Bernardo López

La incertidumbre y la confusión dialéctica

Para decirlo de una forma elegante y describir el ambiente con el que cierra el año la sociedad guatemalteca, diremos que enfrenta algún grado de incertidumbre como consecuencia de una confusión dialéctica.

Y es que, cuando se discute cualquier tema, la masa que ahora se cree pública corre a posicionarse en bandos antagónicos y enfrentados: los comunistas y los liberales, los provida y los proaborto, los roqueros y los salseros, la porra crema y la porra roja, y así cuanto se les ocurra.

Si bien el enfoque conceptual de las leyes y categorías de la dialéctica nos lleva a pensar que se puede y debe privilegiar la unidad y la lucha de contrarios como prerrequisito para impulsar los cambios de cuantitativos a cualitativos, en nuestro medio es válido pensar que nos están usando de pendejos mediante la generación de fricciones para crear nubes de humo sobre los problemas añejos que nunca se quiere entrar a tratar. Qué importa que discutamos y busquemos acuerdos sobre estos temas de fondo si estamos de lo más cómodos y manipulados usando las redes sociales para maldecir o bendecir a un grupo de música metálica o para aplaudir o abuchear a un Congreso que coloca como agenda prioritaria prohibirles la entrada al país.

Ojalá el próximo año pudiera encontrarnos discutiendo y probablemente enfrentados, pero por temas que valgan la pena.

Desde mediados de los 80 a nivel mundial y desde finales de los 90 a nivel nacional se ha difuminado la existencia de los contrarios. Se siente la falta del opuesto, y de ahí viene la confusión. Se abrazan causas inocuas y se desempeña el papel del manipulado útil para aquel que sabe exactamente qué es los que quiere y qué es lo que le conviene. La esperanza que se guarda es que la mayoría de los usuarios de las redes sociales, los columnistas de medios o los generadores de opinión que, en un sentido amplio, tengan un poco de sentido común puedan darse cuenta de que corren el riesgo de ser caja de resonancia de un tema muerto, como el perro que corre tras el hueso mientras otro cuelga los chorizos.

Ojalá el próximo año pudiera encontrarnos discutiendo y probablemente enfrentados, pero por temas que valgan la pena. Ojalá no nos prestemos a desgastar la frágil paz social y escasa salud mental en temas banales para el porvenir de la nación. Es un ojalá con demasiado énfasis porque nada augura que las alegres elecciones nos traigan algo distinto. Mejor enfoquémoslo en el sentido de que alguien se atreva a pensar fuera de la caja y convierta esa práctica del enfrentamiento en un algo virtuoso. Y consigamos dialécticamente los cambios cualitativos hasta que nos alcance la negación de la negación. ¡Dialécticos saludos de fin de año!


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