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Salvador Paiz, directivo de Fundesa / Foto cortesía de Paiz

Paiz: «Siento que hemos empezado a bajar la guardia, a decir que no estuvo tan grave»

Hemos exhortado a las autoridades a que, respetando la información personal, tengamos acceso a datos agregados.
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Paiz: «Siento que hemos empezado a bajar la guardia, a decir que no estuvo tan grave»

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El empresario Salvador Paiz ha liderado el esfuerzo de Fundesa para comprar y donar pruebas para el COVID19. En esta entrevista describe por qué es tan complicado obtenerlas, cuántas pretenden conseguir, cómo ve la estrategia y los resultados del Ejecutivo, la desprotección del personal sanitario y el desabastecimiento de equipo médico.

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Si su blog dice algo acerca de sus obsesiones, Salvador Paiz tiene un problema casi personal con el COVID19. En las últimas semanas, todo lo que ha publicado ha sido para examinarlo, con una mezcla de ímpetu, cauto optimismo y jerga científica.

En Fundesa, el centro de pensamiento del empresariado organizado, se cuenta una historia similar. Después de un periodo en el que su visibilidad y protagonismo se aminoraron, quizá como resultado de la acusación que el Ministerio Público y la Cicig hizo contra él y otros empresarios, el COVID19 ha devuelto a Paiz un papel central en el seno de la organización.

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Al principio de la crisis, un comité de Fundesa creó un plan de emergencia por áreas. Tenía cinco pilares. Estaban el de prevención, llamado Mascarillas para todos (que pretendía aplanar la curva sin destruir la economía reservar las mascarillas quirúrgicas para hospitales, facilitar los controles de cuarentena y crear conciencia ciudadana); el de pruebas inteligentes el de atención médica correcta (que se centraba en los suministros y el equipo, no en el tratamiento); el de ventiladores suficientes (que pretendía impulsar la producción local mediante protocolos de código abierto), y el de las condiciones precedentes de la estrategia de vuelta al trabajo.

Aunque Paiz pide ver esto como un asunto institucional, y que repartan los méritos entre la Universidad del Valle, que les ofreció apoyo técnico, y los directores de Fundesa que integran la comisión a cargo, lo cierto es que internamente son varios los que le atribuyen casi en exclusiva a su denuedo y fe la compra de pruebas para donárselas al Gobierno.

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Ahí afuera hay «una pelea feroz», dice Paiz. «Yo hago mucho la broma del papel toilette

Si el papel higiénico escasea en los supermercados, qué pasará en el mercado mundial de pruebas y equipo de protección médica. Y esto es lo que pasa: competidores brutales, como EE.UU., estafadores, chatarra y mucha información compleja y poco comprensible.

De hecho, Fundesa ha encargado 25,000 pruebas de GeneXpert, el tipo que mencionó el presidente Alejandro Giammattei hace unas semanas, pero el fabricante no las ha garantizado todavía. «La competencia es feroz», reitera Paiz.

Hasta ahora, el centro de pensamiento ha recaudado 1.6 millones de dólares en donativos de empresarios. En los últimos días, dice, han decidido ayudar con equipo de provisión médica, pero la mayoría se ha invertido en pruebas.

Hace unas semanas, cuando la información era muy precaria y no había certeza sobre las estrategias, Paiz reparó en algo que hoy parece un hecho: las pruebas «eran uno de los factores diferenciadores entre los países a los que les estaba yendo mejor». «Hoy sabemos que hacerles las pruebas correctas a las personas indicadas en el momento preciso es clave para reducir la velocidad de propagación del virus. Las capacidades de nuestro sistema hospitalario son limitadas y tenemos que tratar de que no se rebasen».

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Una prueba para COVID19 no es algo tan sencillo como un test de embarazo. Cada marca tiene complejidades distintas, que demandan distinta maquinaria y cuidados, y se desarrollan en fases. Si falta un elemento en alguna fase, no pueden desarrollarla. Las compras han sido complejas, en parte, porque no era mucha la gente que entendía esos detalles. El Banco Centroamericano de Integración Económica donó 26,000 pruebas de la marca Kogene, pero el Gobierno no ha logrado conseguir el extractivo, dice Paiz, así que no las han podido utilizar.

Fundesa sí lo ha encontrado.

