Así que borro esas palabras, le doy un sorbo a la taza de café frío, que lleva 20 minutos sobre el escritorio —prueba irrefutable de dos vicios: mi adicción a la cafeína y la pereza por levantarme a buscar otra taza—, y empiezo otra vez entrando directamente en materia. Los discos de vinil le permitían a la industria discográfica clasificar el material del cual se esperaba mayor impacto de aquel que no, el cual se colocaba en el lado B de los discos.
De esta forma, canciones de los Rolling Stones como Fancy Man Blues, incluida en Mixed Emotions (1989), o Cook Cook Blues, del álbum Steel Wheels (1985), a pesar de su enorme calidad, son un complemento para los temas principales de esos álbumes, en los que los éxitos son otros.
Into the Void, de Black Sabbath, es un ejemplo de un lado B de culto. A esta canción, incluida en Master of Reality (1971), no pocos le reconocen el honor de ser la piedra fundacional del stoner rock. La versión de Kyuss es vértigo puro.
Sin embargo, la práctica no siempre fue aplicada metódicamente. Hace un par de días se cumplió el aniversario 39 del lanzamiento de Back in Black, de AC/DC (1980), el primer álbum con Brian Johnson luego de la muerte por sobredosis de Bon Scott. Back in Black y Shook Me All Night Long son los primeros temas del lado B de este álbum, uno de los más vendidos de la historia y un ícono que David Fricke describió en la Rolling Stone de noviembre de 1980 con las siguientes palabras: «El primer LP desde Led Zeppelin II que captura toda la sangre, sudor y arrogancia del género». Por cierto, Fricke también dijo que Brian Johnson era un vocalista que lo hacía todo, excepto cantar.
Seguramente el retorno al vinilo, que fervorosamente practican algunos melómanos, resucitará de manera parcial este factor.
La era del CD —ya agonizando— hizo imposible continuar con esta práctica. Aparecieron entonces los bonus tracks y las múltiples recopilaciones de rarezas a las que debemos el hecho de conocer mejor la interioridad del legado de muchas bandas. Seguramente el retorno al vinilo, que fervorosamente practican algunos melómanos, resucitará de manera parcial este factor.
¿Por qué me dio por pensar en B sides?, me pregunto a mí mismo mientras tomo otro sorbo del café frío. Seguramente tiene que ver con el hecho de que el otro día mi hija me pidió ayuda con las tareas de la escuela por teléfono y yo confundí Van Gogh con Bangkok. Las risas llenaban la casa al ver mis impresiones del Autorretrato y La casa amarilla.
Esa no es una de mis mejores actuaciones en la historia, pero seguro será una de las más recordadas —tal vez incluso para alguna anécdota divertida en mi funeral—. Es apenas un lado B del tipo nacido el siglo pasado que confundió la capital de Tailandia con un pintor. Las cosas ya no son lo que solían ser.









