Karina García Ruano

El mano dura y el otro Sandra

A veinte días de las elecciones generales, el panorama de candidatos cambió con la salida de Sandra Torres, pero las propuestas políticas pareciera que simplemente se clonaron.

La salida de Sandra Torres dejó el segundo puesto de las preferencias electorales vacante. Como se podía prever, los candidatos que venían detrás, Suger y Baldizón, están dando la lucha desde dos extremos (sólo en apariencia) en el espectro electoral. Las encuestas publicadas durante esta semana parecen dar luces para explicarse el movimiento de fuerzas. Los números más recientes muestran a Pérez Molina consolidándose en el primer puesto, con alrededor del 40 por cierto, pero sin marcar una subida que lo corone con triunfo en primera vuelta (algunas encuestas incluso baja 2 puntos fuera del margen de error). Baldizón sube a propulsión (casi 10 puntos en un solo mes), alcanzando 18 por ciento. Suger sube 4 ó 5 puntos porcentuales y llega alrededor de 11 por ciento.

El escenario sugiere una reubicación de los votos dejados por Sandra y una lucha por ganar electorado a Pérez, asegurando una segunda vuelta. Y he aquí cómo los estrategas políticos parece que han ido hilando este objetivo de campaña. 

Al no estar Sandra Torres en la jugada, por un lado deja el legado de voto flotante, el de quienes la apoyaban. Ella pretendía retener este voto para apoyar alcaldías y diputaciones, pero pedir el voto presidencial nulo es una estrategia por demás ineficiente (alta confusión para un electorado ya confundido con la incertidumbre de su candidatura) y contradictoria (porque sin el arraigo ideológico necesario para lograr enviar un mensaje anti-sistema, un voto nulo indirectamente beneficia a Pérez Molina). Falta ver lo qué logre para retener alcaldes y diputados, pero en cuanto al voto presidencial, parece que el agua del molino la acarrea Baldizón. Usando sus ya conocidos dotes histriónicos en discursos populistas, los antecedentes políticos en vinculación con la UNE y con una avasalladora inversión en publicidad, Baldizón se ha convertido en plena reencarnación de Sandra. Ha tomado su puesto de “paladín de los pobres”, con la ventaja que no levanta tantos anticuerpos (aún).

Por otro lado, la salida de la precandidata de la UNE parece haber exorcizado el proceso electoral, aligerando el voto contra-Sandra, el de los que la detestaban. Era interesante en los meses anteriores ver cómo los analistas daban similar importancia a los números de intención de voto y a los de voto en contra. Ese voto contra-Sandra que había beneficiado a Pérez Molina, proveniente de un electorado de corte sobre todo urbano y de derecha, parece ser el que ha ido más hacia Suger.  Siguiendo sus últimas intervenciones en foros y entrevistas, parece que el proceso ha dado a luz -o puesto en evidencia- a un candidato aún más rígido que el mismo mano dura. No sólo son sus propuestas prioritarias (“el esquema ideal en seguridad vendría en forma piramidal a la cabeza los militares,” según entrevista en elPeriódico 2/8/11) sino su actitud prepotente, irónica y desafiante (vea la entrevista concedida al director de Plaza Pública 3/8/11, disponible en línea) las que denotan el perfil autoritario y conservador del candidato que se autodenomina “inteligente” y “diferente” (pero que no ha sabido responder ni una sola vez de forma convincente cuando le preguntan por qué).

En fin, el patrón se repite y uno no sabe si los candidatos nacen o se hacen de esta manera, como respuesta a un electorado cada vez más orillado a votar no por oportunidades sino por necesidades. No por lo que quisiera sino por lo que le urge. Y así, se nos va un proceso electoral más y los moldes no sólo no son corregidos, sino más bien parecen aumentados.


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