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Moncada, la sombra de Daniel Ortega

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Moncada, la sombra de Daniel Ortega

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Pocas personas hablan de él en Nicaragua, a pesar de que ha sido la mano derecha del mandatario durante décadas. Su nombre cobró relevancia con las sanciones impuestas por la comunidad internacional que persiguen la corrupción y las violaciones a los Derechos Humanos en el país centroamericano. Este es Néstor Moncada Lau, un poderoso ex policía formado en inteligencia, cuyas decisiones se mantienen ocultas, y su trayectoria de lealtad ha estado rodeada de importantes controversias.

Redes-lateral

En el primer círculo de poder en Nicaragua, al lado de Daniel Ortega y Rosario Murillo, se ubica Néstor Moncada Lau. Sus 40 años de lealtad le han valido el cargo de asesor de seguridad nacional en un aparato de inteligencia militar al que pertenecen antiguos guerrilleros y jóvenes guiados por igual en su fidelidad al caudillo y al partido.

Moncada es conocido como “Chema” desde la revolución sandinista. Ha contado con mucho más poder que el reconocido oficialmente en el país y fuera de sus fronteras. Para todo fin práctico es un fantasma. No figura en comparecencias públicas y su presencia pública es casi nula. Pese a su relevancia en varios acontecimientos notorios, poco se conoce de él, no existen reseñas, e incluso sus fotos públicas son escasas. Este perfil realizado por la plataforma latinoamericana de periodismo CONNECTAS en el marco del especial #NicaraguaNoCalla es de las pocas publicaciones periodísticas que han buscado arrojar luz sobre este sombrío personaje.

Sin embargo, en los últimos dos años su nombre suena como una de las personas clave que participó de las graves violaciones a los derechos humanos de los nicaragüenses que se intensificaron en abril del 2018. Por eso su nombre aparece en las listas de sancionados de Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Suiza, y del Reino Unido.

“Moncada desembolsó pagos para contrarrestar manifestantes en nombre de Ortega y Murillo y, a través de sus diversas funciones de inteligencia, trabajó para sobornar y chantajear a personas para obtener su apoyo o evitar que se opusieran al gobierno de Ortega”, se lee en la nota de prensa del Departamento del Tesoro cuando la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) explicó por qué lo sancionó en noviembre de 2018 junto a Rosario Murillo, vicepresidenta y esposa de Ortega. La nota continúa: “Además, se ha involucrado en actos de corrupción a favor de Ortega y Murillo. En al menos un caso, trabajó con el presidente para encubrir la conducta sexual de Ortega con una menor.”

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Como reacción a esta sanción y por cuenta de un pronunciamiento de la Cancillería de Venezuela, que respaldaba a su aliado político, se conoció que Moncada Lau tenía un cargo. En el pronunciamiento oficial se refiere a él como “secretario privado” de Ortega.

Si bien las sanciones internacionales no son resultado de un juicio, son decisiones tomadas sobre fuentes calificadas y privilegiadas de los países. Que en el caso de Nestor Moncada Lau varios países coincidan, debilita la respuesta del Gobierno de Nicaragua: que las medidas son la “continuidad histórica de la injerencia y la política intervencionista de la potencia imperial norteamericana contra Nicaragua”.

Para opositores como el exdiputado Eliseo Núnez, Moncada Lau es el que “controla el día a día de la represión”. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, sólo en 2018 cobró la vida de 328 personas.

En ese trabajo Moncada responde directamente a la familia presidencial. Hoy en día, en Nicaragua se reportan asedios de patrullas policiales en las casas de opositores, permanecen en las cárceles al menos 100 presos considerados como políticos por las organizaciones de la sociedad civil, y las madres de los asesinados siguen pidiendo justicia.

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El entorno familiar de Moncada Lau también hace parte de la compleja fotografía de este poderoso y enigmático personaje. Su hermano Óscar es el director de Aduanas en Managua y uno de sus hijos, Ernesto David, es inspector general de la Dirección de Migración y Extranjería. 

Pero dentro de su seno familiar también tiene detractores. Álvaro Moncada, otro de sus hermanos, es un hostil contradictor y en sus redes sociales lo ha calificado como “sicario”.

Ese conflicto se hizo público después que Álvaro responsabilizara al Presidente y a Néstor de lo que pudiera pasarle, después de que su familia y él fueran víctimas de un atentado cuando viajaban a Masaya en los días de la crisis en 2018. Según el denunciante, los atacaron para “crear caos y así poder acusar al pueblo de Nicaragua, que protesta cívicamente”.

