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Vilma Lorena Sactic, agricultora y madre de cuatro hijos, en su vivienda en Santiago Sacatepéquez al occidente del país.

Y cuando el migrante regresó, la pobreza seguía ahí

«La remesa, a través del consumo, se convierte en un mecanismo para la movilidad social porque si yo adquiero bienes, servicios, ropa, demuestro que estoy mejorando y mejoro mi condición social», explica la investigadora de Flacso, Rosario Martínez.
«A veces quisiera poner alguna publicidad para atraer más gente, pero me da miedo que la vean y vengan a asustarnos otra vez. Prefiero que no se mire mucho»
Edwin Bercián
Edwin Bercián
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Reportaje
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Y cuando el migrante regresó, la pobreza seguía ahí

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Los dólares que envían los guatemaltecos en el extranjero, como remesas, son bien recibidos, incluso por los indicadores económicos porque activan la economía, pero nadie les orienta sobre cómo ahorrar o invertir para generar ingresos en el país, semejantes a los que logran allá.

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Al menos, 6.5 millones de guatemaltecos se benefician con las remesas, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Aportes que equivalen al 20 % del Producto Interno Bruto (PIB) de la economía de Guatemala, según datos oficiales.

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Sonia Etelvina Itzol es una de esas personas beneficiadas con las remesas. Ella es tejedora y su esposo, Samuel Sicajau, es herrero en el municipio de Santiago, Sacatepéquez. En 2017, se unió a un programa temporal de trabajo en Estados Unidos. El año pasado lograron cumplir uno de sus anhelos: construir una casa para sus tres hijos.

«Todo esto no estaba aquí», dice Sonia mientras brinda una entrevista desde el segundo nivel de su casa.

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¿A qué se destina el dinero de las remesas de los guatemaltecos migrantes?

De acuerdo con la Encuesta sobre migración internacional de personas guatemaltecas y remesas de 2022, el 43.8 % de las remesas se destina al consumo. Es decir, para cubrir alimentación, vestimenta, transporte, equipamiento del hogar, servicios de agua, electricidad, gas, entre otros. Otro 12 % se dedica a “inversión social”, es decir a educación y salud.

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Mayor consumo, menos inversión

Menos del 30 % de las remesas se dedica a inversión y ahorro. La tendencia según datos de los últimos seis años es que cada vez se utiliza más dinero para consumo, y menos para inversión y ahorro. Para las  familias beneficiarias de remesas la prioridad es cubrir las necesidades más fundamentales, como poder comer, tener ropa, calzado, cubrir gastos de salud y educación.

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¿En qué invierte el guatemalteco el 29 por ciento de las remesas?

Construir una vivienda es el principal objetivo de las familias receptoras de remesas, en el rubro de inversión y ahorro. La mayoría de recursos en esta categoría se destinan a ese fin, mientras que sólo un 7.2 por ciento se traducen en ahorro. Invertir en un negocio no es prioridad, según los datos.

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El efecto demostración

El consumo arrasa con el dinero de las remesas debido a que las familias priorizan sus necesidades básicas, antes que la inversión y el ahorro. Aún si reciben remesas.

Según Rosario Martínez, investigadora de temas de migración y desarrollo en la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales (FLACSO), el «efecto demostración» es la necesidad de las familias de demostrar que sus condiciones son cada vez mejores, producto del esfuerzo de la persona que ha dejado el país. El problema, matiza, es que en su mayoría se trata de un consumo superfluo, un consumismo que no se traduce en desarrollo.

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En Guatemala, más de la mitad de beneficiarios de remesas no podrían cubrir sus gastos mínimos sin estos aportes, especialmente debido al alto costo de productos básicos. La canasta básica alimentaria está en 3,937 quetzales, supera el salario mínimo establecido.

 

 

La necesidad de demostrar que las condiciones de vida mejoran, deja poco espacio a otras preocupaciones como el ahorro. El 7 % de las remesas se destina a ahorro; sin embargo, es un rubro vulnerable. Si la remesa se detiene, no hay posibilidad de apartar ese dinero.

A esto se suma el hecho de que tan solo una cuarta parte de los receptores de remesas elabora un presupuesto mensual de gastos. Así se reafirma la ausencia de educación financiera para la administración de los recursos.

