Cuando él iniciaba su primer período como presidente del Perú, yo estudiaba Economía en la Universidad de San Carlos. Entonces era motivo de análisis y de admiración su propuesta económica nacionalista y revolucionaria, que llamaba al impago de la deuda externa y a la implantación de otras medidas que luego mostraron que, si bien se veían audaces en el papel, en la vida real llevaron al país a caer en la que debe de ser la peor crisis económica de su historia y la fase más cruda de su guerra interna. De esa época recuerdo, como parte del espectáculo, la forma en que el entonces muy joven presidente se dirigía a las multitudes. Solía recibir la aclamación y de callarla con un gesto que consistía en súbitamente extender los brazos a los lados, en forma de cruz, con el cual iniciaba sus discursos, piezas brillantes del gran orador que siempre fue ese político.
En su segundo período presidencial se mostró más maduro y mejor formado (en el ínterin perdió una elección). Y se puede decir que su administración fue aceptable en lo económico y en lo social, pero, al parecer, su equipo de gobierno entró de lleno en el juego de la corrupción a gran escala que se viralizó en América Latina, con el caso de la construcción de obras para un servicio de metro como el más destacado entre tantos otros. Viviendo a medias entre Lima y Madrid, volvió el año pasado para supuestamente aclarar su situación jurídica. Intentó un asilo como perseguido político en la embajada de Uruguay, el cual le fue denegado, y, cuando el Martes Santo iba a ser arrestado y llevado a prisión preventiva, se suicidó dándose un tiro en la cabeza.
Está mas cerca de ser un acto propio del ego de quien busca tener una imagen inmortal y que presiente que, como dice el texto de Kundera, siempre es más grande la inmortalidad del guerrero que la del poeta.
Desde su primer sucesor en el despacho presidencial hasta la fecha, prácticamente todos los expresidentes peruanos están en la cárcel, son procesados o se encuentran prófugos. Y el Perú no es el único país donde el escándalo de corrupción de Odebrecht ha movilizado la maquinaria policial y judicial contra exfuncionarios de diversos rangos. Entonces, ¿qué llevó a Alan García a tomar la actitud y la decisión de suicidarse ante el hecho de su captura?
El suicidio tiene múltiples interpretaciones, desde las sociológicas hasta las psicológicas, pasando por las de otras disciplinas, pero, en el caso de las personas que saben que la decisión de quitarse la vida impactará a otras que no las conocen personalmente y que lo hacen desde la perspectiva de quienes se consideran personajes históricos, parece que la interpretación literaria de Milan Kundera en La inmortalidad es la que se adecúa mejor. Ellos están pensando en cómo serán recordados, en cuál será la imagen que se tenga de ellos después de muertos. Su suicidio no sería un acto final de honor, como el harakiri japonés, o de denuncia y de profesión de fe, como la inmolación por una causa. Tampoco tendría fines prácticos, como el de los espías o combatientes, que saben que su captura representa una muerte segura. Está mas cerca de ser un acto propio del ego de quien busca tener una imagen inmortal y que presiente que, como dice el texto de Kundera, siempre es más grande la inmortalidad del guerrero que la del poeta. Al fin de cuentas, igual que en los discursos, parece que en esta búsqueda de inmortalidad pesa más la forma que el fondo.