Existen, grosso modo, dos tipos de prueba. Las PCR, y las serológicas, también conocidas como pruebas rápidas.

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«Las PCR son pruebas de biología molecular. Requieren un laboratorio, con condiciones muy especializadas, con filtración de aire, termociclador…» Se hacen mediante hisopando la nariz o la garganta, y hay que «almacenar el hisopo en un medio de transporte viral refrigerado». Entre una cosa y otra hay un proceso que extraer el virus de la muestra del moco, y eso necesita otro químico. «Es toda una secuencia».

Las serológicas «son muestras de sangre muy parecidas a una prueba de diabetes, y hacerlas no requieren mucho conocimiento. Las pruebas rápidas no son capaces de detectar el virus, sino solo los anticuerpos», explica Paiz.

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Al Ministerio de Salud le han entregado 6,048 kits de Standard M, según sus registros. Al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, 384 de Roche. Esperan diez mil más de SD Biosensor para estos días. Todas ellas PCR. También han adquirido 39,000 extracciones, un elemento clave de las pruebas que no todos los donativos previos estaban incluyendo. «Hemos entregado 13,000, y la semana próxima recibiremos otros 16,000». La donación se completa con material para hisopado (27,500, con sus medios de transporte), entregado la semana pasada, y diez mil pruebas rápidas, que aún tienen que hacerle llegar a las autoridades.

Lo curioso es que nada de esto aparece en los registros de donativos en efectivo y especie del Gobierno que Nómada ha publicado minutos antes de que comience esta entrevista. Paiz, que no ha podido ver el listado, no logra explicarlo, pero añade que han definido un nuevo esquema junto con Conred para canalizar todo a un solo punto de recepción, esto permitirá un rastreo más fácil y el traslado al Ministerio de Salud.

En realidad, esta omisión no es lo único curioso.

Dos días después, el Ministerio de Salud emitió un comunicado en el que con evidente molestia refutaba una denuncia de los médicos que Fundesa indirectamente había refrendado: Es falso, decía el Gobierno, que no hayan comprado el equipo de protección necesario para atender el COVID19.

No es habitual una reconvención tan directa de un ministro a Fundesa, menos aun tan pública.

Pero, en esta crisis, el centro de pensamiento empresarial ha ofrecido algunos datos sobre el sistema de hospitales y, más ampliamente, sobre el sistema de salud, que nadie más ha mostrado. Esa información no describe un mundo feliz.

Aunque no tienen toda la información, en salud, Fundesa sabe algunas cosas que la mayoría desconoce.

Hace aproximadamente cuatro años, el Gobierno de Jimmy Morales les pidió apoyo para mejorar el sistema de compras y suministros. Aquel era un momento en que los medios encabezaban sus portadas con titulares como «Inminente colapso del sistema de salud nacional». «Había una carencia enorme de suministros básicos, que producía una enorme crisis de salud. Como empresarios sabemos de compras, suministros, inventarios», continúa Paiz; «y nos pidieron ayuda».

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Los resultados fueron dobles, dice.

Por un lado, se creó un sistema de reabastecimiento «medianamente automático que compra en función de predicciones de consumo y no porque ahora llega el vendedor de la empresa X». Todavía no evita por sí solo abusos, arbitrariedades y potenciales fraudes como los que han supuesto la salida de un viceministro de Salud, pero según sus cálculos, ha ahorrado lo equivalente al precio de construir un hospital como el Roosevelt.

Por otro, gracias a ese contacto directo, «los empresarios tienen esta sensibilidad y este conocimiento sobre las debilidades estructurales del sistema» y comprendieron tan rápidamente la necesidad de donar. Lo recaudado por Fundesa y lo ofrecido de forma directa por las empresas, asciende a más de 195 millones de quetzales, subraya Paiz. «En Guatemala las empresas han apoyado la gestión pública en esta crisis como no lo ha hecho ni México ni en el Salvador ni en Honduras ni en Costa Rica».

Hay un tercero: Fundesa ahora le sigue la pista a esos datos con su comisión de salud.

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El Gobierno ha recibido aplausos por las medidas de distanciamiento y la construcción de hospitales de campaña. Pero los médicos se quejan de desprotección. Y el desabastecimiento en materia de equipos parece alto. ¿Ustedes conocen las cifras?

