Enrique Maldonado

El odio en la práctica de las políticas públicas

«Solo voy con mi pena. / Sola va mi condena. / Correr es mi destino / para burlar la ley». Así reza la canción Clandestino, de Manu Chao.

Los migrantes son aquellos que han perdido todas las oportunidades posibles de bienestar en su país y a quienes la única opción que les queda es dejar a su familia para buscar dicho bienestar en otra nación.

En su afán de ser el lamebotas número uno de Donald Trump, y para no terminar en la cárcel, Jimmy Morales autorizó que hasta 89 agentes del ICE ingresen al territorio guatemalteco para reducir la migración hacia Estados Unidos. ¡Vaya manera de evitarla! Esa decisión no proviene de una persona estúpida, sino malvada, que cuenta con el apoyo de nefastos ministros como Degenhart, quien criminaliza las caravanas de migrantes, y la canciller Sandra Jovel, quien no reconoce el trato cruel e inhumano que reciben los niños guatemaltecos de manos de funcionarios del actual gobierno estadounidense a pesar de que John Sanders, ex jefe interino del Departamento de Fronteras de Estados Unidos, renunció a causa del trato cruel que recibían al menos 300 menores en centros de detención en Texas.

Pero ¿por qué migran los guatemaltecos? Les voy a citar un dato fácil: en la semana epidemiológica número 21 de 2019, la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesán) reporta 534 casos más de desnutrición aguda respecto a la misma semana de 2018. Entonces, ¿por qué no habrían de huir las niñas y los niños si tienen la certeza de que pueden morir de hambre en Guatemala? Jakelin Caal, Felipe Gómez y Juan de León son algunos de los que han huido y muerto bajo la custodia de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.

¿Por qué salimos a manifestar en contra de la corrupción, y no para exigir protección social para nuestros niños?

¿Cree que las cifras son insignificantes? Un modelo realizado por la Central America/Mexico Policy Initiative estimó que solo durante el período de gobierno de Morales han huido del país un total de 467,203 personas. ¿Se imaginan eso? Trescientas sesenta y seis personas emigran a diario de Guatemala a Estados Unidos. Obviamente, esta tragedia es consecuencia del modelo económico caduco que existe en el norte de Centroamérica, basado en privilegios para minorías, salarios miserables, bajas cargas tributarias y gasto público insuficiente y de mala calidad, sin descartar la corrupción.

La guinda de este pastel es la actitud cruel e hipócrita del Gobierno de los Estados Unidos, que se presenta ante el mundo como garante de los derechos humanos, pero es la única nación que no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño. Es por ello que, reitero, la política migratoria de esta nación es una materialización del odio y del racismo.

Es hora, guatemaltecos y guatemaltecas, de darnos cuenta de quiénes son los que escupen la faz de nuestra nación. ¡Se ríen de nosotros en nuestra cara y no hacemos nada! ¿Por qué salimos a manifestar en contra de la corrupción, y no para exigir protección social para nuestros niños? ¿Por qué dejamos que Estados Unidos trate de una manera cruel a nuestros menores? ¿Hasta cuándo seguiremos indiferentes o dormidos?


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