Míchel Andrade

«War Pigs»

La multitud ruge y vitorea a un hombre de pelo naranja que acepta la nominación del Grand Old Party con un discurso que esparce incoherencia, miedo y odio, el cual las masas reciben agradecidas y aliviadas.

La escena —para mi disgusto— se parece mucho a la del Sporpalastrede de Berlín en 1943. ¿Quieren la guerra total?

Apago la televisión. Todo resulta un poco increíble, pero podría ser peor: el hombre del pelo naranja tiene una oportunidad real de tener los códigos nucleares en su escritorio a partir de noviembre.

Prefiero moverme hacia otras cosas, y la casualidad quiere que me encuentre con ese video de un joven Ozzy Osbourne en 1970 en París, quien comienza por decir que su banda va a tocar algo que no está en el álbum —Paranoid estaba a punto de ser lanzado— y luego canta fuerte y claro:

Evil minds that plot destruction,
sorcerer of death’s construction.

War Pigs fue un canto antibélico casi por casualidad. El título original, Walpurgis, era demasiado satánico para la disquera, así que fue cambiado, pero las letras de la canción quedaron intactas. Nada más lejos que Tony Iommi, Ozzy Osbourne o Geezer Butler de un activista anti-Vietnam de los 70, pero War Pigs se convirtió en ese ícono político en el que jamás deseó convertirse la banda que le dio vida al heavy metal.

Rolling Stone destaca War Pigs como una de las canciones obligatorias en todo concierto de Black Sabbath. Un verdadero hito en la carrera de esta ilustre banda, que conjuga magistralmente la batería de Bill Ward con la guitarra de Tony Iommi para ponerle fondo a un discurso sobre el poder infinitamente más crítico que cualquier otro manifiesto de esa época.

Muchos años más tarde, el Boom! de System of a Down tendría un efecto parecido, jamás comparable, aunque no puede despreciarse el poder de estos versos:

Revolving fake lawn houses,
housing all your fears,
desensitized by TV,
overbearing advertising…

Mi errático camino me lleva hasta un video de Prophets of Rage con una versión de Killing in the Name que no me hace extrañar a Zack de la Rocha. Y como siempre me deja repitiendo aquello de: «Now you do what they told you».

War Pigs es para mí ese momento en la esquina del convento de San Francisco, en Quito, cuando la Policía cargó contra los manifestantes que pedíamos que Abdalá Bucaram se fuera. Nunca he tragado tanto gas lacrimógeno como esa tarde. Y War Pigs era también la música de fondo en otra tragedia tal vez menor: cuando mi amigo Déjà Vu —uno de los mejores bármanes del mundo— nos anunció a Francesco, a Antonio y a mí que cambiaba de bar y que el nuevo establecimiento, por su concepto, no nos dejaría poner rock todo el tiempo.

Al acabar estas líneas me queda la sensación apocalíptica de que el miedo, poderoso motor, está moviendo silenciosamente a un war pig de pelo naranja hacia el poder. Ojalá tenga que comerme mis palabras.

Politicians hide themselves away.
They only started the war.
Why should they go out to fight?
They leave that role to the poor.


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