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Conchita López, 46, en su hogar en el centro histórico de Guatemala, donde vive con sus tíos y su hijo, César, de 27 años. Solo él sabe que la madre lleva 23 años con VIH. Kristhal Figueroa

Pandemia vs. pandemia: toda la atención contra la COVID19 descuida pacientes VIH

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Pandemia vs. pandemia: toda la atención contra la COVID19 descuida pacientes VIH

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El lineamiento de Salud era el indicado: debido a la pandemia los pacientes VIH recibirán cada tres meses su terapia antirretroviral. Pero la dotación les alcanza para un mes, lo que les falta, algo para lo que no todos tienen recursos. Las citas también se espaciaron.

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Cada tres meses Gabriel debe realizarse dos pruebas: la de conteo y la de células CD4. Se convirtió en una de sus rutinas desde que tenía 18 años cuando le diagnosticaron VIH. «Ambos procedimientos son necesarios para saber si el medicamento es efectivo en mí», explica.

Llegaba a las 7:00 de la mañana y salía con su resultado dos horas después del hospital Regional de Cobán Helen Lossi de Laugerud. Para llegar a la clínica de Atención Integral debía atravesar el edificio lo cual no le significaba dificultad alguna hasta marzo de 2020, cuando el mundo aceptaba la presencia de una pandemia, Guatemala incluida. 

Ese recorrido por las instalaciones médicas perdió toda discreción porque debía anunciar a los nuevos agentes de seguridad en la puerta a dónde se dirigía. «Voy a la clínica integral», y con ello advertía su padecimiento. 

La reacción de las personas al enterarse a dónde se dirigía era evidente. «Toda la gente me voltea a ver. Me miran raro, desde ahí empieza la discriminación», se queja. 

También cambió la atención de los médicos. Previo a la pandemia, dos de ellos estaban dedicados a la clínica integral, ahora se cuenta solo con uno. La espera era larga, pero el trato fue siempre cordial. 

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En una de sus últimas citas, la médica solicitó los resultados de las pruebas realizadas en su chequeo anterior. «Él es del grupo de las que se perdieron», respondió la enfermera. La solución: colocar que los niveles de C4 eran normales, bajo el argumento de que así estuvieron con anterioridad. 

La última vez que Gabriel asistió, hace dos meses, esperó dos horas su turno, mientras la única médica de la clínica conversaba con otras personas. Se quejó, lo cual le valió un trato irrespetuoso, y de nuevo se sintió discriminado.

Comunicó lo sucedido con el coordinador de la clínica integral. La médica dejó de atenderlo. 

Gabriel es optimista al compararse con pacientes que llegan de las aldeas de su departamento, Alta Verapaz. «Se les complica porque el precio del pasaje se duplicó. Otras personas perdieron su trabajo, así que les cuesta viajar seguido». Llegan desde Raxruhá o Chisec y esas son tres o cuatro horas de recorrido. 

Este joven de 22 años es una de las más de 46 mil personas con VIH, según estimaciones de Aids Health Foundation en 2016. El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) no cuenta con esta información actualizada. 

En marzo de 2020, a través del Programa Nacional de Prevención y Control de ITS VIH/sida, generó lineamientos para la atención de pacientes con esta enfermedad. Indicaba que la terapia antirretroviral debía proporcionarse para suplir tres meses. Pero el medicamento entregado apenas alcanzaba para un mes. 

En tiempos de pandemia los paciente VIH positivo tienen más obstáculos en su carrera por sobrevivir.

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El otro virus

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca el sistema inmunológico, dificulta al organismo combatir otras enfermedades e infecciones. Por ahora no tiene cura, pero puede ser tratado por medio de la terapia antirretroviral (TAR), una serie de fármacos que impide la replicación de las células de VIH. Reduce la morbilidad y mortalidad, y permiten que se convierta en indetectable e intransmisible. 

De lo contrario el virus puede convertirse en el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Esto provoca que el cuerpo tenga mayor dificultad para combatir enfermedades oportunistas. «Ocurre cuando la enfermedad ya está desarrollada y su sistema inmunológico prácticamente está destruido», explica Saul Pauu, coordinador nacional de Aids Health Foundation en Guatemala (AHF).

