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Dora Tobar, Isabel Acevedo y Gabriela Álvarez atienden a un compatriota para emitir su voto en 2019, en el centro de votaciones de New York. Foto: Vivian Rivas

Voto en el extranjero está cuesta arriba: «Aquí nos olvidan y allá nos ignoran»

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Voto en el extranjero está cuesta arriba: «Aquí nos olvidan y allá nos ignoran»

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Huyendo de la violencia, la pobreza y de la falta de oportunidades dejaron su país hace años pero algunos de ellos, desde lejos, aún siguen el rumbo político de su país de origen. Tienen la esperanza de regresar «a morir a Guatemala». A casi seis meses de las próximas votaciones, migrantes residentes en Estados Unidos critican las deficiencias del Tribunal Supremo Electoral y de la Cancillería; y exigen que se garantice su derecho al voto.

Benjamín Monterroso huyó de Guatemala en la época del conflicto armado. En ese entonces era un joven universitario y no quiso ser parte de ninguno de los dos grupos que se enfrentaban en el país.

—¿Salió huyendo de la violencia de la guerra?

—No, me fui huyendo para no ser parte de.

Eso fue hace 45 años. Hoy Benjamín, o Ben, como se presenta regularmente, tiene 64 años y es un dirigente sindicalista que radica en Los Ángeles, ciudad ubicada en uno de los estados que alberga la mayor cantidad de migrantes guatemaltecos.

Aunque Benjamín dejó Guatemala, desde allá, a más de 4,000 km de distancia, aún persigue la coyuntura política del país y desde que el proceso electoral anterior lo persigue una preocupación: que las elecciones no vuelvan a ser un fracaso en Guatemala, como considera ocurrió en 2019.

Según el Tribunal Supremo Electoral (TSE), hace tres años, se empadronaron 63,300 guatemaltecos en Estados Unidos, pero solo el 1.1 por ciento de esa cifra llegó a votar. El dato no sorprende, tomando en cuenta que la posibilidad de votar solo llegó a cuatro ciudades: Los Ángeles, California; Silver Spring, Maryland; Nueva York, Nueva York, y Houston, Texas. La participación fue tan escasa que al comparar el presupuesto total invertido en la implementación del voto en el extranjero con la cantidad de personas que participaron, el valor de cada voto fue de unos 64,000 quetzales.

De los 498 votos escrutados, para elegir al vicepresidente y presidente, 411 fueron para Alejandro Giammattei y Guillermo Castillo. Los restantes (87) para Sandra Torres y Carlos Raúl Morales. Los votos fueron solamente para dos partidos de los 19 postulados en total. La explicación para esta votación tan excluyente podría ser la falta de información en relación a las propuestas políticas. Al extranjero no llega suficiente información de los candidatos y sus planes de gobierno. Existe mucha desinformación y desinterés, aseguran.

«No nos enteramos de las propuestas, no tenemos información, no sabemos nuestros derechos y tampoco quiénes son los candidatos, falta una campaña de información de las propuestas», explica.

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Un viaje para prevenir el fracaso

Desde las elecciones pasadas hasta ahora, el escenario parece no haber cambiado mucho. A menos de 1 año de que se realicen las votaciones se han empadronado 12,000 guatemaltecos más en Estados Unidos. Todo indica, dice Monterroso, que en 2023 ocurrirá lo mismo que en 2019: que las elecciones serán de nuevo un fracaso en Estados Unidos.

El 26 de octubre, tres representantes de la organización Voguare (Voto de los guatemaltecos residentes en el extranjero)  presentaron ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) un amparo en contra del pleno de magistrados del TSE por poner en riesgo el derecho de los guatemaltecos residentes en el extranjero de elegir en las urnas electorales.  

Básicamente, una acción para que sea la Corte quien presione a las institución a cumplir con lo estipulado en las últimas reformas electorales e implementar un mecanismo eficiente para que los migrantes de EE. UU. puedan participar en las elecciones. Hasta la fecha, el amparo sigue a la espera de ser conocido en pleno.

Según Julio Villaseñor, integrante de Voguare, la responsabilidad de que en el extranjero los guatemaltecos no se involucren en el ejercicio de elegir a las autoridades recae sobre el TSE y la ausencia de esfuerzos para incentivar al voto. «Hace falta una campaña cívica para motivar a los guatemaltecos jóvenes que viven fuera a votar, a involucrarse en la política guatemalteca», indica.

