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Umberto Eco o la risa como autógrafo
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Umberto Eco o la risa como autógrafo

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Tipo de Nota: 
Opinión
20 02 16

Tiempo aproximado de lectura: 4 mins

Hace muchos años viví algún tiempo en Roma, pero cuando llegué hacía ya bastante que adoraba a Umberto Eco. Dicen que hoy —ayer— ha muerto, y parece que no es broma aunque fuera dado a ellas. Yo llevo ya unas cuantas horas —quizá dos, quizá tres— intentando descifrar este sentimiento insustancial y un poco ingrávido que me deja la noticia. Ya no era aquella figura que idolatré con exceso religioso en mi adolescencia y juventud, pero sé que durante muchos años significó mucho. Y aun hoy me encantaba verle dando entrevistas fingidamente arrogantes y leer su talento deteriorado de los últimos libros.

Es posible que mi memoria introduzca alguna inexactitud, pero recuerdo que un día, al poco de haberme instalado en Roma, descubrí en mi casa alejada del centro que aquella misma tarde Eco llegaría a la ciudad para participar en una charla sobre un recóndito traductor brasileño en algún auditorio minúsculo. De inmediato tomé el metro, salí corriendo hacia la primera librería y compré un libro suyo. Era un libro que no me sonaba en una humilde edición de bolsillo. Se titulaba, con tít...

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