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Álvaro Moncada, quién no accedió a hablar para este reportaje, así lo publicó en Facebook el 20 de mayo de 2018: “Mi hijo Oscar 20 puntadas en la cabeza, mi hijo Álvaro fracturas en su brazo y columna, operación en ambas partes, por seguridad no digo ni fecha ni lugar donde será operado, mi persona, casi imposibilitado de caminar debido a la brutal agresión y mareos constantes debido a los golpes recibidos en mi cabeza con los objetos que manipulaban (palos, tubos, piedras botellas quebradas, lanza morteros, armas de fuego, armas hechizas, etc...) mi esposa con crisis psicológica en tratamiento”.

Formado en Cuba

Desde niño Néstor Moncada conoció lo que era el burocratismo y el poder de las armas en el régimen de la familia Somoza: su padre, Óscar Moncada Aráuz, era oficial administrativo de la Guardia Nacional. Se casó con Elsa Lau. Néstor tiene siete hermanos, menores.

Se crio en el barrio popular de Altragracia, en Managua. Algunos vecinos consultados lo recuerdan poco, alguien más bien alejado de todos desde hace años, a quien nadie se le acerca ni para pedirle un favor. 

¿En qué momento acumuló tanto poder? ¿Cómo se conoció con Ortega y Murillo?

Quienes lo tratan no señalan un momento preciso. No fue un destacado militante en el Frente Sandinista. Un exfuncionario del viejo Ministerio del Interior describe su papel como modesto. “Era un militante de base sin destacarse antes del 79 (año de la caída de Somoza). En los 80 se le conoce por el caso de Jorge Salazar, después de un tiempo ausente, salió de la estructura de la Seguridad del Estado”, explicó este hombre que aceptó dar declaraciones anónimas para evitar represalias. 

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Salazar fue un destacado empresario, vicepresidente de la principal patronal del país, el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). Fue asesinado en hechos aún no esclarecidos en el parqueo de una gasolinera en el municipio cafetalero de El Crucero al sur de Managua. Ese día el empresario se encontró con Moncada Lau. Una patrulla de agentes de la Seguridad del Estado llegó al sitio por sorpresa, abrió fuego y frenó un supuesto trasiego de armas. El único muerto fue Salazar.

El telegrama “Managua 05558” clasificado como “Confidencial” llegó al Departamento de Estado dos días después del crimen, emitido por el entonces embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Lawrence Pezullo, según La Prensa. Allí lo relacionó con el crimen llamándolo el “infiltrado”, mientras lo ubicaba como el número tres en el escalafón de la Seguridad del Estado, una de las estructuras más criticadas en los años ochenta por denuncias de violaciones a los derechos humanos.

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Juristas como Vilma Núñez de Escorcia, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), han mencionado este caso, mientras lamentan la deuda de justicia que se tiene con las víctimas de violaciones a los derechos humanos, a lo largo de la historia de nacional, como lo ha mencionado en publicaciones. El crimen de Salazar fue de alto impacto y marcó un punto de inflexión en las relaciones entre los empresarios y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el partido de Ortega. En memoria del crimen de Salazar luego se decretaría el Día Nacional del Empresario Nicaragüense.

La mención de Moncada Lau en el proceso y la denuncia de los familiares de Salazar no lo llevó a ninguna sanción penal. Lo enviaron a Cuba, donde recibió entrenamiento de “inteligencia y contrainteligencia” durante dos años. Al regresar a Nicaragua, fue ubicado en la Policía Sandinista. El asesor llegó a ocupar la segunda jefatura de la Dirección de Investigaciones Económicas, en la cual se investigaban los casos de corrupción y falsificación de moneda. Alcanzó el rango de subcomandante. En 1992, la jefatura de la Policía decidió retirarlo tras años de servicio en los cuales no es fácil ubicar qué formación recibió.

Su nombre se pronuncia prácticamente entre murmullos. Para este perfil,  CONNECTAS solicitó 23 entrevistas a políticos, activistas de derechos humanos, militares en retiro, funcionarios y ex funcionarios, académicos, pero ninguno quiso opinar. Hasta quienes ocuparon posiciones de alto nivel en el FSLN prefirieron callarse como el exmagistrado Rafael Solís, padrino de bodas de la pareja presidencial.

Un alto cargo militar bajo condición de anonimato, sostiene que tiene una “mentalidad tenebrosa” y sabe mover los mecanismos de la represión, intimidación y extorsión del gobierno.

