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Las guerras y los bailes. Glen Miller vs Fidel Funes

El auge de Funes y las marimbas orquesta coincide con los años más intensos del conflicto armado interno de Guatemala, siendo esta de alguna forma la “música de los años de la guerra”.
En la fiesta tocaban marimba, los comandantes vigilaban y el soldado bailaba cargando su fusil sujetando a la muchacha. A diferencia de la fiesta del fin de la Guerra ¿quién iba a querer estar ahí?
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Las guerras y los bailes. Glen Miller vs Fidel Funes

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Historia completa Temas clave

Vea estas dos fotografías e imagínese el soundtrack.

Redes-lateral

Al marinero y la enfermera póngalos a bailar “In the mood” de Glenn Miller, al soldado y a la mujer hágalos bailar "Blanca palomita" de Fidel Funes. Si lo logró, tiene ante usted las imágenes de dos fiestas que además de representar dos guerras comparten mucho más, aunque con desenlaces sumamente distintos.

La primera es una imagen tomada por Alfred Eisenstaedt de la Revista LIVE en agosto del 1945. Harry Truman había anunciado la rendición de Japón y con ello el fin de la Segunda Guerra Mundial.  Mientras se festejaban en el Time Square cuenta el fotógrafo que uno de los marineros, desconocido, se acercó a una enfermera del Doctor Hospital de Nueva York, a quien no conocía, la tomó por la cintura y le dio el famoso beso.  

También por aquella época, la música popular estadounidense pasaba por una evolución.  Las “Dance Bands” fueron mezcladas con instrumentos y ritmos propios del jazz.  El pianista Fletcher Henderson, el solista Louis Amstrong y al saxofonista Coleman Hawkins formaron una banda en la que incluyeron tres saxofones, piano, bajo, guitarra, dobles bajos, tuba y tambores, creando así el precedente para las “Big Bands”, la música de los años de la guerra.

En la misma época, pero en Centro América, se empiezan a escuchar las influencias de las Grandes Bandas con la diferencia que la evolución se marcó en la marimba.  En El Salvador, por ejemplo, existió la Orquesta Marimba Alma Salvadoreña, dirigida por el maestro Salvador Rivas y que, con similitud a las Big Bands, incluyó entre sus músicos, además de dos marimbas, guitarra, piano, banjo, contrabajo, acordeón, dos trompetas, percusión menor y batería; creando así la Marimba Orquesta.

En Guatemala nacen agrupaciones de este tipo como la marimba “Gallito” o “Maderas que cantan” en la que participó Fidel Funes, quien tiempo después formaría una marimba orquesta que él mismo dirigiría y con la que llegaría a todo el país, teniendo tal éxito en los años 80’s que los presentadores de radio lo llamaban “el arrasador del momento”.  Su música amenizó las fiestas y salones de baile del país, principalmente en los pueblos del interior de la república.  

El auge de Funes y las marimbas orquesta coincide con los años más intensos del conflicto armado interno de Guatemala, siendo esta de alguna forma la “música de los años de la guerra”.

En este sentido, la segunda fotografía que aquí se presenta fue tomada por Jean-Marie Simon y publicada en su libro “Guatemala: Eterna Primavera, Eterna Tiranía”. Esta es una imagen capturada durante la celebración de la fiesta de independencia en Nebaj, Quiché y retrata a una señorita con un soldado que no suelta su fusil para bailar - “No te das cuenta de lo importante históricamente que puede ser lo que se graba” – dice Jean-Marie – “Caer en Nebaj y ver esa mezcla en la que el probable futuro presidente está en la fiesta dirigiendo la contrainsurgencia es como un cuento de García Márquez”.

Detrás de la cámara

Hablando de los fotógrafos, puede encontrarse una historia más en la que las diferencias se empiezan a marcar.

No sabemos la historia exacta del fotógrafo de la revista LIFE, pero no es difícil imaginar la razón por la que se encontraba en el Time Square al momento del beso.

