se extienden a nuevas prácticas, tal es el caso de la salud sexual y reproductiva. Pero el apoyo estatal es escaso y crea puntos de conflicto. Es una oportunidad desaprovechada.

Redes-lateral

Para Angela Colop de 58 años, hablar de salud sexual y reproductiva es cosa de dos, de él y de ella. Conversan desde cómo cuidarse para evitar embarazos, hasta del tiempo de calidad con los hijos. «De eso les hablo», dice con resignación pues su labor como partera se extiende a estas charlas.

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Recibe a las parejas en una habitación de seis por tres metros donde al fondo, en una esquina, reserva espacio para imágenes religiosas: Un Cristo crucificado, un cuadro de la virgen, la última cena y un póster de Juan Pablo II. 

Ahí mismo citó en 2004 a dos padres de ocho hijas vivas, más seis abortos. Un total de 14 embarazos. «Ella tenía poco menos de 40 años y el esposo la obligaba a tener relaciones porque quería tener un niño», recuerda. Les habló de la salud de la madre, los gastos que implica educar a los hijos y las limitaciones cuando son muchos.

La conversación terminó cuando él se levantó, la amenazó en quiché y se marchó. 

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Ella es una de las 37 comadronas registradas en Cantel, Quetzaltenango. «En realidad somos 64», rectifica, se refiere a las 37 más 18 que realizan su trabajo sin pertenecer a esa lista, y otras nueve que el Ministerio de Salud Pública (MSPAS) ni siquiera localiza. 

En el occidente del país uno de cada tres partos es atendido en casa por alguien como Ángela.

Además de palpar vientres y reconocer embarazos de riesgos, estas mujeres se capacitan para hablarle a los jóvenes. Les preocupan los embarazos en adolescentes: durante la cuarentena de 2020, en Cantel se registraron 141 en menores de 18 años, uno nuevo cada tres días.

Ellas conocen el espacio íntimo de las parejas de Cantel, desde las más jóvenes.

Andrea Salanic Xitimul recibe a sus pacientes en un patio cubierto de flores de buganvilia, la acompaña su gata. Ella es comadrona y fue intérprete quiché-español en las reuniones mensuales con el personal de salud. 

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Suspira al recordar el caso de una pareja menor de edad que solicitó su ayuda hace dos años. «La mamá de la joven me contó: “Se casó mi hija, pero el licenciado nos dijo que no debe tener familia todavía”. Entonces tuve que intervenir».

Alude al decreto aprobado en 2015 el cual prohíbe matrimonios entre menores de edad. «Los apoyé con métodos anticonceptivos naturales, así lo quisieron ellos». La relación de las comadronas con la población es de confianza, por eso las prefieren por sobre el personal de salud.

Andrea, de 67 años, es de complexión delgada y voz serena, recibió formación técnica en salud desde 1972 y es conocida en varios municipios por el servicio que presta. «Atiendo hasta cinco consultas todas las mañanas, de lunes a domingo. Vienen de San Juan Ostuncalco, Olintepeque, San Carlos Sija... de varias partes», enumera.

Al igual que Angela, Andrea prefiere citar a las parejas y no solo a la mujer, considera que la maternidad y paternidad deben ser responsables y conscientes. Procura involucrar y enseñar a los hombres cómo cuidar de sí mismos y su pareja. «Les hablo de la planificación familiar, del ciclo de ovulación, el coito interrumpido y en qué momento pueden embarazarse ellas, les regalo un collar para que lleven el control de esas fechas». 

En Guatemala existen alrededor de 23 mil comadronas y realizan múltiples tareas de acompañamiento en todo el territorio. A pesar de eso, el Estado no les provee insumos básicos o especializados para realizar su labor. Tampoco les brinda algún incentivo económico.

Ya se ve que ellas pueden ser la clave de llevar educación sexual a sus municipios y disminuir los embarazos a temprana edad o no deseados, ellas son un recurso humano desaprovechado.

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Relación vertical con el Estado

La Ley para la Maternidad Saludable (artículo 17) establece que los proveedores comunitarios y tradicionales deben cumplir manuales y protocolos para prestar servicios de salud. En el caso de las comadronas, deben coordinar capacitación técnica con el Ministerio de Salud para lograr su acreditación y trascender de comadrona empírica a tradicional.  

En tanto, La Ley de Desarrollo Social (artículos 25 y 26) nombra al MSPAS y al Mineduc como entes reguladores de la actividad y formación a todos los promotores de salud sexual y reproductiva. 

Esmeralda Coyoy, enfermera del distrito de Cantel, es la promotora a cargo de la formación y registro de comadronas. Una de las fortalezas en el municipio es la colaboración interinstitucional, dice: «En marzo de este año regresamos a celebrar las reuniones mensuales con las comadronas registradas (37 de las 64 existentes), empezamos de nuevo a capacitarlas según nuestras guías en la atención al recién nacido, métodos anticonceptivos, planificación familiar y otros temas».

La Guía Nacional de Planificación Familiar es un manual creado en 2018 dirigido a todos los proveedores de salud, uno de sus objetivos es «servir como apoyo a la realización de los derechos sexuales y reproductivos, facilitando a las y los usuarios contar con información y orientación asertiva para tomar decisiones adecuadas», se lee. 

