Anya Marino y la importancia de la representación LGBTIQ+ en la academia | Plaza Pública

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Anya Marino junto con su colega y amiga Alejandra Carballo. Marino es una de las dos primeras mujeres transgénero en enseñar en la Facultad de Derecho de Harvard. Cortesía

Anya Marino y la importancia de la representación LGBTIQ+ en la academia

El año pasado se convirtió en la primera mujer transgénero y además racializada, en enseñar en la Facultad de Derecho de Harvard
Espero que el gobierno de Guatemala reconozca el daño que está haciendo al estigmatizar a los miembros de la comunidad LGBTIQ+
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Anya Marino y la importancia de la representación LGBTIQ+ en la academia

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Desde el 2021, la Facultad de Derecho de Harvard, una de las más prestigiosas de los EE. UU, tiene una profesora que rompe varios estereotipos. Plaza Pública conversó con Anya Marino sobre la importancia de la representación en la academia y su lucha por la comunidad LGBTIQ+.

«Si me hubieras dicho hace 15 años, que hoy enseñaría derecho en la Universidad de Harvard, me hubiera reído. ¡Ni siquiera pensé que iba a llegar a esta edad!», dice Anya Marino, una abogada con raíces guatemaltecas que el año pasado se convirtió en la primera mujer transgénero y además racializada, en enseñar en la Facultad de Derecho de Harvard. Anya es instructora en Harvard Law School’s LGBTQ+ Advocacy Clinic (la Clínica de defensa de los derechos LGBTQ+ de la Facultad de Derecho de Harvard).

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EE. UU. sigue siendo un país peligroso para las personas trans, especialmente aquellas que como Anya pertenecen a grupos racializados. Según información de la página web  de The Human Rights Campaign Foundation, en 2021 las vidas de 45 personas transgénero y no binarias fueron arrebatadas de forma violenta. Según datos de 2014 presentados en este reporte de Inter-American Comission on Human Rights (IACHR), el 80 % de las personas trans asesinadas tenían 35 años de edad (o menos), es decir, al menos tres años menos que la edad actual de Anya Marino. 

«Espero que podamos mostrar a otras personas que a pesar del estigma sí podemos lograr nuestras metas», comentó Anya. Poco después de haber asumido el puesto histórico en la facultad, se le unió Alejandra Caraballo, otra mujer transgénero latina que ahora enseña en la Clínica de Derecho Cibernético de Harvard.

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Anya Marino se crió en el sur de Florida. Su madre es guatemalteca y su padre estadounidense. Su familia mostraba orgullosamente su identidad guatemalteca: el café con champurradas era imprescindible, su abuelo materno siempre tocaba discos de marimba y su abuela «cocinaba tamales, chiles rellenos, gallo en perro (chicha) y pepián todas las semanas», recuerda Anya.

«Son de los pocos recuerdos bonitos que tengo de mi infancia», cuenta desde su oficina en la ciudad de Boston, «esos días de cada semana que pasaba en la casa de mis abuelos, quienes vivían cerca de nosotros». 

Cuando tenía seis años, Anya Marino se dio cuenta de que era diferente a sus compañeros de clase. Mientras su cuerpo correspondía al de un niño, ella se sentía como una niña. Dice que ya entonces  sabía que algún día se convertiría en una mujer en toda regla, pero cuenta que la lucha por defender el ser ella misma tuvo un alto precio. Recuerda perfectamente que cada mañana al despertar, a veces después de pesadillas intensas, otras veces llorando y hasta con erupciones en la piel debido al estrés que sufría, temía ir a la escuela porque ya sabía lo que la esperaba.

«Sabía que me iban a abusar verbal y físicamente, que mis profesores se hacían de la vista gorda ante el bullying. No ayudó que también fuera la única latina entre mis compañeros de clase. Se burlaron de mí tanto por ser latina como por ser de género no conforme», recuerda.

Sin embargo, esas experiencias junto con otras la motivaron a tomar su actual camino profesional. Anya Marino explica que se formó la idea de convertirse en abogada durante años al no solo sufrir los prejuicios de otros hacia ella misma, sino también al ver cómo sus amigos LGBTIQ+ enfrentaban discriminación mientras buscaban empleo, vivienda, atención médica, refugio y comida.

A los 23 años, sucedió algo que la marcó profundamente: su amiga Venus, una mujer trans tres años mayor que Anya, fue brutalmente asesinada en su casa. 

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Esa tragedia llevó a Anya a decidirse por la defensa de los derechos de las personas LGBTIQ+ y un año después comenzó sus estudios en leyes. Al mismo tiempo «volvió al closet» pensando que sería excluida del gremio del Derecho si se presentaba auténticamente. Siguió vistiéndose según el estereotipo masculino hasta que finalmente comenzó su transición médica de género en 2018.

«Cuando estudiaba en la facultad de derecho, no vi a nadie que se pareciera a mí o que tuviera una historia como la mía. Hasta ahora soy la primera persona trans de una minoría étnica que muchos estudiantes y colegas míos han conocido», cuenta. 

¿Por qué es importante tener una representación LGBTIQ+ y de minorías étnicas en las instituciones académicas?

Porque muestra que nosotros tenemos las mismas competencias y talentos que aquellos que históricamente han ocupado los espacios académicos. Además, las universidades son lugares para el pensamiento independiente y creativo, lo que alienta cuando se ofrecen tantas perspectivas y experiencias diferentes como sea posible. Por eso es importante la diversidad e inclusión, y sobre todo para reformar las leyes, porque ciertas leyes repercuten en algunos miembros de la sociedad más que en otros. Y es vital compartir y visibilizar esas experiencias. 

¿Cómo ha notado el impacto en sus estudiantes?

Por ejemplo, después de un taller que yo daba en otra escuela, uno de los estudiantes me comentó que nunca antes había pensado en la fuerza que podría sacar de su propia historia; que todo lo que había sufrido podría convertirse en un poder. Fue muy conmovedor para mí escuchar eso.

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¿Tiene algo qué decir sobre la tendencia política en Guatemala, como el proyecto legislativo reciente, que buscaba restringir los derechos LGBTIQ+?

[La pregunta hizo referencia al proyecto legislativo que buscó prohibir la educación sobre diversidad sexual y el matrimonio igualitario, aprobada por el Congreso de Guatemala en marzo, pero posteriormente archivada. Antes de responder, Anya se detuvo por medio minuto para contener las lágrimas.]

Me pongo emocional pensándolo. Quiero mandar el mensaje a mis hermanos y hermanas de la comunidad LGBTIQ+ en Guatemala que mi corazón está con ellos. Espero que el gobierno de Guatemala reconozca el daño que está haciendo al estigmatizar a los miembros de la comunidad LGBTIQ+. Y espero que en algún momento el gobierno reconozca que todas las personas merecemos la misma dignidad humana.

 
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