El fin de semana pasado, el Programa Liderazgo Joven Construyendo Democracia –financiado por la cooperación sueca y llevado a la acción por Ingep/URL, Instituto Demos y Fundación Propaz–, permitió a más de 170 jóvenes de 51 municipios, encontrarse en una vivencia de intercambio de reflexiones organizativas y políticas desde lo lúdico y los espacios dialógicos, una caminata marcada por la alegría y la entrega de una Proclama de la Juventud en el Patio de la Paz del Palacio de la Cultura,retomando las grandes inquietudes y problemáticas comunes a sus situaciones.
Me he alegrado –y emocionado junto a ellos porque me siento parte–, de las discusionestenidas en una tarde de sábado en un salón en donde algunos estaban parados. Los he escuchado hablar de procesos democráticos, de mecanismos reales de representatividad, de dar el lugar a las mujeres… de pensar el país a través de una política realista, pero diferente.Hablaron de no olvidar las luchasnormalistas en la capital y en otros lados de la República, de estar en contra de proyectos extractivos alejados del bien común, de la falta de oportunidades de empleo.
Se acordó no desaprovechar la oportunidad y convertirse en una organización a nivel nacional. La Asamblea de Consejos Regionales de la Juventud es la instancia encargada de crear una agenda de trabajo propia, común a todos los municipios. La posibilidad de ser otra voz diferente, otra voz valiente en Guatemala, no deja de ser una luz de esperanza en un país necesitado de ella. No importa si ya existe una coordinadora de juventud, si ya existen redes de jóvenes, pero hay una identidad espontáneamente sentida de un proceso de dos años que involucró a tres instituciones, y en específico a las más de 30 personas que acompañaron sus procesos de incidencia municipal y sensibilización social. En todos los casos, hombres y mujeres comprometidos con la transformación real de sus comunidades.
Aunque no sé qué tanto el discurso juvenil puede convertirse en el motor de una organización, creo que estos jóvenes –hombres y mujeres– están creando una generación diferente de políticos y líderes, mostrando a otros ya más entraditos en años, pequeñas iniciativas y prácticas políticas que regeneran un tejido social y una cultura política y de decisión colectiva ajena a la corrupción normalizada. Lo que la nueva Asamblea –y detrás de ella, 200 organizaciones de jóvenes y alrededor de 3,500 jóvenes–, tiene como reto es convertirse en canal de demandas, de posiciones y posturas, de crítica, de articulación, de ser conscientes del momento histórico que nos toca a nivel nacional y a nivel local, y de ser en la mitad de la noche de Muxbal una palabra de ánimo para la perseverancia necesaria de las luchas sociales en Guatemala. Estén atentos.









