El centro histórico de Oaxaca guarda en cada esquina alguna señal del legado de Francisco Toledo, el artista que consiguió preservar la enorme identidad de la ciudad, por encima de un modelo de desarrollo que pretendía montar hoteles de cinco estrellas y restaurantes de comida rápida. Gracias a Toledo, Oaxaca se ha convertido, en palabras de Alberto López, de El País, en uno de los principales ejes culturales, artísticos y políticos de México.
Una de estas esquinas, que destila identidad, está a la vuelta de la iglesia colonial del Templo de la Sangre de Cristo. Es el Centro Fotográfico Manuel Alvarez Bravo, fundado por Toledo en 1996, y que alberga una importante colección de fotógrafos mexicanos contemporáneos.
Underdog destaca el trabajo de Adán Martinez, un entrenador que ha abierto la puerta del box a varios peleadores, como dan fe los recortes de periódicos que forman parte de la exhibición y que cuentan la épica de jornadas, parafraseando a Borges, seguramente inolvidables y ya olvidadas.
Martínez, como muchos otros, al inicio de la pandemia se encontró en una situación límite: sin trabajo, sin alumnos, sin el medio de sustento de su vida y, de a poco, con una enorme fuerza de voluntad de por medio, montó en el patio de su humilde vivienda –el piso de tierra antes mencionado– un gimnasio que le permite volver a entrenar a niños y niñas que encontraron un norte gracias a él y que le devolvieron a Martínez su esencia de vida.
La descripción de la exposición destaca que Underdog, es el término para definir al peleador que se encuentra más lejos de las posibilidades de obtener la victoria. Es aquel individuo contra el que todos apuestan, porque nadie espera que gane. Algo así como la historia de Lou Bizarro, reflejada en la vieja y larga canción de Andrés Calamaro, que relata la historia del boxeador que perdió su pelea en 1976 contra Mano de Piedra Durán y queda noqueado en la lona, mientras el estribillo repite «a veces un campeón también cae».
En principio, los niños y niñas entrenados por Martínez lo tienen todo en contra, viniendo de entornos bastante alejados de lo que llamamos privilegio. Pero verlos «jabear» y lanzar uppercuts en el vídeo del día de la clausura de la exposición te da una idea de una voluntad suprema, de esas que inyecta inspiración en una vida.
Tal vez alguno de ellos llegue a calzarse unos Cleto Reyes y subir a un ring para disputar un título. Tal vez ninguno lo haga. Pero la inspiración inyectada por Martínez no tiene fecha de caducidad, como el encanto de Oaxaca, que perdura al finalizar estas líneas, escuchando el Hurricane de Bob Dylan, seguramente una de las historias más dramáticas y mejor contadas sobre un boxeador.









