Sin embargo, de pronto me encuentro escuchando Will You Remember?, en la voz de Dolores O’Riordan, como música de fondo a estas líneas que escribo mientras borro una cita de mi calendario.
Teníamos una reunión a la que Sally ya no podrá llegar. La muerte decidió pasar de visita en una carretera al norte de Huehuetenango el domingo pasado.
En mi cabeza se agolpan los recuerdos de viajes interminables a través de la Carretera Longitudinal del Norte en busca de El Mozote, de conversaciones sobre el poder en Honduras y en El Salvador o de anécdotas sobre la vida de expatriados que educan a sus hijos en un tercer país. Todo, con Pink Floyd como banda sonora.
Debo confesar que su energía me desbordaba. Siempre me empujaba un poco más allá.
Debo confesar que su energía me desbordaba. Siempre me empujaba un poco más allá sugiriendo nuevos contactos y nuevas visitas, planificando un viaje al Aguán que ya no sucederá (al menos por ahora)…
Alguien sube a Twitter las fotografías de una sencilla ofrenda floral al borde de la carretera, en el sitio del accidente, y habla de ser invadido por la tristeza. Hago una captura de pantalla y se la envío a mi amigo Reynaldo en Tegucigalpa, quien se encargó de darme la triste noticia la mañana de lunes.
Seguro que la radio comunitaria garífuna en Sambo Creek, la gente de Utopía en Intibucá, los jueces de San Pedro Sula, las mujeres trabajando por sus derechos en zonas de maras en San Salvador, los jesuitas en Yoro y otros sienten tu ausencia.
Todos te echaremos en falta, Sally.