Los diputados oficialistas también evitan cualquier referencia. Por ejemplo Filiberto Rodríguez se excusó aduciendo que se encontraba enfermo mientras caminaba en los pasillos del hemiciclo. El jefe de bancada oficialista, Edwin Castro, dijo que no daba entrevistas por teléfono y no fue posible concertar una cita. 

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Eduardo Gamarra, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), dijo que personas como Moncada o Vladimiro Montesinos en Perú son vistos como males necesarios en regímenes totalitarios porque “no son simples matones, son inteligentes, experimentados, y con una capacidad operativa política”.

Sexo, sangre y lealtad

La trayectoria de Moncada Lau es también un repaso de la historia poco conocida del afianzamiento del actual poder presidencial. Su lealtad sostenida a Ortega ha superado momentos duros como cuando el caudillo sandinista aceptó la derrota electoral de 1990. Los años de la transición democrática tras la guerra civil en los años ochenta se caracterizaron porque el FSLN paralizó el país, con huelgas indefinidas y protestas en búsqueda de réditos políticos. En esos años convulsos, igual se mantuvo firme con el caudillo.

Las sombras que persiguen a Moncada Lau son múltiples. En 1995 hubo una docena de atentados con explosivos a iglesias católicas, y en su momento las hipótesis que presentaban observadores en los medios locales generaban sospechas acerca de su papel. Dos años después, como lo relata La Prensa, a Moncada Lau lo capturaron “en el costado sur del antiguo estadio nacional de béisbol, con dos tacos de tipo TNT que tenía ocultos debajo de uno de los asientos del vehículo en que se transportaba”. El lugar era cercano a la sede de campaña de Arnoldo Alemán, que un día después tomaría posesión como presidente. Por este hecho a Moncada Lau los sentenciaron a 18 meses de prisión en un juicio que dejó muchas inquietudes en el público, según medios especializados. 

También salió a relucir el nombre de Moncada en el marco de otro crimen sin que esté clara aún su asociación. Era 2004. En el parqueo de una televisora en la colonia Centroamérica de Managua mataron a disparos frente a su hijo al periodista Carlos Guadamuz, feroz crítico de Ortega. Guadamuz era un antiguo amigo al que conocía desde hacía décadas, cuando el somocismo los había encarcelado. En los diarios locales se divulgó que la Comisión de Derechos Humanos en la Asamblea Nacional recibió una carta de un familiar de Moncada Lau en la que se dijo que el asesor conocía al asesino, William Hurtado, otro exagente de la Seguridad del Estado. Las circunstancias en que ambos personajes se habrían conocido y la relación de esto con el crimen siguen siendo desconocidas porque la carta nunca se hizo pública. 

Los detalles permaneciendo ocultos 17 años después. La exdiputada María Auxiliadora Alemán, quien recibió la misiva no responde a solicitudes de entrevista. Ella es magistrada de apelaciones de un sistema judicial controlado por el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ortega es su máxima autoridad.

Pero quizás el sello de máxima lealtad de Moncada Lau con Ortega vino por cuenta de unas denuncias según las que se prestó para encubrir el abuso sexual que el actual mandatario habría tenido de una menor en 2005.

Según el Diario Las Américas en 2015 Elvia Junieth Flores tenía 15 años cuando Ortega se le acercó después de conocerla en un acto de campaña electoral, pues junto a su hermana eran de la Juventud Sandinista. Él mandó a buscarla, le pidió su número y después conoció a la familia de la víctima, formada por conocidos militantes sandinistas en el norte del país, a quienes invitó a la Secretaría del FSLN.  Durante tres años, los parientes de ella mantuvieron relaciones cordiales con el caudillo sandinista y, según denunció la familia, fruto de esa relación hubo una hija de Flores y Ortega. Para evitar el escándalo Moncada Lau reconoció legalmente a la menor.  

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Entre los detalles del reportaje de investigación se incluyó una carta del registro civil de Managua y varios depósitos de abultadas sumas de dinero que otro asistente de Ortega, Marcos Martínez Mejía, hizo a Santos Sebastián Flores, hermano de Elvia. 

“Me he sentido muy lastimada, como mujer del único hombre que realmente amo, en recibir, algunos mensajes verbales personales y por teléfonos de tus asistentes privados del compañero Néstor Moncada y el compañero Marcos Martínez”, escribió Flores en una carta enviada a Ortega el 12 de enero de 2010.