La falta de información, agrega Yuvixa Morazán, secretaria de la misma organización, también ha sido un factor importante para explicar la baja participación. Estos argumentos y otros más fueron expuestos en el amparo presentado, con el cual esperan detener un desastre anunciado en las próximas elecciones.

Los integrantes de la organización que actualmente está integrada por 29 guatemaltecos tuvieron que venir a Guatemala a interponer recursos legales ya que en los últimos años intentaron acercarse al TSE para plantear sus preocupaciones frente al proceso electoral. Sin embargo, no recibieron la respuesta que esperan. Además de un amparo ante la CSJ, también presentaron una denuncia a la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH).

En enero del 2022, aún bajo la gestión de Jordán Rodas, la PDH comenzó a insistir en la importancia de hacer cambios para garantizar el derecho al voto a los guatemaltecos fuera del país. Permitir el voto en línea y admitir otro documento distinto al DPI para votar fueron las recomendaciones de la institución. Bajo la nueva administración, aún no ha habido algún pronunciamiento al respecto.

La esperanza es  que alguno de estos recursos haga efecto en la entidad electoral y agilicen los esfuerzos, cuando faltan pocos días para que se realice la convocatoria a las elecciones.

Con estas acciones tomaron la fórmula del «desastre en 2019» y lo convirtieron en un decálogo de peticiones. En primer lugar, dicen, será importante mejorar el proceso de empadronamiento y actualización de datos en línea, especialmente porque el sitio web se convirtió en el primer obstáculo de los guatemaltecos y porque no ha habido posibilidad de acceder a un empadronamiento automático.

Sumado a eso, sugieren que se implemente un sistema electrónico para el voto. «El sufragio por correo o electrónico por parte de los guatemaltecos en el extranjero se hace necesario ya que las ciudades donde se emite el voto están muy retiradas de su residencia», aseguran.

La propuesta también menciona que se implementen centros de votación en al menos los 23 consulados y consulados móviles, para que votar no se convierta en un viaje de varias horas y resulte más accesible.

Para votar, el requisito impuesto por el TSE es que las personas presenten su DPI, documento del cual muchos carecen y tampoco tienen interés en tramitar. Otros, por ejemplo, cuentan con documento pero la vigencia ha expirado y evitan el proceso de tramitar uno nuevo.

«El requisito para empadronarse es tener DPI,  el empadronamiento es muy ineficiente, hacen jornadas de empadronamiento, llegan de vez en cuando llegan un par de días y se sientan en el consulado o en algún lugar donde creen que van a llegar guatemaltecos a empadronarse, pero no toman en  cuenta que solo el 10% aproximadamente de la comunidad tiene el documento», explican.

Otro de los grandes desafíos es despertar en los guatemaltecos el interés por participar. Especialmente porque, con las condiciones que el TSE ha generado, votar se convierte en una tarea compleja en donde la persona debe invertir tiempo y movilizarse de una ciudad a otra ciudad.

«Por ejemplo, no es práctica que alguien deba viajar tres o cuatro horas hacia donde debe ir a votar, si no le interesa votar, para qué van a votar, para qué vas a gastar tiempo, gasolina, en un día domingo cuando ese día generalmente las familias salen, van a la iglesia, a un partido de futbol, a lavar ropa o hacer las compras de la semana», dice Villaseñor.  

El TSE, sugieren los migrantes, debe realizar campañas de información, concientización y motivación para que los ciudadanos se empadronen, actualicen sus datos y conozcan sus derechos para participar en las próximas elecciones.

«Yo sí creo que el desinterés no es casual, en la medida en que no estemos interesados en política, vamos a dejar que el país siempre esté en las manos de los mismos que aparte no trabajan para la ciudadanía, dejar fuera a los migrantes y no despertar su interés tiene un por qué», comenta Villaseñor.

En noviembre de 2022, el TSE publicó oficialmente una serie de reformas al Reglamento del Voto en el Extranjero. En conferencia de prensa informaron que analizaron 85 artículos, de los cuales fueron reformados 73, 10 suprimidos y uno adicionado. Sin embargo, los cambios no respondieron a las peticiones de la población guatemalteca en EE. UU. Según indicaron los miembros del TSE, no pueden responder a dichas peticiones por limitaciones en la Ley Electoral. Por ejemplo, el hecho de que el DPI es el único documento de identificación con el cual se puede votar.