El virus se transmite a través de fluidos corporales como el semen, la sangre y la leche materna. A diferencia de la COVID19, no puede transferirse a través de un abrazo o un apretón de manos. Pero la portación de ambas enfermedades solo puede identificarse de una manera: a través de una prueba. 

Durante la primera etapa no genera síntomas inmediatos. Pero sí es posible contagiar a otras personas a pesar de que el resultado de la prueba sea negativo. 

La pandemia es prioridad de talla mundial, pero desatender a pacientes VIH significa dejarlos morir lentamente. 

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El dilema, antirretrovirales o COVID19 

El primer caso de VIH en Guatemala fue identificado en 1984. Durante los primeros años, la transmisión fue lenta. Pero en las últimas décadas aumentó de manera relevante: El 75% del total fueron identificados en los últimos 17 años. Según Saúl Pauu, es resultado de una mayor promoción y fácil acceso a la prueba. 

Según Salud, 595 personas fueron diagnosticadas en 2018 y en 2019 fueron 551. En 2020, 963 fueron sumadas a la base de datos. Pero esta información no coincide con reportes realizados por dicho ministerio con anterioridad. 

El Informe GAM Guatemala de Monitoreo Global del Sida reportó 1,133 nuevos casos en 2018. Por otro lado, los boletines de vigilancia epidemiológica del VIH identificaron 1,014 diagnósticos en 2019, y 536 para 2020. 

Los boletines publicados en la página web del MSPAS se basan en los reportes semanales del Departamento de Epidemiología enviados al Sistema de Información Gerencial de Salud (SIGSA). A través de una solicitud de acceso a la información, la médica Thelma Lorena Gobern García, jefa de dicha área, señaló: «Estos datos son preliminares y sujetos a las actualizaciones que realicen las Direcciones de Área de Salud, lo cual sucede posteriormente a la publicación de los boletines, por lo que estos datos podrían no coincidir». 

El Ministerio de Salud cuenta con 16 unidades de atención integral que brindan atención a pacientes VIH positivos. Esta incluye pruebas de conteo de células C4, tratamiento antirretroviral y chequeos de rutina. En 2018, 17,018 personas asistieron y en 2019, lo hicieron 17,751. 

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En marzo de 2020, el sistema de salud generó lineamientos para las unidades de atención integral para la respuesta al VIH durante el estado de calamidad. Las citas médicas para pacientes con carga viral indetectable (menor a 50 copias), con CD4 mayor a 500 células y sin riesgo a otros problemas de salud cada dos a seis meses. 

Se estableció entregar medicamentos cada tres y seis meses a domicilios a través de organizaciones no gubernamentales e instituciones sociales. 

AHF fue una de las organizaciones que apoyó.  «Empezamos a colaborar a través de nuestros aliados para que la gente tuviera acceso (a los medicamentos). Los entregamos a los domicilios, a los municipios más cercanos o a lugares a los que podían movilizarse en motocicleta, en vehículo de cuatro ruedas». Para Pauu fue una iniciativa digna de reconocer. 

Pero la entrega de terapia a domicilio también contó con desafíos. «Los lineamientos indicaban dotar (a los pacientes) de medicamentos por tres meses, pero no había para darles lo de un mes. Para nosotros eso fue un reto: se triplicaba el gasto porque tendríamos que hacer visitas mensuales». Por suerte, los esfuerzos de organizaciones sociales sensibilizadas con pacientes VIH durante la pandemia fueron positivos, puesto que facilitaron el envío. 

El IGSS y los antirretrovirales

El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), como parte del Plan Estratégico Institucional (PEI) 2018-2022, brinda atención médica y fármacos antirretrovirales a sus afiliados con VIH. En marzo del 2020, también se vieron obligados a modificar sus lineamientos. 

En 2018, el IGSS brindó tratamiento antirretroviral a 3,401 pacientes. Un año después, le fueron entregados 3,498. En 2020 y en plena pandemia, 3,386 afiliados recibieron su terapia TAR. 

