Míchel Andrade

«Animals»

Escribo estas líneas mientras termina una reunión entre la Unión Europea y uno de los fabricantes de la vacuna contra el covid -19 (AstraZeneca).

No llegaron a ningún acuerdo sobre cómo superar los retrasos en la entrega de las dosis contratadas por la UE, que ve con malos ojos cómo el laboratorio cumple preferentemente con sus compromisos con Londres, pactados con anterioridad —y seguramente con una preferencia no revelada a otros clientes— por la participación de la Universidad de Oxford en la investigación.

Políticos, científicos, empresarios y diplomáticos forman parte de una discusión que pone en evidencia las enormes diferencias sobre cómo abordar una de las tareas logísticas más complejas de la historia humana.

Ese ambiente de un potencial conflicto diplomático pos-brexit entre Londres y Bruselas y las referencias a una situación que involucra los intereses políticos, empresariales e industriales con la participación casi nula de las masas sin voz me encuentra escuchando Animals, de Pink Floyd, un disco que responde a esta coyuntura tan específica y que recibe la etiqueta de ser el trabajo más «político» de dicha banda.

Publicado un 21 de enero de 1977 en medio de una crisis económica y social de la que es vástago el punk y que se saldaría con la elección de Margaret Thatcher como primera ministra, el álbum se inspira en Rebelión en la granja (1945), de George Orwell.

Mientras ellos, los cerdos, discuten sobre las entregas de la vacuna, los perros del álbum hacen gala de nepotismo en la aplicación de las primeras dosis.

En Animals, los cerdos son los políticos, los perros las autoridades y las ovejas las masas sin criterio. Una crítica social que no calzaba exactamente en el molde de lo que se esperaba en su momento como la continuación de Wish You Were Here. En términos que destaca una nota de Rolling Stone publicada en 2013, «la mayoría de las canciones duran más de diez minutos, y no hay nada que siquiera remotamente recuerde a Wish You Were Here, a Money o a cualquier otra [canción] que se pudiera transmitir por la radio».

Pese a esa crítica, el trabajo fue un éxito en ventas. La portada con la imagen del globo del cerdo rosa Algie volando sobre la Battersea Power Station se convertiría en un ícono que acompañaría las giras de la banda en el futuro.

Los mensajes del álbum no derrochan optimismo. Por ejemplo, Sheep contiene una versión del salmo 23 desde la perspectiva del rebaño que prefiere la obediencia y la sumisión aunque sospecha que su destino es el matadero: «What do you get for pretending the danger’s not real? / Meek and obedient, you follow the leader / down well trodden corridors into the valley of steel. /What a surprise. / The look of terminal shock in your eyes. /Now things are really what they seem. / No, this is no bad dream…».

No quiero extrapolar ni dejar de pensar que ya vendrán tiempos mejores, pero, mientras ellos, los cerdos, discuten sobre las entregas de la vacuna, los perros del álbum hacen gala de nepotismo en la aplicación de las primeras dosis al privilegiar con total descaro a sus familias o a sí mismos. Un ministro de Defensa en España, un consejero de una comunidad en Murcia y un ministro de Salud en Ecuador prueban una vez más que algunos animales son más iguales que otros.


Recomendados