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La desinformación tiene más pertinencia cultural que el MSPAS

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La desinformación tiene más pertinencia cultural que el MSPAS

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Totonicapán, Quiché y Alta Verapaz están en la cola de departamentos con menor población vacunada, la desinformación está a la orden del día y circula en idiomas maternos. Mientras, el Ministerio de Salud no ha construido ninguna campaña para motivar la vacunación, los mensajes negativos son una bomba de tiempo en el área rural.

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«Envío este mensaje a toda la población para decirles: no se pongan la vacuna y mejor rechácenla, ahora solo Dios por mí. Siento que estoy afectado, mi cabeza se está confundiendo, mi corazón no resiste y ya no como. Este mensaje quiero que llegue a muchas personas, si Dios me lleva o me sana yo quiero hablar más de él, pero por la vacuna ya no puedo».

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Quien habla es un hombre mayor que habla en quiché, está rendido en una cama, tapado por sábanas blancas, un suéter verde pálido, y una montaña de chamarras le cubren la mitad del cuerpo. Es originario del cantón Rancho, Totonicapán, desde su habitación grabó este video que Whatsapp marca como «Reenviado muchas veces». Corre de celular en celular y su mensaje despierta reacciones en contra de las vacunas para combatir el COVID19. Ese solo es uno de tantos que corren a diario.

El video dura 2:45 minutos y quien habla lo hace en el idioma que predomina en el departamento de Totonicapán. Hasta el momento el Ministerio de Salud y Asistencia Social (MSPAS) no ha creado ninguna campaña para promover en las comunidades en idiomas maternos la vacunación contra el COVID19.

«No puedo hablar mucho, Dios los bendiga. Este es un mensaje que hago como parte del comité de vivero del Cocode, Dios los bendiga en sus lugares a cada uno, estoy hablando por la vacuna. Cuando fui a ponerme la vacuna estaba bien, cuando me la puse me puso mal. Después de 4 horas se vino más fuerte el dolor» dice. Plaza Pública constató que el protagonista del video se recuperó días después.

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Son rumores, son rumores  

«Un rumor nace, crece, se reproduce, muere, y resucita» cuenta Guillermo Hegel, director de Programas de Salud de Global Communities quien es uno de los autores del estudio «Rumores y antirrumores sobre COVID-19». Entre noviembre de 2020 y enero de 2021, junto a otros profesionales se dedicaron a «cazar» este tipo de mensajes en los departamentos de Huehuetenango y Guatemala.

El estudio señala que los rumores tienen tres fuentes principales: personas (familiares, amigos, vecinos, autoridades), medios de comunicación (radio, televisión, prensa) y redes sociales (Facebook, Twitter, WhatsApp). Ciertos tipos tienden a predominar más en contextos específicos. Por ejemplo, por las dinámicas socioculturales en contextos rurales prevalece la comunicación personal con personas; mientras que en contextos urbanos predominan los medios de comunicación y redes sociales, derivado del nivel de acceso a información.

Durante el periodo de estudio recolectaron 328 rumores, los resultados muestran que el 53% de los encuestados indicó como la fuente principal los vecinos de sus propias comunidades. Estos fueron algunos: «La sangre de cristo me protege y la enfermedad no me va a hacer daño», «esta enfermedad solo da a los blancos y no a los indígenas», «la enfermedad es una mentira», «el COVID19 no llegará a la comunidad».

Una de las practicas que le preocupan a Hegel es la automedicación combinada. «Ocurre cuando las personas combinan una medicina natural con una química, por ejemplo, le vamos a poner diez aspirinas a un té de manzanilla. Podría convertirse en un problema de salud, y esas prácticas se están multiplicando» señala.

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Promociona, pero no cree

Es jueves, el viento juega con los maizales del cantón Xesacmaljá, todo está tranquilo. Las personas están relajadas, algunas dejaron de usar mascarillas y otros las usan de vez en cuando. Esta escena sucede a 20 minutos de la cabecera departamental de Totonicapán.

Ahí las personas cultivan maíz para su consumo y para la venta a pequeña escala, para llegar es necesario cruzar senderos empinados. En ese cantón se siente la renuencia por las vacunas.

Un día antes anunciaron la llegada de las vacunas, armado con un altoparlante un vehículo 4x4 recorrió el difícil camino. Las autoridades comunitarias asumieron la convocatoria para evitar inasistencia, aunque es algo contradictorio, algunos de ellos no están seguros de aplicarse la vacuna. La promueven de manera voluntaria, pero dudan de su eficacia.

En medio de maizales está el salón comunal, es el lugar designado para aplicar las dosis. Ahí caben 400 personas sentadas, pero para esta jornada solo alistaron sillas para 30. Es la segunda jornada para aplicar las vacunas contra el COVID19, la primera fue en febrero.

«No me voy a vacunar» cuenta José Puac, quien es parte de la autoridad comunitaria de Xesacmaljá y que un día antes salió a promover las dosis que reducen los riegos por el nuevo coronavirus. «Hemos escuchado a familiares que se han enfermado después de haberlo hecho, los vecinos también dicen lo mismo, entonces con mi esposa no pensamos en la vacuna. Estamos haciendo mucha oración y utilizando las plantas para que la enfermedad no llegue, pero si llega a casa pues ya pasara a manos de Dios. Si Él dice hasta aquí, pues esa es su voluntad». El mensaje que promovió Puac a favor de la vacuna fue en quiché.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) en Totonicapán el 98% de las personas se identifican como mayas, en Sololá 96% y Quiché 82%, esto según el Censo Poblacional 2018.

«No traemos a nuestra gente obligatoriamente, los que vienen están por su voluntad» cuenta Pablo Tzic Vásquez, también parte de la autoridad comunitaria. Agrega que él tampoco tiene planes para vacunarse.

