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La universidad no es segura, pero lo será

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La universidad no es segura, pero lo será

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Alzamos la voz porque conocemos nuestra fuerza y sabíamos que juntas nos haríamos escuchar. El acoso y abuso sexual son problemas sistemáticos, violencias que las estudiantas en la Universidad Rafael Landívar (URL) y varias universidades del país vivimos a diario. Recurrimos a la denuncia pública como última instancia, ya que las instituciones educativas no suelen brindar un sistema de apoyo y seguimiento. La mayoría de los casos son archivados y abandonados, perpetuando las conductas de acoso y agresión, vulnerando nuestro derecho a una educación digna y segura. Esta inacción repercute en el imaginario social, porque niega el acoso como un problema real. Pero nos movilizamos para cambiar esta realidad.

Redes-lateral

En esta sociedad patriarcal, diseñada por y para hombres, son ellos quienes ostentan el poder. En lugar de ser un espacio seguro para nosotras, los centros de educación superior replican los patrones de violencia y desigualdad de género. Si esta realidad es la norma, la única forma de equilibrar la balanza es priorizando a quienes históricamente hemos sido rezagadas.

Así, universidades seguras para todas solo pueden construirse con un enfoque transversal de género. Todas las normas o actividades de la universidad se deben implementar tomando en cuenta sus implicaciones en los distintos géneros, para solventar la desigualdad. Una normativa clara, con aplicación eficiente. Eso fue lo que exigimos, respondiendo a múltiples denuncias públicas en redes sociales. La campaña fue orgánica, es decir, surgió de las estudiantas de la URL que, al conocer la denuncia pública, se identificaron y se sumaron al #EnURLHayAcoso. Como Movimiento Landivarianos buscamos dar un canal a estas voces legítimas, porque son , reconociendo que su legitimidad yace en las jóvenas landivarianas.

Movimiento Landivarianos es un espacio feminizado porque entendemos que nuestro rol como mujeres es fundamental para las causas que defendemos. Aportamos visiones propias. La mayoría de quienes conformamos el colectivo somos jóvenas feministas, comprometidas con derribar las barreras patriarcales. Contamos con una comisión de género porque reconocemos que hay problemáticas que nos atraviesan de manera particular a las mujeres, como el acoso y agresión sexual, la invisibilización de nuestra participación en muchas causas y los estereotipos de género a los que nos enfrentamos. Esto facilitó canalizar las denuncias de acoso y violencia, reconocer el problema sistemático y exigir a la URL resolver el problema.

Ante las denuncias públicas, la Red Interuniversitaria Seguras y Educadas (RISE), conformada por estudiantas de varias universidades, dio a conocer las exigencias del estudiantado. Esta colectiva tuvo un rol crucial para llevar la protesta en redes sociales a propuestas institucionales. Juntas presentamos nuestra postura y rechazo por medio de un comunicado, lo que llevó a que otras organizaciones se unieran, como Acción Delvalleriana y la Asociación de Estudiantes Universitarios Oliverio Castañeda de León (AEU). Se evidenció que no se trata de un problema de nuestra universidad, sino que permea a todas.

Varias universidades estaban representadas y juntas hicimos temblar al sistema. Obtuvimos una respuesta pública con un comunicado de la URL. Fue un hecho sin precedentes, pues el acoso era una problemática invisibilizada a nivel institucional. No obstante, nuestras peticiones no fueron atendidas: No se reconoció al acoso como un problema sistemático, solo se reaccionó a los dos casos más mediatizados. Tampoco se anunció la elaboración e implementación del protocolo de género. Así, reafirmamos nuestra presencia y voz, y convocamos a una conferencia de prensa frente a la Universidad. Exigimos a las autoridades que garanticen espacios seguros para nosotras, porque no nos quedaremos calladas. Actuamos bajo la consigna de RISE: Ni en la pública ni en las privadas seremos acosadas.

El debate sobre la eficiencia de las denuncias públicas es importante y debe tenerse, pero no obviando las razones por las que las mujeres y colectivas organizadas recurrimos a ellas. Hemos probado la vía institucional, tanto en nuestras universidades como en el plano legal, pero solo encontramos ineficiencia, revictimización y minimización de la problemática.

El principal objetivo de discutir sobre las denuncias formales es fortalecer sus canales para presentarlas, identificar sus falencias y resolverlas. No basta reconocer esta vía con el objetivo de deslegitimar la denuncia pública y por redes sociales. Ya está claro que lo institucional existe, pero no funciona. Las universitarias nos aferramos al #YoTeCreo porque sabemos que ni la sociedad ni las instituciones nos creen, sobre todo porque los protocolos de la denuncia formal implican una experiencia violenta para la mayoría de las mujeres.

Las jóvenas landivarianas que denuncian en la Unidad de Convivencia Estudiantil (UNCE) tienen que enfrentar al supuesto agresor en un careo. Si fuimos agredidas por un catedrático, que se encuentra en una evidente posición de poder, y logramos tener el valor para denunciarlo, tenemos que reafirmar esta postura frente a él. Quedamos completamente expuestas. Esto desincentiva buscar apoyo por esta vía.

El acoso sexual no es normal. Cuando el docente es el agresor debemos verlos constantemente constantemente en clase, aguantar el abuso o tratar de ignorarlo. ¿Qué más podemos hacer cuando nos encontramos en una situación tan desigual? Queda descartado confrontar al catedrático para que cambie su comportamiento, porque estamos conscientes de que tiene poder sobre nuestra experiencia universitaria. Al final, la institución no protege a las víctimas, sino que las castiga. Las autoridades de la universidad y hasta nuestros compañeros tomarán la palabra del catedrático como verdadera. La reputación que corre más riesgo es la nuestra. Es ese el patriarcado que nos habita.

Pero las jóvenas landivarianas sentamos un precedente. Alzamos la voz y nos acuerpamos en la organización. Nos tomó un par de horas inundar las redes sociales con un problema que llevaba años sin reconocerse. Muchas estudiantas, e incluso egresadas, se identificaron con el hashtag #EnURLHayAcoso, porque ellas lo viven en carne propia o saben de alguien que lo vivió. El mensaje fue claro: No nos quedaremos calladas, y ante más abusos, más grande será nuestro clamor por justicia. Nuestra acción también sirvió para que hombres en otras universidades piensen antes de violentarnos: Sepan que si tocan a una respondemos todas, y cada vez más fuerte.

Ahora las autoridades de la URL nos escucharon porque esta vez gritamos y lo hicimos unidas en digna rabia y resistencia. Logramos la articulación de un comité contra el acoso, cuyo objetivo será la elaboración e implementación de un reglamento de género. Será integrado por estudiantas de las asociaciones estudiantiles, democráticamente electas. La universidad prometió incluir a una persona experta en el tema para dar acompañamiento profesional. Lamentamos que fuera necesario que la Landívar viera amenazado su prestigio para tomar estas acciones, pero celebramos que finalmente fuera reconocida la necesidad de estos mecanismos.

Con la denuncia pública se cumplió el objetivo de exponer el acoso que sufrimos las universitarias y el nefasto sistema que tiene la UNCE para tratar estos casos. La visibilización en redes sociales sobre la problemática ha abierto una red de apoyo entre las jóvenas, una de sororidad que no podrán romper.

Hoy como bloque universitario seguimos luchando para elaborar e implementar el reglamento contra el acoso universitario. No somos solo las landivarianas, sino todas las estudiantas, las de hoy y las que vienen. Aún falta camino por recorrer. Seguiremos presionando porque denunciar implica recuperar el poder sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. La universidad no es segura, pero lo será.

Autor
aua