Ahora el medicamento se recibe cada noventa días. 

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Conchita López es una de las afiliadas que recibe atención VIH a través del Seguro Social. Hace veintidós años la diagnosticaron. Comenzó a recibir los medicamentos antirretrovirales a través de la Clínica Familiar Luis Ángel García del Hospital General San Juan de Dios. Cinco meses después la trasladaron al IGSS. Le dijeron que allí la atenderían aun si deja de trabajar. 

Previo a la pandemia acudía a chequeos cada seis meses. Las citas para realizar sus pruebas de conteo de células C4 y carga viral y recoger sus medicamentos estaban espaciadas por un período de dos meses. Desde marzo del 2020, esto cambió: «Llevamos más de un año con problemas con las consultas. Es muy difícil que el médico lo chequee a uno»,  lamenta. 

Conchita no ha dejado de presentarse al IGSS de Autonomía en zona 9 a recoger su terapia antirretroviral. «Nosotros vamos por el medicamento, no importa la edad. Con los compañeros mayores es muy difícil», señala. «Sí le dan oportunidad de entrar a uno, pero lo sacan casi corriendo». 

Transportarse a la institución en plena pandemia ha sido complicado para ella. 

Dos de sus conocidos, vecinos de Petén, han tenido problemas para presentarse a recoger su terapia TAR. «Me decían: “te vamos a dejar por lo menos la afiliación y el carné de consulta para que nos hagas el favor dentro de tres meses, apoyanos con eso y llegamos despuecito», narra. 

A través del IGSS, 3 mil 386 pacientes recibieron sus medicamentos antirretrovirales en 2020. Esta cifra más las 18 mil 171 personas que los obtuvieron a través del sistema de salud pública, suman 21 mil 557. En un país donde un aproximado de 46 mil individuos viven con VIH, la mitad, más de 24 mil no acceden a su terapia. 

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En julio del 2021 se comenzó a trabajar con la Oficina de Distribución de Medicamentos para Programas de Apoyo –Odempa-, la cual se encargará de enviar la terapia TAR a los domicilios de los pacientes. Para ello, es necesario firmar un consentimiento. Desde entonces, Conchita recibe el medicamento en su hogar. Pero no el tratamiento completo. 

«Me enviaron lo principal, pero faltó un medicamento complementario. Un compañero tiene el mismo problema: no le mandaron uno o dos», describe. «A la larga nosotros debemos comprarlo. Es serio porque significa un gasto de no menos de Q100 mensuales». 

Esta es una pelea de pandemia contra pandemia. La rapidez con que avanzaron los contagios aceleró la búsqueda de una vacuna para prevenirla, punto para la lucha contra la Covid-19. 

A más de 30 años del primer caso de VIH,  el 11 de agosto se anunció el lanzamiento de un ensayo médico de vacunas para prevenir este virus. Según el National Institutes of Health Clinical Trial (NIH) de Estados Unidos, estará bajo el auspició de la International AIDS Vaccine Initiative. 

Entre los colaboradores se encuentran ModernaTX, Inc., casa de la primera vacuna contra la Covid-19 y las Universidades de Texas en San Antonio, George Washington y Emory, así como el Fred Hutchinson Cancer Research Center. Este no es el único, hay otros esfuerzos por encontrar la cura.

Mientras surge el medicamento para prevenir y curar el VIH, personas como Gabriel y Conchita deben recibir a tiempo su terapia para vivir, lo que por estos días es complicado por la atención puesta en la otra pandemia.  

Cincuenta y seis individuos sin VIH y con buena salud participarán en este proceso. Pero el inicio de la fase de reclutamiento aún no ha sido anunciado. El primer ensayo clínico para la vacuna contra el VIH se realizó en 1987. Más de treinta años después, el modelo lanzado por la casa de vacunas ModernaTx representa una nueva esperanza para combatir esta pandemia.

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Esta publicación es parte del programa de formación para periodistas departamentales Plaza Pública 2021. Para conocer cómo ser parte haz clic aquí.

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