Francisco Díaz

¿Quién será beneficiado con la vacuna?

El problema no es tener la vacuna contra el coronavirus, sino evitar que se la roben y que hagan negocio con ella.

Una de las formas de acabar con las restricciones de movilidad es vacunar a todo el mundo contra el coronavirus. Tenerla en menos de un año y medio sería una labor titánica y loable de nuestros científicos. Pensar que la vacuna de la fiebre tifoidea tardó alrededor de 30 años en estar disponible y la de hepatitis B poco más de 20 —por citar algunos ejemplos del siglo pasado— nos permite comparar y dimensionar el trabajo de los especialistas.

Espero que la vacuna venga pronto y no tarde. En realidad, importa muy poco si es el Reino Unido, Estados Unidos, China o Rusia el país que logre desarrollarla y mostrarle a la Organización Mundial de la Salud (OMS) resultados verificables y confiables. Siendo muy optimistas, posiblemente en febrero de 2021 se realizarán las pruebas propias de la fase II, la cual pide vacunar a entre 200 y 500 personas para evaluar la dosis y la forma de administración. Entonces, si todo va bien, se aprobaría la fase III, en la cual miles de personas de varios países serían vacunadas para confirmar la seguridad y la eficacia del medicamento. Este es el camino previo a llegar a la aprobación de la vacuna (fase IV). Dicen los expertos que aplicar dicha vacuna saltándose estas fases sería un error que se traduciría más en complicaciones y muertes que en soluciones y alivio para todo el mundo. Aprobar una vacuna sin tener seguridad de sus efectos secundarios provocaría que otros proyectos en etapa preclínica desistieran de su investigación.

Ojalá que quienes decidan los criterios de distribución y el modo de aplicarla no sean los estrategas del Bono Familia o los analistas del semáforo epidemiológico.

Lo cierto y evidente es que tendremos la vacuna de un momento a otro. Las formas de obtenerla o de comprarla van desde la vía diplomática, siendo beneficiados por terceros gracias a un acuerdo con la farmacéutica británica AstraZeneca, hasta estar afiliados al Fondo de Acceso Global para Vacunas (Covax). El punto es que podamos pedir o comprar para Guatemala al menos cuatro millones en esa primera distribución mundial. Espero que al final el precio de la vacuna no sea de 140 euros, sino de 10, porque, como todo en la vida, algo se tiene que pagar.

El problema principal para Guatemala no radica en la espera. No estamos desarrollando ninguna vacuna y, por lo tanto, simplemente debemos esperar. Tampoco debe preocuparnos el ser beneficiados en el reparto mundial de la vacuna. Simplemente tenemos que estar atentos a que nos inscriban en el listado y esperar nuestro turno. El problema empezará cuando tengamos esas vacunas y sea nuestro Gobierno el que decida el precio de cada una de ellas, la forma de distribución y los requisitos para elegir a quien debe ser vacunado o no. Ojalá que quienes decidan los criterios de distribución y el modo de aplicarla no sean los estrategas del Bono Familia o los analistas del semáforo epidemiológico. Si son ellos, los mismos, entonces estamos jodidos.


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