Iduvina Hernández

Las claves de Josué

Con su defensa de la democracia en la trinchera interamericana, Josué Fiallo se ganó la simpatía chapina. Su voz se hizo escuchar fuerte en las reuniones de la Organización de Estados Americanos (OEA), en su calidad de embajador de la amada Quisqueya, República Dominicana. Su amor por esta tierra es puesto de manifiesto cotidianamente y con gran contenido irónico, sentido del humor y profunda sabiduría.

Ha dejado el foro de la OEA y, sin embargo, desde sus redes sociales sigue dando muestra de su amor por esta tierra adolorida, llena de várices y cicatrices que resiste y lucha. El más reciente aporte es precisamente en el campo de la respuesta a la acción criminal del pacto de corruptos y sus sicarios judiciales. En cinco puntos, el embajador Fiallo plantea cuál podría ser la estrategia y la ruta para enfrentar el abuso del poder, disfrazado de legalidad.

De entrada, Josué Fiallo destaca la importancia de responder a la criminalización —o uso indebido del derecho penal— que lleva a la judicialización de la política con estrategia, firmeza y ética, y no con silencio ni desesperación.

La primera tarea, indica, es la legitimidad pública. Es indispensable ganarla con transparencia, informando a la sociedad, con lenguaje directo, sin adornos,  y decir con claridad cómo el sistema que debe proteger, se utiliza como arma. Esto requiere obtener las evidencias, plantearlas con claridad y con cercanía. La tarea de defensa, afirma el embajador, no inicia en las cortes sino en la conciencia ciudadana. 

Mientras la judicialización es una estrategia de poder y abuso del poder, la estrategia de los pueblos ha de ser de esperanza, de construcción de un sistema distinto.

El siguiente paso es el trabajo en el caso como tal. «Desarmar el proceso desde adentro», dice Josué Fiallo. En su opinión, cada expediente debe ser valorado como una trinchera jurídica. Paso a paso documentar todos los abusos, incluido el empleo perverso de la secretividad para impedir el derecho de legítima defensa. Se debe poder anticipar jugadas, actuar con rigor. El embajador insiste en que la verdad no se improvisa, sino que se prepara.

Su propuesta indica que no se puede ni se debe actuar en solitario. Es indispensable como siguiente paso un sólido tejido de alianzas de la mayor amplitud posible. El daño a la democracia no es a un solo sector. Con cada grieta que se abre se daña a la sociedad y a los pueblos en su conjunto. De manera que las alianzas, amplias y sólidas, son un requisito esencial en este proceso. Transformar la defensa de unas personas en la causa de todos los pueblos.

Con la dignidad como estandarte, no responder ni con miedo ni con odio. Por ejemplo, mientras los corruptos se escudan en el cabestrillo para no ser enchachados, las personas dignas del pueblo muestran esas cadenas como señal de lucha y resistencia. Hablar desde la dignidad, dice Josué y mostrar que se persigue a quien no se puede controlar. Cada ataque debe ser convertido en una lección de ciudadanía y mostrar quién o quiénes le temen a los pueblos y quién o quiénes, confían en ellos.

La tarea final es de largo aliento. Se trata de reformar o transformar el sistema que ha permitido el uso indebido del derecho penal, por uno que sí responda a las necesidades de los pueblos de esta tierra hoy adolorida. Mientras la judicialización es una estrategia de poder y abuso del poder, la estrategia de los pueblos ha de ser de esperanza, de construcción de un sistema distinto. Uno que incluya a todas las personas y los pueblos, uno en el que no domine el racismo, el patriarcado ni la exclusión.

La ruta está planteada, la unidad como columna vertebral. Su trazo indispensable es el camino por recorrer para que podamos decir que en Guatemala sí han nacido primaveras.


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