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Recuerdos de una caravana que ya no existe
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Génesis Belén Mejía Flores, de siete años, originaria de El Progreso, Honduras, posa enfrente de la tienda de la carpa donde pasa las noches con su familia, abrazando a una muñeca y a la bandera estadounidense / Simone Dalmasso

Recuerdos de una caravana que ya no existe

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Simone Dalmasso
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Tiempo aproximado de lectura: 2 mins

La caravana migrante murió. Aquella multitud que recorrió medio continente a ritmo de locomotora estalló contra el muro fronterizo de Tijuana. La represión militar de las autoridades estadounidenses a un primer intento de cruzar la frontera, los gases lacrimógenos y las balas de goma, ahogaron la ilusión de alcanzar la meta deseada de la forma consueta, en masa, a pura fuerza de desesperación y empujes, tal como se había hecho hasta aquel entonces.

Era en la naturaleza de las cosas, de todos modos: cada quien tenía claro que el objetivo común era alcanzar la frontera gringa y que, desde allí, salvo un milagro, todo iba a restablecerse de la forma “normal”, bajo la cínica ley del negocio fronterizo de seres humanos, los coyotes listos para cobrar miles de dólares por persona o las mochilas del narco llenas de drogas a transportar como alternativa. Sobre todo, el concepto fundamental, cada quien volvería a encarar su destino de forma indi...

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