Elizabeth Ugalde

Caótica belleza

Vivo estos días en un caos de emociones que a duras penas me permite sacar adelante la faena. Ni para qué entrar en detalles. Porque cada quien tiene sus propias tristezas y siempre habrá muchos que están peor que uno.

Curiosamente, en los últimos días me he estado golpeando la cabeza en todas partes al punto de que he llegado a pensar que, en vez de usar tapabocas, lo que yo necesito es un casco. Me imagino que el universo me está enviando algún mensaje a trancazos. Y es que llevo días con una nube gris posada sobre mi cabeza. Extraño los afectos físicos, las caricias en la cama, las miradas que sanan. Quiero ser pájaro para salir volando hacia la gente que amo y que hoy no tengo a mi lado. Añoro lo que no tengo en vez de amar lo que tengo al alcance de la mano.

Hoy una amiga me envió un video de Esteman y Natalia Lafourcade interpretando Caótica belleza. La canción habla de que hay cosas que uno no puede cambiar, que tienen un ritmo natural, una caótica belleza que debemos aceptar. El encierro, las ausencias y las abstinencias se han vuelto nuestro nuevo orden natural (al menos para los que tenemos cuatro dedos de frente y cierto grado de conciencia). Aceptarlo y seguir su ritmo es mejor que amargarse y frustrarse. Quizá es ese el mensaje que ni a golpes he logrado asimilar.

El covid-19 es algo que no podemos cambiar. Lo que sí podemos modificar es la forma en que reaccionamos ante él. La pandemia se impuso en el mundo entero y alteró nuestras dinámicas sociales, aquello que dábamos ya por descontado: los abrazos, salir a caminar, ir a un restaurante, visitar amigos y familiares y, por supuesto, tener un trabajo remunerado (bueno, los que lo tenían).

El covid -19 puso en evidencia el fracaso de la propuesta neoliberal, que limita el papel del Estado en la economía y promueve la reducción de su tamaño.

Vivíamos en un mundo de certezas, donde nadie estaba esperando que una enfermedad o la muerte se asomara a la puerta de la casa. El coronavirus vino a llenar de inseguridades nuestra monótona existencia. Aquello que llamamos nuestro orden natural de pronto se tornó un caos, un caos que no queremos aceptar, y seguimos de tercos actuando como si nada estuviera pasando. Incluso, hay quienes niegan que exista (estos últimos son los más peligrosos porque andan en manada). La negación no permite buscar solución porque de entrada ignora el problema.

Por tanto, debemos aceptar el caos y adaptarnos al cambio para sobrevivir. El covid -19 puso en evidencia el fracaso de la propuesta neoliberal, que limita el papel del Estado en la economía y promueve la reducción de su tamaño. Hoy necesitamos un Estado fuerte y capaz, que dirija y gestione el caos.

Guatemala es una sociedad conservadora, que se niega a cambiar ni por más chinchones que se haya sacado. Las élites lo hacen para mantener intactos sus privilegios; la clase media, por miedo a perder lo que tiene, y los pobres, porque no conocen otra realidad. Sin embargo, esta pandemia nos está retando como país y como individuos. Solo aquellos que mejor se adapten al cambio y asuman el nuevo ritmo de la naturaleza serán los que saldrán adelante.

Hoy es el covid-19. Mañana será otra pandemia la que nos ponga de cabeza. Mientras más rápido nos adaptemos, más pronto saldremos adelante como sociedad y también como individuos.


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