 

 

Una cuarta parte de los hogares guatemaltecos receptores de remesas dependen por completo de estos aportes económicos. Otra cuarta parte en un 50 %. Sin estos recursos, familias como la de Sonia y Samuel estarían por debajo de la línea de pobreza. Si la remesa deja de llegar, corren el riesgo de volver a los días de cuando la comida era limitada y pedir prestado para no dejar sin estudio a sus hijos, era necesario.

No es culpa de las familias

El dinero circula en las comunidades y familias, pero no cambia sus vidas a largo plazo. Pues así como entra, se va.

El no poder convertir ingresos de remesas en recursos productivos, explica Rosario Martínez, de FLACSO, ocurre porque el Estado no llega a todos los municipios y no existe acompañamiento en proyectos de inversión. Hace falta una infraestructura de país que funcione en paralelo al esfuerzo de los guatemaltecos que emigran para que puedan sacar adelante sus proyectos, su negocio.

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Las historias donde el dinero de las remesas se transforma en inversión sostenible son escasas, debido a la falta de acompañamiento y de infraestructura para proteger al emprendedor. Sonia y Samuel cerraron su taller de herrería debido a que empezaron a sufrir extorsiones. La experiencia los dejó sin ánimos de invertir recursos en un negocio propio con el cual sostenerse.

En 2023, en el departamento de Sonia hubo una tasa de extorsiones de 214.2 por cada 1 mil habitantes. Eso sin tomar en cuenta que según la última Encuesta Nacional de Percepción de Seguridad Pública y Victimización (ENPEVI), 6 de cada 10 víctimas de extorsión no interpuso una denuncia ante ninguna autoridad.

 

 

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la existencia de un sistema financiero que impulse las actividades productivas de los beneficiarios de remesas es clave para que sus negocios tengan éxito. En Guatemala, el 9.0 por ciento de receptores de remesas manifestó tener un negocio, según la Encuesta sobre población guatemalteca en el exterior y remesas 2022.

 

 

Sin embargo, 99.9 % de estas inversiones en negocios no crean oportunidades laborales. Los receptores son quienes atienden estos comercios, o bien, en algunos casos, cuentan con el apoyo de familiares no remunerados.

 

 

El éxito es una falla en el sistema

«Es frecuente que una persona tenga la buena intención de iniciar un negocio, pero sin un plan adecuado y sin conocimientos, fracasa. Quienes lo logran lo hacen gracias a los conocimientos tomados de su entorno en el extranjero», explica Rosario Martínez, FLACSO.

Al salir del país y conocer otro mercado laboral aprenden nuevas ideas, pero ejecutarlas desde Guatemala es difícil porque las circunstancias económicas son adversas. A eso se suma la falta de formación financiera para desarrollar habilidades para gestionar recursos.

Por eso, la mayoría permanece fuera porque sus familias no logran independencia económica.

Surge el fenómeno de la migración circular: La gente se va, regresa y vuelve a irse porque aquí no tiene las condiciones para seguir adelante, a pesar de sus esfuerzos.

Vilma Sactic, de Santiago Sacatepéquez, también es receptora de remesas. Es una agricultora de 46 años. Dice para sí misma: «(incluso) si trabajara de día y de noche» no encuentra un mercado favorable para hacer de su oficio un medio para sostener a su familia.

Años atrás montó un negocio de abarrotes… fracasó con la llegada de la Despensa Familiar al municipio.

Un Estado que no acompaña

Las autoridades aplauden los aportes de guatemaltecos en el extranjero, la mayoría en condición irregular. A sus familias, las receptoras de esos dólares, nadie las acompaña para convertir sus remesas en proyectos de desarrollo. Ni programas ni políticas.

Emigran porque el Estado no propicia oportunidades. Al menos debería acompañar a los receptores, ayudarlos a desarrollar capacidades para producir y gestionar emprendimiento o inversiones. Si familias como la de Vilma poseen aptitudes para la agricultura, brindarles asistencia técnica para mejorar sus ingresos.

De lo contrario, lo más probable es que cuando el migrante vuelva, la pobreza seguirá ahí.

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