Lisardo Bolaños Fletes

¿Un tren rápido?

Abundan los elefantes blancos en la campaña.

Un elefante blanco es el término despectivo con el que los estadounidenses se refieren a un proyecto de poco beneficio y que resulta muy costoso de mantener. Quien haya visto el capítulo de Los Simpson en el que Bart obtiene un elefante de regalo de cumpleaños lo entenderá muy bien: se vuelve un enorme y costoso problema cuidarlo y alimentarlo. Quien esté poniendo atención a la campaña se dará cuenta de que ya dos candidatos salieron vendiendo dos elefantes blancos. Pavonlandia está tan mal concebido que ni siquiera está claro cómo sus beneficios resuelven problemas importantes para el país, así que ni vale la pena discutirlo. En el caso del tren rápido, sin embargo, el problema es que pocos conocen el problema financiero detrás de este tipo de propuestas.

Primero, es falso que el Gobierno no deberá endeudarse para este tipo de proyectos. Como reconocen las autoridades estadounidenses, que han evaluado construir un tren rápido por años, la mayoría de este tipo de proyectos ha requerido subsidios del Gobierno y deuda pública. De lo contrario, se deberán pagar pasajes costosos. Y es poco creíble que los guatemaltecos estén dispuestos a pagar el costo no subsidiado del tren rápido, pues hay evidencia de lo opuesto: poca gente paga por volar entre Guatemala y Xela a pesar de los problemas de congestión. Por ende, es poco creíble que haya muchos guatemaltecos dispuestos a pagar los precios no subsidiados de un tren rápido entre estas y otras ciudades.

Quienes vamos a terminar pagando el costo de un mal proyecto somos todos los guatemaltecos.

Segundo, la propuesta muestra 22 estaciones de tren rápido, pero esto no es viable en Guatemala. En Estados Unidos las propuestas serias hablan de que el tren debe unir ciudades de más de 50,000 personas y con distancias entre sí de entre 160 y 800 kilómetros. Esto significaría que en Guatemala no tienen sentido más de 8 estaciones. Pensar en más de 8 o en 22 sería cometer el mismo error de los españoles, cuya red de tren ha sido criticada por ser poco utilizada, generarle altas deudas al sector público y no ser una inversión rentable para el país.

¿Por qué digo que no es viable? Un tren rápido entre Guatemala y Xela, a los costos de España, saldría entre 28,000 y 50,000 millones de quetzales, dependiendo del trazo y de la construcción de túneles (usando cifras de aquí). Si lo queremos hacer antisísmico, como en Japón, el costo ascendería fácilmente a entre 43,000 y 78,000 millones de quetzales. Este sería el costo de unir solo dos estaciones y es equivalente al 89 % del presupuesto del Estado de este año.

Tercero, quienes vamos a terminar pagando el costo de un mal proyecto somos todos los guatemaltecos. Quien haya estudiado el fenómeno de renegociación de contratos y de bancarrotas en infraestructura sabe que, cuando el proyecto no está adecuadamente estructurado y no existe una buena legislación, quien ha terminado pagando el costo suele ser el contribuyente.


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