Difícil decisión esa de ser mujer ante la conciencia cada vez más evidente de las múltiples formas que toman el menosprecio y las sutilezas de nuestra cotidianidad o simple realidad.
Enumerarlas no es tarea fácil ni tampoco el propósito de lo que hoy quiero expresar.
Recuerdo con poco agrado el día que mi cuerpo me dio el aviso de que mes a mes me permitiría tener la excusa perfecta para mandar al carajo todo y a todos.
Sí, los dolores fueron agudizándose. Sí, aprendí a aceptarlos como normales, a sonreír y tragar lágrimas.
Grave error ese de acostumbrarse al dolor. Grave porque un día despiertas y tu vida dio un giro inesperado, drástico, que destruye aquello que ni siquiera habías anhelado.
La endometriosis es una enfermedad (¿o un padecimiento?) que sufren (sí, sufren) alrededor del 15 % de las mujeres en el mundo. Detectarla toma en promedio ocho años.
¿Por qué tanto tiempo?
Para entender la perversidad que esconde la respuesta se comienza con esa pregunta simple.
Entender cómo se acerca la medicina occidental (pues es la que me tocó conocer) al cuerpo de una mujer explica la razón por la que aguantar dolor se convirtió en nuestra más grande virtud.
Nuestro linaje materno se volvió reproductor de un paisaje que pinta con normalidad escenas de silencio y llanto reprimido.
¡Uy, no! Cómo creen. Yo no trato de jugar el papel de la víctima. Yo solo creo necesario y justo que lo sepamos, mujeres: el dolor no es normal.
¿Será que nuestra misma anatomía nos condena al dolor?
¿Saben ustedes qué tan pinche, molesta (así me lo vendieron a mí) e invasiva es una histerosalpingografía? Busquemos cuál es el examen equivalente para el hombre. Mmm… Sip, eso mismo: ¡una masturbada! Eh, disculpen, quise decir un espermograma.
El acoso y el abuso de la mujer van más allá del chiflido en la calle. Está enraizado incluso en nuestras formas de hacer ciencia. La irrelevante inclinación investigativa confirma la poca prioridad que tienen estos temas y abonan a la ignorancia del machista, del machismo. De nosotros todos, pues.
Explíqueme por favor por qué es tan fácil para un médico extirpar el útero, los ovarios, las tetas.
Amputar órganos femeninos no requiere mayor reflexión. Las consecuencias de estas intervenciones son banalizadas, silenciadas y al final aceptadas. Y ahora pregunto: ¿será una amputación del sexo masculino igualmente digerida?
No, no somos princesas. No, no queremos que con plumas rocen nuestra piel tersa.
¿Saben qué queremos? Que nos dejen entender, explicar y atender con respeto nuestro cuerpo de mujer.









