Comentario

Cambiar todo para que nada cambie

17/03/2020

Ilustración: Suandi Estrada

Comentario

Cambiar todo para que nada cambie

17/03/2020

Ilustración: Suandi Estrada

Hay ciertos momentos en la historia de las sociedades que a algunos actores sociales se les antojan tentadores para el análisis en tanto dan la impresión de que marcarán un parteaguas. Las protestas de 2015 en Guatemala es uno de esos momentos, como los entrevistados mismos lo expresan en el libro Disidencia y disciplina. Sin embargo, seis años después admiten ellos mismos que esa sería una lectura bastante ingenua de la historia.

Texto: Mariel Aguilar-Støen y Benedicte Bull
Edición: Enrique Naveda

¿En qué consisten y para qué sirven las estrategias de las élites?

El objetivo del libro de Colom es «ilustrar la experiencia y la visión de miembros del sector privado y de medios de comunicación respecto al periodo histórico vivido del año 2015 hasta septiembre 2019» (p. 14).

El título de su libro alude a las élites tradicionales. Sin embargo, en el libro no se define cómo se entiende a las élites en el estudio. En el ámbito académico latinoamericano y en el imaginario político popular, generalmente se define a las élites en términos estructurales, en los que el control del capital y los medios de producción son las variables centrales. El término élite se usa para referirse a las clases dominantes (empresariado, terratenientes y élites políticas) que, se asume, funcionan en estrecha alianza entre sí y en alianza con las élites político-económicas internacionales.

La circulación de élites ocurre, según esta forma de entenderlas, con las modificaciones en las formas de acumulación de capital, lo cual crea divisiones entre los distintos segmentos de la clase capitalista. Esas divisiones podrían generar oportunidades de cambio que beneficiarían a los sujetos históricos desposeídos.

Otra perspectiva plantea que las élites circulan asociadas al control sobre una serie de organizaciones, instituciones y recursos además del capital y los medios de producción. Nosotras entendemos a las elites como «grupos de individuos que, debido a sus recursos económicos, pericia/conocimientos, conexiones o posición en organizaciones políticas o de otra índole, mantienen una posición privilegiada para influir de manera formal o informal en decisiones o prácticas de importancia general» (Bull, 2015). Esta definición multifacética de las élites permite conceptualizar la existencia de élites paralelas y élites en competencia.

Desde mediados del siglo veinte, la figura dominante en la economía política guatemalteca ha estado conformada por grupos empresariales diversificados. Estos grupos aglutinan una serie de compañías de diferentes sectores y cada uno está controlado por una familia o una red de familias. Muchos surgieron de la diversificación de la élite agroexportadora en la industria y el comercio y se expandieron en la década de 1990, cuando se abrieron nuevos sectores a la inversión privada.

Durante el acto inaugural del I Congreso Industrial Nacional, 1985. De izquierda a derecha: Ing. Eduardo Sperisen, Sr. Fraterno Vila Girón, Ing. Víctor Manuel Suarez Valdés, Ing. Julio Campos Bonilla, Ing. Carlos Torrebiarte (presidente), Ing. Álvaro Castillo Monge (vicepresidente), Sr. Pascual Méndez, Sr. Manuel Yarhi, Ing. Emilio Santano e Ing. Fernando Arimany. Fuente: Regina Wagner, Cámara de Industria de Guatemala, 50 años de Historia

La combinación de cambios políticos resultantes de la democratización en la posguerra y cambios económicos internacionales condujeron a que emergieran nuevas élites y nuevas facciones dentro de la élite tradicional. La élite económica se adaptó a los cambios económicos globales formando alianzas con corporaciones transnacionales, que frecuentemente controlan el acceso a mercados y la tecnología o expandiéndose regional y globalmente (Bull et al., 2014). Por ejemplo, el Grupo Multiinversiones puede ser considerado como una verdadera multilatina con inversiones en tres continentes.

Además, nuevos grupos que controlan recursos importantes en el país comenzaron a disputar el dominio económico de la vieja élite terrateniente, incluidos los sectores de medios de comunicación, telecomunicaciones y redes criminales e ilegales.

En términos comparativos, en América Latina, las élites guatemaltecas se encuentran entre las que menos ha cambiado a través de la historia (Bull et al 2013, North and Clark, 2020).

Aunque obviamente nuevos grupos emergen y ciertas ideas y estrategias cambian, casi las mismas redes familiares y grupos empresariales han mantenido la hegemonía por décadas (si no siglos) en Guatemala, lo que complica cualquier cambio social profundo (Valdez, 2020).

La literatura histórica sociológica muestra que un cambio social hacia una mejor distribución de los recursos depende de una división entre élites que abre posibilidades a nuevas alianzas (Sánchez de Ancochea, 2020). Estas divisiones pueden suceder durante crisis mayores, como la de 2015 en Guatemala.

