Julio Serrano Echeverría

Ante la corrupción y ante la estupidez

una muy importante diferencia

Bien, casi tendríamos que decir “ya fue”. Pero se vale, acaso por dignidad, acaso por rabia, por indignación, por amor puro y duro a este país y sus entrañas, nosotros, el corazón y el fuego. Acaso por todos nosotros es fundamental recordar un pequeño detalle: hay herramientas legales que nos permiten combatir la corrupción, y grueso: recordemos, hagamos el esfuerzo, remontémonos en nuestra piel erizada al día de la votación en el congreso para que le quitaran la inmunidad a OPM, aquello, recordemos, si todavía nos es posible, si aún nuestros pechos guardan esa sensación: sí, la epifanía ciudadana fue, entre otras muchas cosas, usar los mecanismos que nos protegen, digamos, de la corrupción. Ahora bien, de la estupidez, del flagrante descaro, de la inexperiencia, de la voracidad, de la idiotez que representa lanzarse a la presidencia sabiendo que nomás se ha sido un chapucero, un picarón de las salidas facilonas, lanzarse así, basta con que una sola persona sepa que eres un canalla para serlo, decía Ezra Pound, sí, esa es la pregunta, qué nos defiende de la estupidez y de los canallas, cómo salvaguardarnos del imbécil, en abstracto y en concreto.
La diferencia entre una candidata corrupta y uno esencialmente tonto es que, de la corrupción nos defiende la ley, mientras con la estupidez estamos solos.
Solos, vos y yo.

Sin embargo siempre quedará un nosotros. Quizá sí, esa pueda ser la respuesta, de la estupidez solo nosotros podremos cuidarnos. Ojalá.


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