Todavía prevalece un enfoque asistencial. Muchas veces con buenas intenciones, pero aún se considera a las personas con discapacidad bajo una perspectiva que los coloca en un lugar pasivo, sujetos de la ayuda o caridad de los demás. Aunque ya no aparece como parte del discurso público, pero ideas y expresiones como «pobrecito» o «pobrecita» todavía influyen en el trato y la atención brindada.
Por ello es importante considerar a las personas con discapacidad como sujetos de derechos. El enfoque de derechos humanos permite un abordaje más integral y respetuoso respecto a las situaciones particulares que afrontan. Esto implica fomentar el ejercicio de derechos y de oportunidades en las mismas condiciones que las demás personas, deben eliminarse las barreras que impidan su goce efectivo.
Algunos ejemplos pueden servir para ilustrar las carencias que todavía tenemos. El tema de accesibilidad universal implica condiciones para diseñar entornos que permitan a todas las personas el uso y disfrute de los distintos espacios. No basta con señalizar un parqueo para personas con discapacidad como los que se encuentran en instituciones, centros comerciales o restaurantes. Hace falta ofrecer un diseño con suficiente espacio, ubicación apropiada, rampas adecuadas (con una inclinación específica), etc.
Esto implica fomentar el ejercicio de derechos y de oportunidades en las mismas condiciones que las demás personas, deben eliminarse las barreras que impidan su goce efectivo.
Recientemente, comentábamos con mi esposa lo que sucede en un restaurante muy conocido de Ciudad de Guatemala. Existe un espacio para personas con discapacidad en su parqueo, pero el espacio que deja respecto a su muro y otros vehículos es muy pequeño para que una persona con silla de ruedas pueda moverse adecuadamente. La rampa que tiene para el ingreso es muy inclinada, lo que impide ser usada efectivamente o que el acompañante deba realizar un esfuerzo físico significativo. Otro tanto ocurre con el acceso y uso de los baños. Esto no es un caso aislado.
En el tema de educación, la ley garantiza la inclusión de personas con discapacidad en las aulas. Sin embargo, aunque escuelas y colegios permiten la inscripción de personas con discapacidad, no ofrecen los apoyos necesarios para la inclusión de niñas y niños. Tanto las instituciones como las y los maestros no están debidamente capacitados y sensibilizados para ofrecer las condiciones que garanticen la integración a los estudios. Barreras físicas, sociales y pedagógicas se mantienen como parte efectiva de la situación en las aulas.
Por ejemplo, un niño con algún trastorno del espectro autista (TEA) tiene necesidades cognitivas y sensoriales muy específicas con las que los maestros deben contar. Tienen que poder ofrecer un entorno estructurado y adecuaciones pedagógicas con las cuales no se encuentran familiarizados, mediar en situaciones que se producen en el trato con las y los demás compañeros, etc.
Pueden multiplicarse las situaciones y los ejemplos que atraviesan las personas con discapacidad en distintos ámbitos. Lo cierto es que, como sociedad en general, necesitamos mayor sensibilización y conocimiento sobre este tema para que junto a otras medidas económicas, políticas y sociales se disminuyan y eliminen barreras, se mejoren las oportunidades y el goce de derechos para todas las personas que habitamos el país.









