En apenas dos meses y medio, el mundo ha visto crecer ante sus ojos la pandemia que ahora está presente en más de 140 países y que ha puesto a prueba a todos los sistemas de salud en el mundo. Mucho ha sucedido desde el 31 de diciembre pasado, cuando China alertó acerca de un nuevo virus que causaba síntomas respiratorios severos y se estaba esparciendo rápidamente en Wuhan: el covid-19.
En Guatemala se reportó el primer caso el 13 de marzo y ya se ha empezado a sentir el pánico y la impotencia ante su aparición y difusión. Quiero que volvamos a los datos y que analicemos cómo podemos ayudar a cada uno de nuestros seres queridos y amigos para que no se infecten. El 80 % de las personas contagiadas con covid-19 tiene síntomas respiratorios muy leves, parecidos a los de una gripe, y se recupera en un período de más o menos 14 días. Las personas mayores de 60 años tienen una mortalidad de alrededor del 4 %, mientras que la de los mayores de 70 años es del 8 % y la de los que pasan de 80 es del 15 %.
Es decir, la mayoría de las personas no van a tener ninguna complicación después de la infección, pero, si entran en contacto con más personas, pueden convertirse en el motor de una catástrofe, ya que pueden infectar a las personas más susceptibles de tener complicaciones: los mayores de 60 años.
Nuestra forma de prevenir el desastre es demandar lo mejor de nosotros y proponernos estar en contacto con el «menor» número de personas posible.
Para que la infección no llegue a esas personas más vulnerables necesitamos solidaridad de parte de cada uno de los guatemaltecos.
Nuestra forma de contribuir a prevenir el desastre es demandar lo mejor de nosotros y proponernos estar en contacto con el menor número de personas posible.
Debemos abstenernos de salir de casa lo más posible, y más aún si estamos enfermos. La capacidad de nuestro sistema de salud pública es limitada. Y aun haciendo el mejor de los esfuerzos colapsaría si hubiera una gran afluencia de pacientes gravemente enfermos. Prevenir el contagio es la forma más eficaz de salvar vidas.
Una persona mayor de 60 años y con alguna comorbilidad puede ser de ese 5 % que necesita atención de intensivo, y esa persona puede estar sentada ahora a tu lado en el cine, en el centro comercial, en la iglesia, en un bus… En fin, me entiendes, ¿verdad?
Yo soy médica pediatra e infectóloga y te puedo decir con total certeza que el curso que la pandemia por covid-19 tome en Guatemala no depende de nuestros planes de contingencia ni de rutas críticas para hacer diagnóstico ni de hospitales instalando más unidades de intensivo. Depende de ti. Depende de encontrar dentro de cada uno de nosotros la fortaleza para evitar exponer y exponernos.
No podemos enfermar a esas personas más débiles porque, una vez infectadas, la enfermedad seguirá su curso. Y aunque queramos que ningún caso sea fatal, no hay certeza de que con los medicamentos y las medidas de soporte actual podamos salvar la vida de todas esas personas. Los problemas que están experimentando otros países demuestran que no es posible.
Finalmente, quiero dar las gracias: si llegaste a leer hasta el final de este artículo, quiere decir que te importa sumar a los esfuerzos que todos, desde diferentes ámbitos, estamos haciendo. Y estoy segura de que contamos contigo.
* * *
Alicia Chang es pediatra infectóloga de la Unidad Nacional de Oncología Pediatrica (UNOP) y vicepresidenta de la Asociación Guatemalteca de Enfermedades Infecciosas (AGEI).