Hay que verlo en dos aspectos. No tengo el dato exacto de dónde estamos en abastecimiento normal, que es el indicador que nuestra comisión de salud sigue de forma permanente. Pero se ha creado otro indicador: el de la crisis. Se calcularon las necesidades que podría haber en tres meses, suponiendo que la propagación y la curva iban a ser más pronunciadas. Se estableció una proyección de los suministros que serían necesarios. Se tendrían que comprar 43 millones de cosas. Los hospitales no están desbordados aún, pero nos preocupa que tenemos el 2.7 % de lo que se prevé necesitar. Vemos con preocupación que no se ha podido adquirir nada internacionalmente por las limitaciones de compra. Tenemos que trabajar con las autoridades para deshacer esos nudos y crear mecanismos de compra que tomen en cuenta la situación internacional. ¿Quién tiene 3 millones de mascarillas N95 en este momento en Guatemala? Pero hay que reconocer algo. Nuestro sistema de salud tenía 8,100 camas. El 89% se mantiene ocupado en circunstancias normales. La cifra de camas disponibles era muy baja para afrontar esta crisis. Pero se han construido cinco hospitales nuevos con 1,920 camas. Es un incremento de casi el 25%.

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Hace unos días, Fundesa le presentó a los donantes de su campaña estas dos gráficas:

Al igual que la Asociación Guatemalteca de Enfermedades Infecciones (Agei) y otras organizaciones, Fundesa ha tenido una interlocución habitual con el Gobierno durante la crisis. La comisión técnica que conforman con la Universidad del Valle le ha recomendado varias medidas, según Paiz: Diversificar laboratorios, trabajar en el rastreo o trazabilidad de los contactos de los contagiados, emplear complementos tecnológicos para ello para controlar el cumplimiento de las cuarentenas («Es un uso poco eficiente de recursos pedirle a la PNC que cuide gente en cuarentena. Y tampoco es escalable. No tenemos capacidad de controlar que se guarde esa cuarentena») y también han hecho hincapié en el equipo de protección para los médicos, que ahora les ha supuesto este roce con el Ministerio de Salud. «Hoy por hoy», afirma el empresario, «uno de los temas más importantes es que tengan la protección necesaria. No todos necesitan el traje completo con la N95». Su preocupación es que los mecanismos de control de compras ahora vedan la posibilidad de ir al mercado internacional porque se exige una «disponibilidad del inventario en plaza» que en medio de una crisis global es casi imposible encontrar.

Pero Fundesa también le recomendó al Ejecutivo otra cosa de la que lo habían convencido, según se dijo en una videoconferencia para sus donantes hace unos días: elevar el número diario de pruebas hasta las 1500. El viernes por primera vez se superaron las 800, según datos oficiales.

¿Cómo convencieron al Gob y por qué no se ha cumplido?

—Las cosas no siempre se mueven a la velocidad que uno quisiera, no por falta de voluntad o de instrucciones de las autoridades. A la maquinaria burocrática le toma tiempo reaccionar. Pero la cosa camina. Vamos dando los pasos correctos para crear los laboratorios necesarios. Cada laboratorio tiene una capacidad aproximada de 400 pruebas diarias. Si tienes cuatro puedes hacer 1600 pruebas por día. De ahí salía nuestro cálculo. Ahora esperamos que el IGSS genere la capacidad para hacer entre 500 y 1,000 diarias extra. Y podemos crecer más: la prueba GeneXpert, de la que vamos a recibir 1,000 a la semana, se puede hacer en más laboratorios porque es parecida a la de la tuberculosis, y ya hay 36 máquinas en el país.

Con respecto a las diez mil pruebas rápidas que Fundesa aún no le ha entregado al Gobierno, se están haciendo algunas preguntas, sobre todo, cuál es el momento correcto, y cuál el marco científico para hacerlas, quién lo hace, dónde. Estos métodos, más baratos y sencillos, no sirven para hacer un diagnóstico clínico de los pacientes. Se pueden usar para comprender cosas sobre la epidemia: cómo se propaga, entre quienes, a qué velocidad. Permite el análisis de población.

Pero no están exentas de problemas.