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La desconfianza es a todas las vacunas

«Aquí pocas personas usan mascarilla, de hecho, cuando se han venido a vacunar la traen guardada y se niegan a usarla» cuenta Ismael Tzunun, enfermero. Junto a otras 11 personas del centro de Salud de Totonicapán, está a cargo de inocular a quienes decidan hacerlo.

«No creen en las vacunas, pero no solo es la desconfianza en la vacuna contra el COVID19, la población no cree en ninguna. Nos vemos en aprietos cuando debemos vacunar a niñas y niños menores» cuenta Tzunun, quien asegura que la inseguridad nace también por el vacío creado por el MSPAS al no crear campaña de promoción en idiomas maternos. «Las (campañas) existentes en radios locales son gracias a las ong que trabajan en Totonicapán», agrega.

El enfermero resalta que la mala información es la más conocida «ahora todo mundo se ha vuelto experto en salud, y todos emiten opiniones en el tema relacionado al COVID19, ese es el tema de moda y más escuchado en cualquier lado, en el mercado, en el servicio de transporte público» relata.

«Consideramos que hay una barrera cultural en relación con la pandemia. No hay información científica pero sí hay mala información en redes sociales que se difunde. Hemos tenido comunidades donde sí hay mucha afluencia y en otros lugares informar se ha convertido en un desafío» relata.

La experiencia del enfermero dicta que cuando ellos hablan en el idioma materno, la población se siente en confianza y hasta cierto punto no discriminada, él prefiere hablar a sus pacientes en quiché, idioma de su dominio.

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Bomba de tiempo

«La mala información puede ser una bomba de tiempo para las comunidades en Totonicapán, sobre todo porque puede causar una saturación en los servicios de salud, la mala información se difunde más rápido y está llegando a la población más vulnerable y que debe vacunarse», cuenta Tzunum.

El enfermero no ve un futuro alentador, pero guarda la esperanza en que las personas busquen los servicios de salud para aplicarse las vacunas. «Esperamos que las personas tomen conciencia para evitar ir de casa en casa a promover las vacunas, si salimos por cada hogar esto será una recarga de trabajo y es probable que en las comunidades podamos tener conflictos»

La primera vez que Tzunum llegó a la comunidad Xesacmaljá con la termo hielera repleta de vacunas fue en agosto, esa vez 42 personas se vacunaron con primeras dosis de Moderna. De esas no todas eran del lugar, la mayoría prevenían del casco urbano buscando vacunarse en las comunidades para evitar largas filas.

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Desconfianza histórica

El enfermero cuenta un dato curioso. No pueden vacunar con Sputnik -V porque no tienen elementos para mantener la cadena de frío, pero pese a la desinformación, la vacuna Moderna es más aceptada.

«La desconfianza en las comunidades no llegó ayer, lo que hay es toda una historia donde las instituciones externas se han asociado a procesos de estafa, despojó y explotación» narra Diego Vásquez Monterroso, antropólogo e investigador de las organizaciones locales de los pueblos mayas del altiplano.

Para Monterroso es importante que los actores y líderes comunitarios medien para las campañas sean aceptadas en lo local, además, no debería estar limitada a crear mensajes en idiomas maternos, es todo un trabajo de base. Por ejemplo, que las autoridades locales se vacunen «da una garantía a que las comunidades puedan sumarse a la vacunación».

Monterroso enfatiza en que la desconfianza de esta población es hacia el Estado, y no con la vacuna. Además, dice que la pandemia «desnudó la desigualdad y practicas racistas, como el acceso igualitario de las vacunas no se está dando».

En una entrevista realizada para Plaza Pública, el ministro Francisco José Coma aceptó que uno de los errores de la exministra de esa cartera, Amelia Flores, fue la incapacidad de informar de forma adecuada.

Coma reconoció que hasta el momento no existe una estrategia puntual de información y comunicación para abordar la desinformación que gana terreno en las comunidades.

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En la cola

Edwin Asturias, exdirector de la Comisión Presidencial de Atención a La Emergencia COVID-19 (Coprecovid) publicó que los departamentos de Quiché, Totonicapán y Alta Verapaz van a la cola como lugares con menor porcentaje de vacunas aplicadas. «Hay un rezago injusto en la población indígena» señaló. Las razones son varias, una de ellas está en la mala ejecución del presupuesto.

El 12 de octubre la bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) citó a la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia y el Ministerio de Salud. El primero señaló que han ejecutado 3.5 millones de quetzales en campañas de divulgación para promover las vacunas, pero ninguna fue en idiomas maternos.

Por su parte, Pedro Muñoz, del equipo de comunicación del MSPAS, asegura que una de las prioridades del ministro Coma es crear campañas en idiomas maternos, y que estas se podrán ver y escuchar en la primera semana de noviembre a más tardar.

«También se está trabajando un estudio antropológico en algunas áreas del país, esto con el fin de identificar rumores para poderlos contrarrestar, pero es muy difícil llegar antes que las campañas de rechazo a las vacunas en las comunidades» comenta Muñoz.

«Ver a los militares en las comunidades vacunando no es muy bien recibido, eso nos remonta a la cuestión histórica del país, por tal motivo vamos a incorporar a otros actores como a la Asociación Nacional de Municipalidades (ANAM) líderes religiosos y locales. Pero este no es un trabajo solo de Salud, es un trabajo integral» agrega el comunicador del Ministerio.

El diputado Orlando Blanco señaló de irresponsabilidad el manejo de la comunicación para contener la pandemia, también cuestionó la manera en que el presiente, Alejandro Giammattei, sale enervado cuestionando a la gente cuando no se está informando, ni divulgando.

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