Las hay también duras, que apuntan a la traición, como pérfido o felón, que nos recuerdan al Judas que vendió a Jesús por monedas. Y también está el infame, ese que no tiene ni honra ni credibilidad ni palabra ni ética. Es el despreciable, el vil, el perverso. ¿Conoce a algún infame, señor Giordano?
La trayectoria del diputado Juan Manuel Giordano Grajeda es impresionante. Siendo el diputado más joven elegido en la historia de Guatemala, mucha de su experiencia se ha centrado en la romería por bancadas. Es el diputado más joven y el más tránsfuga. Si fue elegido por un partido, pronto rompió el vínculo más básico con su electorado y lo vendió a muchos postores. Desdijo su palabra, y no cabe duda de que la coherencia ideológica no es tan importante cuando de intereses personales se trata. Y, honestamente, no creo que le importe. Inmutable es el descaro.
Dañar la confianza en la política no es delito, pero es uno de los actos más bajos de cualquier persona electa. Merece la vergüenza y el repudio general.
El señor diputado también ha sido señalado de tráfico de influencias, de abuso de autoridad, de presión a funcionarios públicos, de discriminación. Ha mancillado con su falta de ética política la función de representación de la ciudadanía. Es responsable de que miles de hombres y mujeres en este país dejen de creer en la política como un medio para construir mejores realidades y sea vista solo como una manera de enriquecerse vulgarmente. Dañar la confianza en la política no es delito, pero es uno de los actos más bajos de cualquier persona electa. Merece la vergüenza y el repudio general.
Ahora lo vemos liderando la solicitud de destitución de Jordán Rodas, procurador de los derechos humanos. No, diputado. Usted no tiene ni la solvencia moral ni la cara ni el derecho para señalar de incumplimiento de funciones a quien se ha mantenido firme en la defensa de la institucionalidad democrática, en la lucha contra la corrupción y en la defensa de los derechos humanos en los momentos más difíciles de los últimos años. Si de errores hablamos a la hora de elegir, creo que fácilmente se llegarían a tener más de 60 firmas ciudadanas —legítimas y sin señalamientos de delitos— desconociendo su elección como diputado.
Si la mentira y el desprestigio malicioso se quieren imponer —como venganza, como estrategia, como presión, como pacto entre unos o como patadas de ahogado—, que se escuche más alto y más fuerte el agradecimiento al procurador de los derechos humanos en Guatemala.
¿Conoce a algún infame, señor Giordano? Estoy segura de que sí.
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