Renzo Rosal

Quien paga la marimba, manda

Esta campaña electoral no solo será la más alta de la historia, sino además la de mayor descontrol.

El principal indicador para verificar hasta dónde el narcotráfico y otras redes de criminalidad infestan a los partidos y sus campañas es por la vía del financiamiento. Seguramente, ni siquiera al finalizar las elecciones sabremos con cierto grado de certeza el costo de éstas y las fuentes de procedencia. Ahora que está de moda hablar de los narcos locales, Zetas y otros grupos similares, recordemos que su poder se afianza en la medida que sus recursos son básicos para alimentar las cajas de partidos, funcionarios públicos, líderes políticos, equipos deportivos, empresarios privados, líderes comunitarios. ¿Cómo combatir a aquellos de quienes se depende? La porquería salpica por todos lados.

Las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos aprobadas en mayo de año 2004 propusieron, como una característica especial, fortalecer la competencia de fiscalizar el dinero de origen privado que ingresa a las organizaciones políticas, con lo cual se equiparan funciones que ya se cumplen en casi toda Latinoamérica. Esas reformas propusieron cuatro elementos interesantes: el establecimiento de un límite formal de gastos para la campaña electoral; la fiscalización del financiamiento privado de las organizaciones políticas, mediante la presentación al TSE de diversos informes mensuales, bimestrales y semestrales; el establecimiento de límites de espacio y tiempo para la difusión de propaganda partidaria en los medios de comunicación, y el control sobre lo pautado en los medios contra los reportes que los partidos presentan de lo que habrían gastado en los mismos.

A la fecha, esas reformas son una ficción. El límite de gastos que propone el TSE se irrespetará por muchos de los partidos; el mismo Tribunal no tiene capacidad real para fiscalizar el financiamiento privado; los informes que presentan los partidos cumplen, si bien nos va, la parte formal. Todos los llamados líderes políticos se excusan de mencionar el nombre de sus financistas con el argumento de una seguridad que supone impunidad. Esos listados esconden nombres de los manejadores de los hilos finos del poder. El pacto firmado por los partidos nació virtualmente muerto. Los límites de espacio y tiempo para la propaganda caen en tierra de nadie, escudado por la falta de control y las perversiones que rodean a los propios medios.

Esta campaña electoral no solo será la más alta de la historia, sino además, la de mayor descontrol. Las condiciones están mandadas para que esa sea una constante. Las autoridades electorales deben ser conscientes de que a mayor financiamiento, mayores posibilidades de opacidad y mayor presión para que se hagan de la vista gorda.

Para comentarios: [email protected]


Recomendados