La nación había resultado victoriosa de una Guerra Mundial y los estadounidenses se desbordaban de alegría.  Para Jean-Marie esta es una de sus fotografías favoritas “me gusta porque no fue manipulada en el sentido de requerir que la persona que la veía se sintiera obligada a alinearse a un lado u otro. Es una expresión de felicidad y alivio; dos sentimientos mundialmente compartidos al final de cualquier conflicto.”  

La fiesta en Nueva York fue grande y Alfred Eisenstaedt, un hombre estadounidense que muy probablemente vivía en la ciudad, tomó su cámara y sacó el retrato.  

De cierta manera puede decirse que tuvo suerte, es decir, ¿quién no quiere estar en la fiesta del fin de una guerra?

En cambio, para la fotógrafa la historia en Guatemala fue distinta.  

Como periodista estadounidense conocía a grandes rasgos la situación política del país en los ochenta. La información que recibían no llegaba tergiversada pero era muy poca.  Para los periodistas de EEUU los eventos de Nicaragua y El Salvador fueron tan dramáticos que se pensó que Guatemala era similar, cuenta Jean-Marie.

Inicialmente se pensaba enviarla a cubrir notas en El Salvador, pero debido a que esta zona ya estaba cubierta por demasiados periodistas en comparación a los que cubrían la guerra de Guatemala fue finalmente enviada a  este país.  “Querían algo inmediato y de fácil análisis, pero aquí la violencia fue más sofisticada”.

Después de algunos contactos y más viajes, Jean-Marie Simon decide junto con Alan Nairn y bajo la dirección de Mikeal Wahlforss realizar el documental “Titular de hoy” que muestra escenas de la guerra que no habían sido publicadas siquiera en el país.  En el transcurso del cortometraje se ven dos escenas especialmente relevantes.  

La primera, al general Otto Pérez Molina con un aspecto muy distinto al actual.  

Lo muestra como un hombre de cabello negro, barba abundante, con boina roja, uniforme militar y que cuenta muertos al mismo tiempo que lee, según Simon, unos textos revolucionarios como quien lee una declaración de culpabilidad que les fueron incautados a los difuntos.

La segunda escena es la entrevista en la que se muestra un maestro que da su testimonio como sobreviviente a una masacre en Ajcul.  Jean-Marie aún siente admiración por este hombre.  Lo conocieron un día que fueron al estadio del lugar para realizar alguna toma y posibles entrevistas “¿Ustedes son de la prensa?” les preguntó el maestro cuando se les acercó discretamente.  Cuando le contestaron que sí, el hombre les dijo que el lugar no era seguro, los citó en otra parte del municipio y contó su experiencia de abril del 82.  

Un día después se celebró el día de la Independencia, en Nebaj, “la cocina de la guerra” se hacía una fiesta para celebrar el cumpleaños de la Patria.  “Hubo baile, asistió Otto Pérez Molina junto con unos soldados, y ahí estuve yo junto con el equipo que hicimos el documental. Tuve suerte con la luz, porque el salón estaba muy oscuro. Fue el baile más deprimente del mundo: imagínate -- un baile, en Nebaj, el día de menos independencia que se pudiera imaginar.”

En la fiesta tocaban marimba, los comandantes vigilaban y el soldado bailaba cargando su fusil sujetando a la muchacha.  A diferencia de la fiesta del fin de la Guerra ¿quién iba a querer estar ahí?

Como se mencionó, por los contextos en que fueron capturadas estas imágenes es posible que el marinero y la enfermera hayan bailado “I’m getting sentimental over you” interpretada por Glen Miller; de la misma forma como el soldado y la señorita habrían bailado “Amor a la ligera” de Fidel Funes.

¿Todo el mundo baila?

Más allá de ser una comparación que provoca pensar un ciclo en la historia que se repite en cualquier parte del mundo, estas similitudes resultan interesantes pues pueden ser tomadas como representaciones que estas naciones tienen de sí mismas durante y después de la guerra.

