Y esto se hace más notorio cuando vemos los agrupamientos regionales. Sin embargo, no hay que olvidar que la política no es más que la expresión condensada de la economía y que la economía es naturalmente cíclica.
A lo anterior hay que sumar el hecho de que la globalización económica que se diseñaba a mediados de los años 1980 con una visión multilateral fue dejando su lugar a una integración regional, a una formación de bloques económicos que, siguiendo al pie de la letra la doctrina, provoca un ensayo de bloque político y social, con asomo de homologación ideológica.
En tiempos recientes, los finales de estos ciclos económicos y de estas ondas políticas se alejan de las explicaciones convencionales y conocidas para dar paso a un viejo ingrediente ahora ampliamente visibilizado: la corrupción y sus efectos.
La marea que ahora lleva a su final a los gobiernos sudamericanos autonombrados socialistas del siglo XXI tiene como detonador este ingrediente. Sea un hecho probado o no, el tema de la corrupción pone una pica en Flandes para que en Argentina se pierdan las elecciones y en Brasil se instaure un juicio político y se suspenda a la presidenta. Cierto es que la crisis económica acompaña la salida de estas administraciones, pero unos son los hechos causantes y otros los desencadenantes.
Para la región basta con centrarse en percibir lo que sucede en estos dos países por el tamaño de sus economías y cómo han podido empezar a fallar los modelos aplicados y sus características. Insistiendo en el criterio regional, solo un análisis sobre lo que pasa en México, también por su tamaño relativo, puede ser relevante.
Pero, abandonando lo cuantitativo, un caso que siempre llamará la atención es Venezuela. Perseguida por la paradójica maldición de la abundancia de recursos, suma a sus siete plagas la corrupción galopante, que ha dado al traste con los servicios básicos, con el abasto estratégico y con la mínima seguridad ciudadana. Hordas de funcionarios hechos multimillonarios con la perversión de un Estado benefactor y hordas de simpatizantes financiados por este mismo sistema político aterran a una población que ojalá pueda montarse en la infalible e infatigable ruta del péndulo político.









