Francisco Díaz

El político chapín es casaquero

El político chapín es casaquero porque dice una cosa y hace otra.

En un país que no es el nuestro, los ciudadanos eligen a sus gobernantes luego de conocer su trayectoria política, sus estudios realizados, su experiencia y su programa de gobierno. En ese país, el escenario democrático ofrece la oportunidad a unos pocos de que tomen las decisiones necesarias que le permitan al Estado trabajar con eficiencia institucional para preservar los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

En ese país, el político pone a disposición todas sus competencias verificadas para trazar rutas económicas y diseñar estrategias sensatas que resuelvan los problemas de salud, educación y trabajo. Los ciudadanos confían y el funcionario público no los defrauda.

Ese país no es el nuestro. Porque el político chapín se caracteriza, en la mayoría de los casos, por carecer de las competencias necesarias e imprescindibles para ocupar un cargo público. Sabiendo lo anterior, está de más decir que no podemos pedirle peras al olmo, es decir, lucidez al bipolar, pensamiento algebraico al que no sabe sumar ni restar, transparencia al que siempre ha robado. Y aun así, sabiendo que no cuenta con lo mínimo para gobernar, el político chapín dice que es enemigo de la corrupción, estratega verificado, y que está preparado para que juntos salgamos adelante.

Si de buscar un culpable se trata, tal vez los culpables seamos nosotros, los que al verlos esbozamos una sonrisa por el privilegio de conocer a un padre de la patria. La responsabilidad quizá sea nuestra, pues les rendimos reverencia a los que, en lugar de ayudarnos a salir de la pobreza y del colapso institucional, están a la espera de cualquier grieta legal o no para asegurar su presente y el futuro de los suyos con privilegios soñados.

En un futuro no muy lejano, ellos, los que organizaron y participaron en la fiesta en O3 en pleno estado de calamidad, serán los analistas políticos y nuestros gobernantes.

Estoy seguro de que, en un futuro no muy lejano, ellos, los que organizaron y participaron en la fiesta en O3 en pleno estado de calamidad, serán los analistas políticos y nuestros gobernantes. Digo que estoy seguro porque en nuestro país son ellos los que ocupan los cargos públicos sea por influencias, dinero o pactos corruptos. Lo triste es que las leyes nos obligarán a darles la oportunidad de arreglar nuestro país para que nos ayuden a salir de la pobreza y del colapso nacional. ¿Qué sucederá? Nos traicionarán de nuevo porque sus mayores les enseñaron a la perfección el arte del engaño y de la persuasión.

Si los que burlaron a la policía y salieron fresh son los líderes del futuro, entonces nuestra historia está escrita con escenas de corrupción, abuso de poder, clientelismo y favoritismo legal. La estrategia será la misma: hablar y maquillar, oír sin escuchar, decir que estamos bien, cuando son ellos los únicos que están muy bien. Esta es nuestra historia. Es la historia de nuestro país, que confía en sus líderes porque no tiene otra alternativa. Ojalá un día no muy lejano tengamos la oportunidad de elegir a nuestros funcionarios idóneos, y no a las manzanas menos podridas del canasto.

Al final, creo que nuestro error no es democrático, sino creer en ellos y en sus casacas.


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