Al comparar estos elementos: imagen, música y contexto, puede encontrarse realidades completamente distintas precisamente a través de las similitudes.  Y es que cuando Eisenstaedt capturaba el beso, la economía estadounidense llegó a representar el 50% del PIB mundial, tenía el 80% de las reservas de oro del mundo, producía aproximadamente la mitad de las manufacturas a nivel mundial y el dólar recién había sido nombrado como la moneda principal para el comercio internacional (Paredes, 2009).  Además, en los años siguientes se implementaría el Plan Marshall con el cual la nación norteamericana no sólo reforzaría su economía sino que aumentaría su influencia, su orgullo de si misma, sobre el mundo occidental, tal y como lo demostró el caso de la Marimba que añadió nuevos instrumentos a sus composiciones.

Centroamérica, en cambio, vivió la “Década perdida” durante los años de una guerra.  Durante los 80’s tuvo un crecimiento económico con números negativos y una baja en la producción nacional, provocando que, incluso años después de firmados los Acuerdos de Paz, Guatemala aún tiene una sociedad que vive los efectos de la guerra y un orgullo como país decaído.

La comparación de las fotografías lleva entonces a encontrar abismales diferencias en la historia de estos dos países, acerca de los sentimientos de nación, sus orígenes, razones y justificaciones.  

Capturar las risas y festejos en realidad no resulta complicado, solamente se requiere de estar en el lugar adecuado.  Capturar un baile deprimente al lado de la mira de fusiles no resulta nada fácil.

Con un fuerte crecimiento económico y la idea de pertenecer al país más poderoso del mundo sembrada en el imaginario colectivo, resulta fácil sentirse orgulloso de este país y, por tanto, más fácil es tener un sentimiento de nación.   

Por su parte, la fotografía de Simon refleja a una muchacha con una mirada perdida que hace cuestionarnos ¿Realmente podía celebrar la Independencia? Si fue Nebaj uno de los lugares que fue más atacado por las mismas fuerzas armadas del Estado.

El lector no deberá tomar esta discusión como una justificación para el poco nacionalismo guatemalteco y una adulación para el gobierno y el pueblo de Estados Unidos.  Lejos de ello, se busca exponer aquí elementos que no pueden dejar de ser tomados en cuenta para entender la sociedad guatemalteca.  Si el marinero besó a  Edith Shain, la enfermera, fue porque tenía una buena razón para celebrar.  No se sabe si Shain respondió al beso o le dió una bofetada, pero ello no impide que la imagen provoque ese romanticismo post-victoria.  

Romanticismo del cual carece la imagen de la muchacha y el soldado.

No obstante, y aunque se demostró que los sentimientos pueden ser totalmente distintos, no debe olvidarse el hecho de que ambas imágenes fueron captadas en medio de una celebración.  Estas no fueron fiestas pequeñas o locales, fueron fiestas nacionales que bien pudieron ser una válvula de escape para estas sociedades pues, aunque el soldado no soltó su arma, al menos no estaba apuntando con ella.  

Quizá la fiesta del Día de la Independencia en Nebaj fue un cese al fuego, al menos de un día, para estos pueblos que bailaron, al menos una noche, alguna tonada al estilo de Fidel Funes.

¿Por qué es fascinante el marinero que da un beso a la fuerza? ¿Por qué la mirada de la muchacha nos resulta trágica? ¿Por qué la primera es mejor que la otra? Habrá que recordar que la joven no está sujeta a la fuerza ¿Si gano una guerra tengo derecho a arrancar besos? O por el contrario ¿Si pierdo una guerra tengo que bailar con mi ejército, mi verdugo?

Sin embargo, y a pesar de la diferencia de historias, no puede decirse que Guatemala tenga una ausencia total de nacionalismo, pues existe.  

Quizá su existencia, aunque no sea fácilmente perceptible, resulte más interesante para la discusión pues a diferencia de una potencia mundial, no es fácil lograrlo en un país que, en palabras Luis Alfredo Arango, es un país pequeño, tan pequeño que cabe en la mira de un fusil.

Nota del autor: Cuando se publicó este artículo el apellido Funes aparecía con una z al final. Diligentemente na lectora nos advirtió sobre el error. Le agradecemos su atención y le pedimos disculpas a todos los lectores por él.

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