Por denunciar a Ortega en Estados Unidos, a su regreso a Nicaragua, el mismo Santos Sebastián Flores fue encarcelado en una celda para delincuentes de alta peligrosidad bajo cargos de violación a una trabajadora del poder judicial. La persecución a la familia de la víctima provocó que seis de los hermanos del abogado se exiliaran en EE.UU. La denuncia terminó cuando ella recibió el mensaje de que el método usado “no era el adecuado”, y que, de retractarse, su hermano saldría libre, según fuentes consultadas. Han pasado más de dos años y él sigue detenido. CONNECTAS intentó conversar con ella para este reportaje sobre Moncada Lau, pero no respondió a la solicitud.

La presidenta del Cenidh, Vilma Núñez de Escorcia, expuso la situación de Flores en una audiencia de la CIDH en abril de 2016. El caso sigue en estudio. “En Nicaragua no se ha podido hacer nada por los niveles de impunidad”, reconoció Núñez a través de un portavoz. 

Varios años después quedaría en evidencia el nivel de compromiso de Moncada Lau en sus acciones como ficha clave en la inteligencia.

Corría 2011 y se le asignó investigar un sistema ilegal de recaudación de fondos. En el informe presentado vinculó a su antiguo jefe en la Seguridad del Estado, el excoronel Lenín Cerna, entonces de confianza de la dupla Ortega Murillo. La denuncia marcó la ruptura que llevó al retiro del militar de las estructuras del FSLN, y a Moncada Lau a sellar su posición en un lugar privilegiado, empoderado a la sombra de la familia presidencial, participando incluso en negocios como Difuso, una productora de contenido asociada a un hijo del mandatario, beneficiada con contratos estatales, en la que tiene el 40 por ciento de las acciones, según información fiscal.

Dos años después, en 2013, un nuevo episodio evidenció cómo ese poder cada vez era más personal y discrecional. Ese año el italiano Mateo Cardella Costa fue expulsado del país un día después de acusar al asesor presidencial de obstaculizar el reclamo de la herencia de su padre, Francesco Cardella, un exembajador que hasta su muerte fue amigo del gobernante sandinista. En sus declaraciones al diario La Prensa, Cardella Costa pidió un proceso justo para el reclamo que hizo. Nunca ocurrió.

Mientras se movilizaba en el sector del kilómetro siete sur de Managua en marzo de ese año aquel hombre conoció cuán largo puede ser el poder del asesor cuando fue capturado por policías. Lo llevaron inmediatamente a la frontera con Costa Rica. Lo deportaron. Aquel italiano sin dinero y modo alguno de comunicarse con nadie se convirtió en una perfecta imagen de esta clase de justicia operada por Moncada Lau desde las sombras. Para este reportaje se buscó contactar a Cardella sin éxito.

Buscando superar el laberinto impuesto por el secretismo nicaragüense se intentó contrastar los hechos expuestos con Moncada por varías vías. La prensa extranjera identifica a Idania Castillo, actual directora de la Cinemateca Nacional de Nicaragua y ex esposa de uno de los hijos de Ortega, como el canal de comunicación con la Presidencia. Se envió a través de ella un cuestionario. No hubo respuesta. 

Localmente se buscó llegar al despacho del asesor para radicar el mismo cuestionario y buscar una entrevista. Lo más cerca que se pudo llegar fue a unos 300 metros. Luego de una larga espera un comisionado, que no se identificó, recibió con desdén la comunicación. No quiso firmar de recibido la solicitud. “Tengan la plena seguridad de que se la entregaremos", dijo. Sonrió, cruzó la calle y se ubicó entonces detrás de un retén.

Así transcurre la vida en el exclusivo sector de El Carmen, en Managua, donde se han colocados piedras en la vía como barricadas, además de una seguidilla de retenes y policías en motos de aquí para allá y estrictos controles que son motivo de queja permanente de los vecinos. En medio de toda la parafernalia militarista casi puerta a puerta está la secretaría del FSLN, que funciona como la casa de gobierno, la residencia de la familia Ortega, y por supuesto el puesto de mando en la sombra de Néstor Moncada Lau, el enigmático secretario privado del Presidente.

 

#NicaraguaNoCalla es un impulso desde el periodismo para que fluya la información que permita comprender la realidad del país centroamericano. En un año electoral crucial, donde la participación de los ciudadanos nicaragüenses marcará la diferencia, ofrecemos desde CONNECTAS este espacio donde presentaremos contenidos que ayudan a comprender una realidad compleja y con matices.

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