Ricardo Berganza

Horizonte posneoliberal

Votar por lo menos malo puede mitigar el nivel de la crisis crónica que se avecina, aunque se termine legitimando un sistema fallido.

No sé todavía cómo votaré en primera vuelta. Mis simpatías políticas para la presidencia se dividen entre Thelma Cabrera (MLP) y Aníbal García (Libre), que además han propuesto con claridad la continuidad de la Cicig, aunque difieren en algunas propuestas. En el Congreso me gustaría ver a Lucrecia Hernández y a más gente de Semilla, Libre y Encuentro por Guatemala. Y espero ver fuera de la Municipalidad de Guatemala al clan Arzú, tal vez con la elección de Véliz (Semilla), pues a la fecha no sé si Foppa aparecerá en las papeletas.

Pero, como muchos de ustedes, no soy muy optimista. Percibo cierto consenso con relación a una segunda vuelta entre Sandra Torres y alguien más que posiblemente capitalice votos duros e indecisos de las derechas contrainsurgentes y religiosas, que están apelando de manera furiosa al odio, a una regresión de los derechos civiles y a cualquier opción democrática que trascienda el sufragio. Y eso no es poca cosa porque el conservadurismo tiene anclajes fuertes en la ignorancia. De ahí el interés en mantener a la población anestesiada, carente de educación y a merced de la propaganda que sigue impactando a la gente con formatos noticiosos y desde el discurso religioso.

Creo que el voto nulo no resuelve nada y que sí podemos estar mucho peor con Giammattei, Mulet o Arzú.

En ese marco, la UNE, nos guste o no, tendrá un poder importante porque es el único partido fuerte. Y en una eventual segunda vuelta entre Sandra Torres y algún bolsonarito prefiero a la UNE con todas sus sombras. Así que no me apedreen. Creo que el voto nulo no resuelve nada y que sí podemos estar mucho peor con Giammattei, Mulet o Arzú. Esto, porque en la UNE hay figuras como Mario Taracena o Carlos Barreda, que tienen experiencia, que pueden gustarnos o no y que pueden hacer la diferencia cuando las derechas religiosas traten de impulsar legislaciones antiderechos. Y en eso es necesario reconocer que la UNE ha bloqueado iniciativas nefastas.

En suma, esa es mi opinión y reitero que no soy muy optimista. En una realidad deseada, iríamos hacia la fundación de un Estado plurinacional, pero debemos poner los pies en la tierra y prepararnos para resistir y recordar que hubo tiempos peores que este, y también tiempos en los que no se ponderó la crisis que los fascistas estaban dispuestos a implantar.

Votemos con alegría, esperando sorpresas interesantes, pero sin perder la razón, pues el horizonte político debe ser, tiene que ser, posneoliberal si queremos una nación medianamente viable para todos y todas.


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