Con los posibles votos aún por definir, en medio de triquiñuelas como las de la Junta Directiva de la Facultad de Odontología o del Colegio de profesionales de arquitectura, no logra llegar. Tampoco le alcanza para que una candidatura alterna dispute a la digna resistencia universitaria.
De manera que existe el grave riesgo de que Mazariegos y su banda, intenten un nuevo acto de usurpación. Ya en 2022, mediante el apoyo de grupos paramilitares a su servicio, se impidió el ingreso de cuerpos electorales distintos, de manera que solo pudieron participar quienes respondían al que finalmente se impuso. Curiosamente, una práctica que este año replicó Sebastián Siero quien se impuso como presidente de la Asociación Nacional de Municipalidades (ANAM).
La digna resistencia universitaria, conformada por docentes, estudiantes y personas de la academia, ha pagado incluso con exilio la osadía de defender la verdadera autonomía. Misma que se encuentra seriamente amenazada por los intereses de los grupos a los que Mazariegos y su entorno representan. Sectores que durante, al menos dos décadas, han saqueado los recursos de la USAC. Esos que han menoscabado su calidad académica y la han transformado en un botín más que en una entidad al servicio del pueblo, con cuyos recursos se sostiene.
La USAC merece un mejor destino y ese solo puede darlo el voto de la oposición, que ya es mayoritario.
Hoy por hoy, desde el voto de los cuerpos electorales de la oposición, es posible recuperar el camino y empezar a resanar el daño causado por la corrupción y el crimen. Para lograrlo es necesario que la resistencia siga unida y ponga en marcha su programa de recuperación. La USAC está llamada a ser una voz digna ante el oprobio que vivimos en el sistema de justicia, todavía en manos del crimen y la corrupción.
El rescate de la USAC es una tarea indispensable para avanzar en la lucha por la resignificación de la democracia, seriamente erosionada por los mismos criminales que empujaron, ejecutaron y sostuvieron los crímenes contra los pueblos de Guatemala. Mazariegos y su banda no se distinguen mucho de Porras y su pandilla. Ambos no son diferentes de los oligarcas que ahora, como hace medio siglo, pagaban para acallar las voces de la disidencia.
En ese entonces silenciaron a la USAC mediante el asesinato y la desaparición forzada de miles de sus integrantes. La brutal represión que obligó a miles al exilio, fue el arma que en ese entonces les permitió neutralizar el rol esencial que jugaba en la construcción de una democracia para todas las personas.
Ahora, cooptada en manos de criminales, como el sistema de justicia, sirve a intereses corruptos, antiacadémicos que usan sus posiciones para intereses espurios. La USAC merece un mejor destino y ese solo puede darlo el voto de la oposición, que ya es mayoritario.
Como están las cosas, Mazariegos no puede ni ser rector electo ni tener a alguien que le obedezca. En buena ley, no hay manera de que gane porque, legalmente, está acabado.









