Roberto Wagner

RePRIse: El PRI regresa al poder en México

Al final las encuestas se mantuvieron, Enrique Peña Nieto ganó las elecciones y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) regresa al poder.

Más allá del apoyo del gran capital tradicional y del duopolio televisivo, el PRI regresa aprovechando el desgaste del Partido de Acción Nacional (PAN) que gobernó los últimos 12 años.

El PRI gobernó México entre 1929 hasta el año 2000. Todos los gobiernos de cada Estado que conforman la Federación fueron ocupados por el mismo hasta inicio de los 90 y fue hasta finales de esa misma década que dejaron de ser una mayoría en la Cámara de Diputados. Controló el poder ejecutivo, el legislativo y montó un extraordinario y complejo aparato electoral que hoy salió a relucir de nuevo en todos los Estados del norte. Hizo de la corrupción una institución y formó escuela. Muchos líderes latinoamericanos tomaron nota de la misma y la replicaron en sus países. Vargas Llosa la llamó “la dictadura perfecta… no de un hombre sino de un partido”.

La victoria del PRI responde al fracaso del PAN que no logró materializar los cambios transitorios y estructurales que caracterizaron su discurso político de oposición durante el siglo XX. A esto hay que sumarle la crisis de seguridad desatada por el gobierno de Felipe Calderón al aceptar los fundamentos y embarcarse en la “guerra contra las drogas” de los Estados Unidos. El colmo de los colmos llegó cuando el expresidente Vicente Fox decidió apoyar a Enrique Peña Nieto al mismo tiempo que criticó la gestión de Calderón. El derrumbe que tardó 70 años con el PRI, se dio en 12 con el PAN.

Tampoco se habría dado un cambio si Andrés Manuel López Obrador llegaba al poder, la izquierda mexicana ignoró a personas más destacadas y se dejó llevar por la imagen ya mancillada del caudillo. Se vienen entonces nuevas y bonitas caras, pero me temo que con las mismas viejas mañas. La gran lección que nos deja el proceso mexicano es que las promesas vacías, a través de programas de gobierno y eslóganes políticos siempre cobran una factura en las urnas y así es como el votante ejerce su castigo.

Los retos para Guatemala en su relación con México giran alrededor de tres ejes: migración, comercio y el más importante, seguridad. Nuestras autoridades no se pueden quedar de brazos cruzados esperando a ver cómo son las decisiones que vendrán del otro coloso del norte. Es fundamental acercarse desde ya a las nuevas autoridades y entablar un diálogo diplomático de altura que vele por nuestros intereses.


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