Junta directiva CIG, 1971-1973. Fuente: Regina Wagner, Cámara de Industria de Guatemala, 50 años de Historia. / Simone Dalmasso

Las élites guatemaltecas no siempre actúan en «unidad», ni son un grupo monolítico. Es más, la violencia permanece como un recurso a la mano en la mayoría de luchas políticas en Guatemala, incluyendo violencia entre las mismas élites en su competencia por la dominación económica (Bull, 2014). La relación instrumental -aunque cambiante- entre la élite económica y los militares también está llena de tensiones y permanece abierta a rencauzarse en momentos críticos (Sveinsdottir et al., 2021).

Lo que muestra el libro de Colom es que, a pesar de estas tensiones, en momentos de crisis donde surgen las posibilidades reales de un cambio, las élites «cierran filas». Aunque a veces las élites tengan que sacrificar a algún miembro o alguna alianza, con ese «cierre de filas» logran que los rasgos principales de la institucionalidad guatemalteca queden iguales.

Las postales del futuro que reflejan el pasado

El asfalto alrededor de «la plaza» aún estaba tibio por las pisadas que dejaron los miles de manifestantes que se reunieron sábado a sábado para protestar contra la corrupción en 2015, cuando ya se estaba preparando -tras bambalinas- el siguiente acto que aseguraría que nada cambiaría.

En un charco frente al Palacio Nacional, el reflejo de la concentración del último sábado de protestas de plaza en contra de la corrupción del gobierno de Jimmy Morales, en septiembre 2017. / Simone Dalmasso

Colom escribe: «la elección del presidente Jimmy Morales representó un giro en el desarrollo de los eventos relacionados con la lucha contra la corrupción» (p.12). Aunque presentado a la población como un outsider tanto por algunos analistas como por sus financistas, Jimmy Morales era la continuación de una línea -y una estrategia de la élite- que se empezó a esbozar durante la guerra civil con el gobierno de Efraín Ríos Mott, ministro de la iglesia El Verbo, quien en 1982 se convirtió en el primer presidente evangélico de América Latina.

Otro ejemplo es Jorge Serrano Elías, que era ministro de la iglesia El Shaddai cuando salió electo presidente en 1991. Evangélico neopentecostal con vínculos a la asociación de veteranos militares, el discurso populista de Jimmy Morales apeló a la mayoría del electorado, independientemente de su filiación religiosa: una retórica antiestablishment, un aparente compromiso con la lucha anticorrupción, su defensa de la familia tradicional, su oposición al matrimonio igualitario, a los derechos LGTBQ, su rechazo del aborto y su apoyo a la pena de muerte.

Como fue develado por la CICIG, la campaña electoral de Jimmy Morales fue financiada por el mismo sector que financió la campaña electoral, cinco años antes, del presidente Otto Perez Molina. Marta Elena Casaus Arzú (2007:257) observa que la conversión de la élite guatemalteca al neopentecostalismo puede ser entendida como un reciclaje de su imagen y una adaptación para mantenerse en el poder en la posguerra. Los descendientes de la oligarquía fundadora del estado guatemalteco, sus nietos y bisnietos promueven, como hemos escrito en otro lugar, un discurso de institucionalidad y aceptación de las reglas del juego democrático, permitiendo ciertos cambios para que no cambie nada.

En el contexto de la posguerra han emergido nuevas élites.

Mientras en el pasado, la élite tradicional financiaba las campañas electorales en Guatemala, la CICIG estimó en 2015 que el sector empresarial contribuía con el 25% del financiamiento electoral, las élites emergentes el 50% y el resto del financiamiento proviene de grupos criminales, principalmente narcotraficantes.

Terminada la ceremonia de presentación del segundo informe de gobierno, el diputado Estuardo Galdámez, posaba junto con su hijo que lucía una boina de kaibil. Enero 2018. Simone Dalmasso

Es decir, además de las disputas internas, a la élite tradicional guatemalteca le pelean el control del estado las élites emergentes. Entre ellos, exmilitares que se enriquecieron a través de actividades ilícitas durante la guerra se han unido a la disputa por el control de los partidos políticos (Sveinsdottir et al., 2021). La elección de Jimmy Morales como presidente de la república encaja pues, en un contexto histórico en el que el manejo de partidos políticos es organizado alrededor de una lógica de «mercado de influencias» en la que el mejor postor apoya al candidato que tiene más posibilidades de ganar. Otto Pérez Molina, Jimmy Morales y Alejandro Giamattei han mantenido vínculos con los militares, los evangélicos, las élites (aparentemente tanto la élite tradicional como las élites emergentes, licitas e ilícitas).

Lo que sucedió en 2015 fue resultado de una movilización social casi sin precedentes y un trabajo insólito de la CICIG. Sin embargo, también fue resultado de una pugna entre nuevas y viejas élites y un reajuste entre ellas. Solo tomando en cuenta esto se puede entender las diferentes estrategias de las élites frente a la convulsión social.

