Somos un solo sistema universitario nacional ligado a otros internacionales como la Red Ausjal que corresponde a la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina. Es decir, somos una familia nacional, latinoamericana y mundial.
En Guatemala también pertenecemos a las obras de la Educación Jesuita en Guatemala (Ejegua). Se trata de «una iniciativa interinstitucional que aglutina a las obras educativas de la Compañía de Jesús en Guatemala y aliadas con el fin de unir esfuerzos para dar respuesta a la necesidad de mejorar la educación en el país, articulando la trayectoria pedagógica jesuita para aportar al análisis y generar propuestas educativas, recuperando el sentido humanista y propositivo frente la realidad nacional, que logre transformar nuestra sociedad guatemalteca»[1]. Entre otras, están representadas Fundación Educativa Fe y Alegría, Universidad Rafael Landívar —URL—, Liceo Javier, Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica —IGER—, Colegio Loyola, Proyecto Puente Belice, Centro de Integración Familiar —CIF— y Colegio Santa Teresita.
Como referí en mi último artículo[2], entre el 5 y el 7 de junio, los Directores de Campus, Sedes y Sistema Universitario estuvimos reunidos presencialmente en Zacapa. Se trataba de la primera reunión presencial después de iniciada la pandemia de COVID19. El propósito era y es conocer las buenas prácticas de cada territorio e intercambiar experiencias que puedan servirnos como retroalimentación a fin de contextualizarlas en nuestros propios campus y sedes.
Al frente de un laborioso equipo de trabajo, han logrado convertir aquel agostado territorio que conocí el año 2009 en un oasis natural y académico.
Mayúscula fue mi sorpresa el martes 5 de los corrientes cuando ingresé al Campus San Luis Gonzaga, S.J., de Zacapa. De pronto me vi inmerso en un oasis natural, en un verdor indescriptible en medio de un desierto cuya temperatura —en ese momento— oscilaba entre los 41 y los 42 grados centígrados. A decir verdad, la última vez que estuve allí fue cuando se inauguró el Campus el 21 de marzo de 2009. Estaba en una región casi deshabitada (excepción hecha de una aldea modelo aledaña) y en medio de un territorio que consideré agostado y agreste.
A la par de la propiedad se había instalado una aldea modelo que (en aquel momento) llegué a considerar como un foco de problemas a futuro. Conforme fuimos avanzando en nuestra reciente visita me di cuenta que, en orden a nuestra filosofía, el Campus San Luis Gonzaga, S.J. no había levantado muros de separación sino puentes de vínculo y ahora se trabaja de la mano con los habitantes de dicha aldea en una saludable relación de proyección social.
Ya en diálogo personal con el Director del campus, el Ing. Agrónomo Eugenio Torres, me compartió que todos esos logros se debían al trabajo conjunto que realizaba con la Subdirectora Académica, la Licda. Lucrecia Landaverde y el Subdirector Administrativo, el Lic. Hamilton Cordón. Ellos, al frente de un laborioso equipo de trabajo, han logrado convertir aquel agostado territorio que conocí el año 2009 en un oasis natural y académico.
El ingeniero Torres considera fundamentales tres ejes de trabajo para esos logros:
1. La vinculación del uso y manejo de los recursos naturales de la región con los proyectos de investigación y la academia, trasladando los resultados a la sociedad para proveerles de conocimientos y herramientas para el desarrollo.
2. Involucrar a estudiantes y docentes en la investigación y proyección, complementando así las funciones fundamentales que retroalimenten y fortalezcan los contenidos de los programas a desarrollarse en cada una de las Carreras.
3. Convertirse en gestores del cambio y de la innovación e para responder a las necesidades de la región y del país, buscando soluciones a cada situación que se presente como reto a resolver durante la formación de los futuros profesionales.
Después de lo visto y oído, si a mí me tocase crear un lema para aquella presencia escribiría sin titubeo: Campus San Luis Gonzaga, S.J. Innovación y Academia.