Este texto solo existe en español, aunque en el país se hablan más de 24 idiomas, además, no contempla como proveedores a las comadronas no capacitadas.

En Cantel, desde 2012 hay dos grupos de comadronas debido al espacio para reunirse. «Es más fácil coordinarlas así. Varias abuelas comadronas no saben escribir y solo hablan quiché, así no pueden llenar informes de nacimiento», explica Aurelia Sacalxot, presidenta de uno de los grupos donde la mayoría no está registrada. 

María Antonia García, comadrona tradicional desde hace 30 años y presidenta del segundo grupo, explica orgullosa que formaron el colectivo llamado Nim Alaxic, como una demanda «por la lucha del reconocimiento de las prácticas ancestrales y el apoyo integral que damos a la paciente y su familia. Nosotras buscamos atender la salud de una forma integral», reitera.

Además, explica García, «no solo atendemos parejas o mujeres embarazadas, como guardianas de la comunidad atendemos a la persona que lo necesita: madre soltera, jóvenes, hombres, mujeres que no ven menstruación y todo tipo de consulta. Procuramos referir casos con médicos de nuestra confianza». 

Alejandro Chan, politólogo especializado en gestión para el desarrollo local y pueblos indígenas, asegura que la división y registro de comadronas es un punto de conflicto: «Si lo analizamos desde el poder, habrá confrontación entre las comadronas, por decir, yo soy más porque soy reconocida y tu no, o al revés».

Sobre la integración de las demandas de pueblos originarios, explica y cita un ejemplo en Noruega, donde la población indígena también es mayoría: «El Estado de Guatemala integra desde la visión del ciudadano individual y no desde lo colectivo. No comprende ni hace el esfuerzo por comprender a los pueblos indígenas. Busca la homogeneidad». 

En Noruega, cuenta, el pueblo Sami fue reconocido en 1989, se organizaron y a través de una lógica de partidos políticos accedieron al poder. El caso es importante porque es el Estado quien se integra a las prácticas ancestrales e indígenas, aquí sucede lo contrario.

No hay un esfuerzo por conocerlas a ellas sino de imponerles modelos de trabajo. Sobre la coordinación e integración que existe entre el sector público de salud y las comadronas, el personal del distrito resaltó que la normativa específica se respeta y acata: «Las comadronas refieren a los embarazos delicados y de alto riesgo porque ellas no deben atender estos casos. A las comadronas que lo cumplen se les acredita e incentiva con reconocimiento público», relató Brenda López, enfermera profesional.

El MSPAS estableció métodos de atención diferenciada que todos los promotores deben cumplir en el trato con adolescentes, se caracterizan por guardar la privacidad y confidencialidad en los procesos de atención. «Esta estrategia tiene resultados positivos porque existe mayor afluencia a los servicios y ya no registramos muertes maternas», destacó López.

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El apoyo es casi nulo a la labor de estas mujeres. A pesar de que existe un proceso abierto en cada uno de los organismos del Estado, y una sentencia de la Corte de Constitucionalidad que ordena al MSPAS adoptar medidas consensuadas con las comadronas para garantizar el respeto e inclusión de su trabajo. O para formular planes que garanticen la salud sexual y reproductiva con pertinencia cultural

En ausencia del respaldo estatal, estas mujeres buscan llevar a la práctica varios de los fundamentos que contiene la Política Nacional de Comadronas. Entre ellos la promoción de su conocimiento y la atención con pertinencia cultural.

El Libro Azul

En occidente, un grupo de comadronas empíricas recopilan los conocimientos ancestrales para no perderlos en el tiempo. La intención es, dice Angela Colop: «reunir el conocimiento de las abuelas comadronas en un solo lugar para que las generaciones venideras sepan dónde buscar. Un manual propio de conocimiento y prácticas naturales para el tratamiento de las pacientes que no pueden ni podrán pagar un hospital privado».

Durante el proceso de colonización se quemó todo escrito, incluso a los escritores. El conocimiento quedó disperso y la única forma de acceder a él es a través de la historia oral. «Es ciencia, pero por el proceso de hibridación que sufrimos somos incapaces de comprenderlo, estamos bombardeados por el pensamiento occidental y ya no sabemos cómo identificarnos con el pensamiento indígena», enfatizó Chan.

Parte de las prácticas compiladas buscan la reivindicación de la pertinencia cultural. Antonia García lo explica: «Así como se engendra en pareja, buscamos incluir a los hombres en el cuidado de un niño y la esposa embarazada para que valoricen el trabajo que realiza una mujer durante el embarazo, parto y postparto».

En cada consulta, estas consejeras refuerzan la identidad y fraternidad de cada pareja para que el alumbramiento se programe y sea acompañado por el calor humano, es decir, el círculo familiar más cercano. En Cantel, una familia promedio tiene tres hijos, según el Censo 2018. 

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«Es necesario que cada una (de las comadronas) se capacite y escuche atenta las preparaciones que nos da el centro de salud, porque hay muchas cosas que pueden salir mal en un parto. La gente busca más a las comadronas que a las enfermeras, tenemos la confianza de la gente, por eso, debemos prepararnos», justifica Angela mientras se levanta de su silla para atender el teléfono, una mujer llama en busca de sus servicios.

 

* Esta publicación es parte del programa de formación para periodistas departamentales Plaza Pública 2021. Para conocer cómo ser parte haz click aquí.

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