«Hay un estudio de Stanford que salió en las noticias, pero después fue descartado académicamente, según supimos por una conversación con la Agei. Este paper no tomó en cuenta que las pruebas serológicas tienen un riesgo de falso positivo. Los científicos de Stanford encontraron que un 3 % de la población tiene COVID19 pero no hicieron el ajuste por los falsos positivos. Hay que tener mucho cuidado con estos datos porque se puede llegar a conclusiones erróneas y extrapolar equivocaciones. Debemos ser muy cuidadosos en el diseño del estudio, y mientras no haya un consenso, no se pueden hacer las pruebas».

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¿Qué estrategias destacan ustedes para usarlas?

—Resalto lo que han hecho los países más exitosos, como Taiwán y Corea del Sur. Entiendo que los dos modelos que nutren la estrategia guatemalteca son esos dos. Han usado una combinación de trazabilidad de contactos, con una política clara de quién es un contacto positivo, y la búsqueda de esas personas para hacerles las pruebas. Hablo de pruebas inteligentes, no necesariamente masivas. Sería prohibitivo realizar 18 millones de pruebas PCR. Y no creo que fuera inteligente y exitoso. Taiwán ha hecho pocas pruebas, pero a las personas correctas. En Wuhan (China) había 1800 equipos de cinco personas cada uno dedicados a la trazabilidad. En Guatemala en un alto porcentaje se identifica la fuente de contagio. El resultado ha sido bueno hasta el momento.

Ustedes abogan por hacer pruebas de forma proactiva, no solo a los sintomáticos. ¿Qué implica? ¿Se está haciendo?

—Sí se está haciendo. Lo ves en el porcentaje de positivos con respecto a las pruebas realizadas: es un 10 %. Es un dato bueno. Tenemos que expandir la capacidad de pruebas. Diversificar los laboratorios. Anticiparnos a una situación que requiera muchas más pruebas. A la fecha, el dato sugeriría que estamos, según parámetros internacionales, en un rango satisfactorio. EEUU llegó a tener 20 % de positivos. Hay países en que ese dato es mucho más alto. En EEUU hoy ha vuelto al 10 %. Eso sí, EEUU hace hoy 300,000 diarias. Proporcionalmente en Guatemala significaría entre 14 y 16,000 pruebas diarias.

¿Cuántas pruebas tiene el Ministerio de Salud?

—Entiendo que van a crear un portal en la que empezarán a publicar información. Hemos exhortado a las autoridades a que, respetando la información personal, tengamos acceso a datos agregados.

¿Se puede utilizar el indicador de casos por millón para demostrar éxito comparativo cuando se están haciendo muchas menos pruebas que en países similares?

—Si son pocas o muchas es relativo. El indicador al que yo le seguiría la pista es el porcentaje de positivos del total de pruebas. Si estamos haciendo 500 y nos sale el 10 % y además hacemos la trazabilidad de los contagios, creo se están haciendo suficientes pruebas. Me preocupa si tendremos la capacidad de hacer crecer el número de pruebas si la situación lo amerita.

Para usted eso es un buen indicador de que la estrategia está dando buen resultado. No es que tengamos incertidumbre.

—Yo veo que vamos bien. Y tenemos que apoyar a las autoridades en el proceso de creación de capacidades locales para hacer más pruebas.

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¿Ustedes delinearon una estrategia de vuelta al trabajo?

—Hay distintas gremiales, actores de sociedad civil y demás que lo han estado haciendo. Nosotros hemos aportado algunos elementos a esa conversación acerca de cuán listos estamos. En concreto, las condiciones precedentes y necesarias para hacer el back to work seguro: implementar mecanismos escalables de trazabilidad de contagios en el país, el estudio de epidemiología con línea basal de cómo están los contagios hoy, en 15 días, en 30. En un mundo imperfecto son elementos concretos que nos permiten tomar mejores decisiones y saber si vamos a la velocidad correcta. Países como Taiwán nunca cerraron, porque tuvieron estas medidas: trazabilidad, mascarillas, control de cuarentenas. Toda la maquinaria estaba bien aceitada. Singapur ha tenido un segundo repunte y debe servirnos como nota de cautela. Siento que hemos empezado a bajar la guardia, a decir que no estuvo tan grave. Nuestro papel como ciudadanos en todo esto es enorme: el uso de mascarillas, el lavado de manos… Todas esas cosas están más en nuestras manos que en las del gobierno.

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