Pablo Mendoza

Juventud y opinión: también tenemos voz

 De acuerdo con el artículo Representaciones juveniles en la prensa iberoamericana[1], un trabajo que analizó 45 investigaciones de Iberoamérica en las últimas 2 décadas, los medios de comunicación asocian a la juventud con «pasividad, irresponsabilidad, violencia y/o criminalidad». Lo que no está en los medios de Iberoamérica son sus voces directas sobre los problemas que atraviesan ni su visión sobre aquellos que ocurren en la sociedad a la que pertenecen. 

El año pasado, Plaza Pública extendió una invitación abierta a formar parte de las Nuevas Voces en su sección de Opinión. Como resultado del proceso, 20 personas se integraron y, aproximadamente, siete tenemos menos de 35 años y provenimos de diferentes contextos. Sin embargo, cuando alguien se enteró me dijo «Es que ahora cualquiera puede escribir columnas de opinión». ¿Es esto cierto?

El artículo publicado en la Revista Mexicana de Opinión Pública indica que la tendencia general de los medios de comunicación en la región es a representar a los jóvenes únicamente de dos formas: como personas en una etapa de vitalidad (visión positiva) o como el problema social directo de fenómenos como la inseguridad, la migración, el desempleo y hasta el alto costo de la vida (visión negativa).

Porque cuando las juventudes no pueden narrarse a sí mismas, otros lo hacen por ellas –y casi siempre lo hacen mal–

La visión positiva suele asociarse con jóvenes de la élite o con aquellos que tienen actitudes vinculadas a los «adultos». Por su parte, la visión negativa se narra sobre los jóvenes de sectores populares o grupos discriminados históricamente. Además, uno de los trabajos estudiados confirma «una ausencia significativa de expresiones de la diversidad (…) así como el exiguo número de espacios que se provee a los jóvenes de los sectores urbano-populares para que su voz sea escuchada».

Así que no, no «cualquiera» puede escribir columnas de opinión o presentarse en los medios con sus propias narrativas. 

¿Y por qué importa esto? Las representaciones sociales, moldeadas por actores como los medios de comunicación, tienen consecuencias no solo en la discusión pública, sino en los comportamientos de las personas. Un ejemplo claro son aquellas mujeres jóvenes que llegan a sentirse incómodas en su cuerpo porque no se asemejan a las mujeres blancas, altas y delgadas mostradas en las revistas y, ante ello, cambian desde su alimentación hasta su identidad.

Recuerdo que el 11 de diciembre de 2020, con 18 años, mandé un ensayo –no tan interesante, quizás–. Escribí «agradecería puedan leerlo y tomarlo en consideración para ser publicado». No hubo respuesta. Me emocionaba desde entonces la idea de compartir mis letras y abrir debates. Cinco años después, y luego de varios procesos, lo logré junto a otros compañeros y compañeras.

Celebramos una Plaza más abierta. Este año, Plaza Pública cumple 15 años. Tiene un país muy distinto al de 2011, cuando empezó, y hoy es también un espacio más diverso.

No culpo a quienes creen que ahora cualquiera puede escribir columnas de opinión; ojalá así fuera. Porque cuando las juventudes no pueden narrarse a sí mismas, otros lo hacen por ellas –y casi siempre lo hacen mal–. Por ello, abrir la Plaza a nuevas voces no es solo ampliar la sección de opinión: es ampliar quién tiene derecho a contar el país. 

La Plaza apuesta por abrir espacio a nuevas voces sin pedir permiso a quienes tradicionalmente han dominado la opinión pública.

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[1] https://revistas.unam.mx/index.php/rmop/article/view/88606


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