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¿Por qué los migrantes quieren votar?

«Es lo que he venido diciendo: no dejamos de ser guatemaltecos por haber salido de Guatemala, no perdemos nuestros derechos por haber salido de Guatemala. Y la política, específicamente, nos afecta directamente a nosotros, a nuestros familiares», dice Benjamín, un par de horas antes de subir al avión que lo llevará de vuelta a Estados Unidos, el país en donde ha logrado establecerse y que lo acogió hace algunas décadas pero que, al final de cuentas, no es el lugar en donde quisiera envejecer y morir, asegura.

Benjamín lo aclara porque sabe que hay personas que cuestionan el hecho de que los migrantes, los que se fueron de este país, tengan derecho a votar y a incidir en la política nacional a través del sufragio.

«Yo me quiero venir a morir aquí», dice Julio Villaseñor. Benjamín y Yuvixa comparten ese sueño y asienten con la cabeza porque es el anhelo de muchos migrantes, la posibilidad de volver al país que los expulsó.

¿Por qué estamos allá? Se cuestiona Villaseñor, nos fuimos de aquí porque no teníamos futuro, o sea, me fui porque aquí todo estaba mal y allá me sigo enterando de los robos, de la violencia y para muchas personas no hay interés en participar.

En el año 81, Julio salió de Guatemala. Hoy tiene 71 años y logró construir una trayectoria como empresario. Pero no se quiere quedar allá toda la vida sino que espera volver a Tiquisate, a morir cerca de sus seres queridos.

El hecho de que los tres hayan venido para tocar puertas y pedir que el otro año sí se garantice el derecho al voto les hace sentir ignorados por su propio país. Es una constante crisis que les hace sentir que no son parte ni del lugar que dejaron, pero tampoco del lugar en el que viven.

«Aquí nos olvidan y allá nos ignoran, aquí somos un cero a la izquierda pero si nosotros no mandamos nuestras remesas este país se muere», dice Benjamín. Lo último es una verdad irrefutable. En 2019, las remesas recibidas fueron equivalentes a dos veces el gasto público en Guatemala.

Según el Banco Mundial, en 2021, Guatemala alcanzó un nuevo récord de divisas recibidas por remesas al sumar 15,295 millones de dólares. Con ello se superó en un 34 % los 11,340 millones de dólares reportados en 2020, en el inicio de la pandemia.

Según datos del Banco Mundial, el 2022 superó la cantidad de remesas en comparación con 2021. Para noviembre del año pasado, el ingreso de divisas por remesas familiares ya había alcanzado un acumulado de 16,398.7 millones de dólares.

A pesar de eso, los migrantes sienten que no tienen voz ni voto. El derecho al sufragio llegó apenas hace unos años.

La Unidad de Voto en el Extranjero fue creada bajo reforma al artículo 12 de la Ley Electoral, el cual establece que los guatemaltecos en el extranjero pueden elegir al presidente y vicepresidente y para ello: «el Tribunal Supremo Electoral, con el apoyo de las instituciones del Estado a las que les sea requerido, realizará las acciones necesarias para garantizar este derecho; el voto en el extranjero se emitirá en la misma fecha que se fije para las elecciones en Guatemala. En todo caso, el reglamento específico que emitirá el Tribunal Supremo Electoral regulará todo lo relativo a la implementación del voto de los ciudadanos guatemaltecos en el extranjero».

El derecho lo tienen, dice Villaseñor, pero a medias porque no pueden elegir alcaldes ni diputados. Y también es «a medias» porque aunque el derecho se les otorgó en papeles, no ha habido condiciones adecuadas para que en realidad los casi 3 millones de guatemaltecos en Estados Unidos se acerquen a las urnas con la información necesaria para emitir el sufragio.

Desde Estados Unidos, Benjamín y sus colegas siguen esperando una respuesta a sus peticiones pero hasta ahora ninguna institución ha tomado acciones. En tanto, el TSE, mediante la Unidad de Voto en el Extranjero mantiene hermetismo. Plaza Pública insistió en conocer la postura de la encargada de dicha entidad, Ingrid Soto; sin embargo, tras varias peticiones no hubo disposición.

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