La memoria en disputa y qué sigue ahora

Quizás, más significativo que las protestas del 2015 -y el fracaso del movimiento que incluyó a jóvenes de la élite- para entender qué sigue ahora es la disputa sobre la memoria que se abrió con el juicio por genocidio contra Efraín Ríos Montt.

El juicio y la sentencia por genocidio evidencian que aunque no existía un consenso sobre los eventos históricos de la guerra, y se ha abierto una pequeña grieta para construir una narrativa más inclusiva que de cuenta de la variedad de experiencias de vida de los guatemaltecos, tanto durante la guerra como en el presente. Aunque los contornos de dicha narrativa apenas empiezan a esbozarse.

Una lectura final de lo que significaron las protestas de 2015 para Guatemala no es posible todavía, sobre todo porque con el tiempo será posible ver que fue un cortísimo episodio en la historia de Guatemala que permanecerá abierto a distintas lecturas.

Un aspecto que nos llamó la atención en el libro de Colom es la referencia que hacen sus entrevistados a la guerra civil (o «conflicto armado interno», como ellos le llamaron). Sus reflexiones giraron no solo sobre que las estrategias usadas para disciplinar la disidencia les recordaban las tácticas contrainsurgentes (p 64), sino que también se refirieron a que el miedo a verse vinculados en casos de corrupción se mezcló con el miedo de verse ligados a los crímenes cometidos durante la guerra (p76) e incluso con el genocidio (p.87).

Fuera de la mega sala de tribunales, decenas de personas escuchaban la sentencia transmitida por altoparlantes en una velada nocturna, antes de que se pronunciara la segunda sentencia del juicio por genocidio, el 26 de septiembre 2018. / Simone Dalmasso

Y aquí podría alguien preguntarse si el genocidio y los crímenes vinculados la corrupción tienen en realidad una genealogía distinta, si ha existido alguna ruptura.

Como Jennifer Schirmer escribe, en Guatemala, una cierta «democracia» nació del seno de la campaña contrainsurgente desatada en 1982 que se calcula dejó 75,000 muertos, 440 aldeas arrasadas y más de un millón de refugiados desplazados (p. 19). La paz en Guatemala se entendió por los militares como la continuación de la guerra por otros medios.

El libro de Colom muestra que la sombra de la guerra y las redes corruptas sigue oscureciendo la democracia guatemalteca. Mientras la élite no rinda cuentas sobre su papel en la cooptación del estado y la institucionalidad, y en los momentos más oscuros de la historia guatemalteca, la democracia seguirá ahogada en las sombras del pasado.

Mariel Aguilar-Støen y Benedicte Bull son especialistas en élites y desarrollo en América Latina de la Universidad de Oslo

Referencias

Bull, Benedicte, & Aguilar-Støen, Mariel. (2019). Peace-building and business élites in Guatemala and El Salvador: explaining the discursive 'institutional turn' Conflict, Security & Development, 19(1), 121–141. https://doi.org/10.1080/14678802.2019.1561635

Bull, Benedicte, Fulvio Castellacci, and Yuri Kasahara. 2014. Business Groups and Transnational Capitalism in Central America: Economic and Political Strategies Edited by Tim Shaw, International Political Economy. London: Palgrave Macmillan.

Bull, Benedicte. 2014. «Towards a Political Economy of Weak Institutions and Strong élites in Central America.» Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe / European Review of Latin American and Caribbean Studies (97):117-128

Bull, Benedicte. 2015. «Elites, classes and environmental governance: conceptual and theoretical challenges.» In Environmental Politics in Latin America: élite dynamics, the left tide and sustainable development, edited by Benedicte Bull and Mariel Aguilar-Støen, 15-30. London and New York: Routledge.

Casaús Arzú ME (2007) Guatemala: linaje y racismo. F&G Editores, Guatemala

Comisión Internacional contra Impunidad en Guatemala (CICIG), 2015. ‘Informe: El financiamiento de la política en Guatemala’. CICIG, Guatemala.

North, Liisa and Timothy D Clark. 2018. Dominant élites in Latin America: From Neo-Lieberalism to the 'Pink Tide', Champ: Palgrave MacMillan.

Sánchez de Ancochea, Diego (2020), The Costs of Inequality in Latin America: Lessons and Warnings for the Rest of the World, London: I.B. Taurus.

Sveinsdóttir, Anna G, Aguilar-Støen, Mariel, & Bull, Benedicte. (2021). Resistance, repression and élite dynamics: Unpacking violence in the Guatemalan mining sector. Geoforum, 118, 117–129. https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2020.12.011

Valdéz, Fernando (2020), Guatemala: Las entrañas del Estado. Historia de sus crisis, dualidad institutcional y poder de regeneración.

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