No sé todavía cómo votaré en primera vuelta. Mis simpatías políticas para la presidencia se dividen entre Thelma Cabrera (MLP) y Aníbal García (Libre), que además han propuesto con claridad la continuidad de la Cicig, aunque difieren en algunas propuestas. En el Congreso me gustaría ver a Lucrecia Hernández y a más gente de Semilla, Libre y Encuentro por Guatemala. Y espero ver fuera de la Municipalidad de Guatemala al clan Arzú, tal vez con la elección de Véliz (Semilla), pues a la fecha no sé si Foppa aparecerá en las papeletas.
Pero, como muchos de ustedes, no soy muy optimista. Percibo cierto consenso con relación a una segunda vuelta entre Sandra Torres y alguien más que posiblemente capitalice votos duros e indecisos de las derechas contrainsurgentes y religiosas, que están apelando de manera furiosa al odio, a una regresión de los derechos civiles y a cualquier opción democrática que trascienda el sufragio. Y eso no es poca cosa porque el conservadurismo tiene anclajes fuertes en la ignorancia. De ahí el interés en mantener a la población anestesiada, carente de educación y a merced de la propaganda que sigue impactando a la gente con formatos noticiosos y desde el discurso religioso.
Creo que el voto nulo no resuelve nada y que sí podemos estar mucho peor con Giammattei, Mulet o Arzú.
En ese marco, la UNE, nos guste o no, tendrá un poder importante porque es el único partido fuerte. Y en una eventual segunda vuelta entre Sandra Torres y algún bolsonarito prefiero a la UNE con todas sus sombras. Así que no me apedreen. Creo que el voto nulo no resuelve nada y que sí podemos estar mucho peor con Giammattei, Mulet o Arzú. Esto, porque en la UNE hay figuras como Mario Taracena o Carlos Barreda, que tienen experiencia, que pueden gustarnos o no y que pueden hacer la diferencia cuando las derechas religiosas traten de impulsar legislaciones antiderechos. Y en eso es necesario reconocer que la UNE ha bloqueado iniciativas nefastas.
En suma, esa es mi opinión y reitero que no soy muy optimista. En una realidad deseada, iríamos hacia la fundación de un Estado plurinacional, pero debemos poner los pies en la tierra y prepararnos para resistir y recordar que hubo tiempos peores que este, y también tiempos en los que no se ponderó la crisis que los fascistas estaban dispuestos a implantar.
Votemos con alegría, esperando sorpresas interesantes, pero sin perder la razón, pues el horizonte político debe ser, tiene que ser, posneoliberal si queremos una nación medianamente viable para todos y todas.









