El teatro es también reflejo de la sociedad en que vivimos. Es otro diálogo entre la comunidad de la que somos parte y que nos permite vernos y preguntarnos. No hay arte que no nazca de un contexto político, que no tenga una búsqueda propia en la historia de la que hacemos parte.
Recuerdo que cuando leí Hombres de maíz había partes que leía una y otra vez. Y siempre me sorprendía diciéndome que en otro lugar había una joven indígena que entendía mucho mejor que yo lo que quería decir Miguel Ángel Asturias. Sin embargo, al mismo tiempo, yo podía comprenderlo mejor que una joven europea. Es decir, también se le hablaba a mi propia identidad de maíz, la que hace parte de mi mestizaje. Asturias me hablaba del país en el que vivo, en el cual viven diferentes pueblos que no siempre se conocen ni intentan hacerlo.
Andamio Teatro Raro, con la dirección de Luis Carlos Pineda, decidió traer de vuelta la mirada de Asturias sobre Guatemala. La obra se llama María Tecún, y en ese gesto me explico un reproche a un personaje que no siempre es reconocido. No es solo un hombre de maíz. Es una mujer de maíz. Una mujer que lucha también en su casa, en su contexto más inmediato, frente a una concepción del ser mujer que choca con su misma dignidad. Una realidad en la que muchas nos encontramos. Pero es también una lucha que acompaña otras igual de importantes. La del territorio, por ejemplo. La de la defensa de la tierra y su relación con el hombre. En este momento pareciera que eso que dijo Asturias sigue vigente como sentencia que duele: «Sembrado para comer es sagrado sustento del hombre que fue hecho de maíz. Sembrado por negocio es hambre del hombre que fue hecho de maíz». Hoy el maíz ha sido desplazado por monocultivos. Siguen manteniéndose los cultivos de exportación frente a esa dignidad del maíz como fruto de la tierra que no muere, que nos recuerda insistentemente que la vida está antes que cualquier otro valor.
Por eso es que llevar la obra de Miguel Ángel Asturias a las tablas, con la lectura del país que vivimos hoy, es importante. Luego de una Marcha por el Agua que nos hace encontrarnos a muchos en una misma voz, en una misma demanda que es vital, en la que nos encontramos reconociéndonos y muchas veces conociéndonos, me digo que la obra que nos regalan Luis Carlos Pineda y Andamio Teatro Raro es para ver y hallarnos. La cita es este viernes 29 y este sábado 30 en el teatro La Cúpula (7 av. y 13 calle, esquina, zona 9) a las 7 de la noche. No olvide sus Q80.









