Bernardo López

Adiós al razonamiento, bienvenido el sentimiento

Seguro que las campañas electorales en la mayoría de las llamadas democracias liberales ya no obedecen al razonamiento, sino al sentimiento.

Quien vota no es un público, sino una masa (al menos el grueso de los votantes), y, agrupados los seres humanos de esa forma, no van a atender a un planteamiento racional, sino a uno sentimental.

En Guatemala no lo habíamos percibido antes quizá porque primero le atribuimos la culpa del gancho electoral al símbolo del partido. Famoso fue el mapa del Partido Revolucionario, que, fijado en la memoria visual de la masa, producía un voto duro y alineado durante años. Luego, con la misma desinstitucionalización de los partidos políticos, con su corta vida de no más de dos campañas, les atribuimos la culpa a las canciones. Fue la memoria auditiva y rítmica la que pasó a mandar en la intención de voto. Más de corto plazo, más desechable, más de coyuntura, como la nueva generación de partidos.

Son épocas nuevas. O, mejor dicho, es tiempo de ver cosas viejas con ojos nuevos.

En esta última elección presidencial pudimos ver con más claridad el fenómeno del sentimiento impulsando el voto. No contaron los símbolos partidarios, todos coyunturales, y no hubo tiempo ni posibilidad de saturar al votante con una pegajosa melodía. Tampoco podemos decir que el votante fue a leer los planes de gobierno presentados, con todo y que ahora habría sido más fácil que en otras elecciones, ya que su extensión total era similar a un resumen ejecutivo de los que se estilaban en otras épocas: repetitivos hasta la saciedad, llegan a alcanzar un grado de coherencia, ya que, sobre los temas torales, poco se diferencian en tiempos y partidos.

Impresionante es cómo las encuestas fueron siendo muy certeras conforme se acercaban las votaciones en ambas vueltas. Y es que, de paso, ahora, para medir el comportamiento social, seguro contamos con instrumentos y algoritmos que miden y predicen mucho mejor que en el pasado. O sea, el oficio de analista y predictor parece ser otro que va de salida ante el desarrollo de la inteligencia artificial, que mide bastante bien un comportamiento sentimental en sustitución de uno racional. Son épocas nuevas. O, mejor dicho, es tiempo de ver cosas viejas con ojos nuevos.


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