Para esto, mi nota en Facebook alcanzó proporciones virales inéditas. Y lo que nunca se había visto antes se vio esa noche de Viernes Santo: el ministro de Salud en persona llegó al hospital y realizó una inspección rápida. Demasiado rápida para mi gusto.
Porque lo que realmente está detrás de esta punta del iceberg es una masa compleja de burocracia, incompetencia, ignorancia administrativa, corrupción a todo nivel, falta de estándares organizacionales y administrativos y la ausencia fatal de sistemas de información y comunicaciones que permitan en tiempo real saber con precisión qué es lo que está sucediendo en la red de logística y de abastecimiento de los servicios, en la que interviene un ejército de burócratas (muchos de tinte político porque es la única manera de conseguir el hueso) expertos solamente en una cosa: en poner las cosas más enredadas y más difíciles, con más trámites y más firmas que llenar.

A falta de todo esto, mi petición se vuelve objeto de relaciones públicas y de cómo invalidar para mantener una imagen, una opinión. Aparecen materiales y sueros mágicamente, justo antes de que llegue el ministro al hospital. Y fue claro cómo se montó en minutos una pantalla de todo está bien. Pero la realidad está por debajo de esa superficie y es una masa monstruosa, que amerita observaciones más detenidas y profundas y que siempre llegarán a la misma raíz: el aparato estatal aberrante, blindado por regulaciones y leyes inoperantes, alimentado por burócratas de pantalla, que no durarían ni 24 horas en un entorno muy competitivo y eficiente, pero que aún así se consideran expertos en gestión pública.
Un clic inició todo esto. ¿Qué tal un clic que les diga exactamente qué está pasando, y en dónde está pasando, en la red administrativa pública? Y si mi pregunta parece ridícula, qué tal si miramos mejor y observamos el ejemplo de dos jóvenes que en un garaje, con escasos recursos y equipo de segunda mano, decidieron hacerlo y en menos de 10 años lo lograron con información de escala mundial. Sí, hablo de Google. Demostraron que se puede organizar la información y hacerla accesible con un clic, que el que tiene la información tiene el poder. Un poder que, creo, le urge a nuestro gobierno, que en tan poco tiempo ha caído en las redes macabras de la desinformación y que, cuando le llega información válida, se ocupa de demostrar que es falsa.

Qué tal reunir la información con el propósito de salvar vidas. ¿Podrá alguien en el actual gobierno pensar en esto? Pero para pensar en algo así hay que ser capaz de pensar en grande, de imaginar escenarios mejores, de salirse del statu quo de la burocracia estatal, de convicciones superiores que resistan a los grupitos de presión que no representan a la gran mayoría aunque finjan que sí. Se debe ser capaz de seleccionar y conformar un equipo verdadero. En otras palabras, verdadero y genuino liderazgo sumado a una buena administración. Hace casi 20 años me vi sentado en la silla de la administración de un hospital regional del Ministerio de Salud y comprendí de manera muy ruda esta simple lección: no hay administración efectiva en el Estado ni conocimiento real de ella. Y eso me incluía a mí. No sabía nada de administración y tuve que aprender. Pero lo que aprendí era totalmente distinto a lo que se me presentó como administración estatal y me costó cuatro años de arduo trabajo. Y al final, mi destitución, implementar un poco de esa nueva administración, con excelentes resultados no para los políticos, sino para la gente. Aún hoy dan fe de ello.
El Gobierno, haciendo negocios con la gente de Google, nos pondría de un tirón en el siglo XXI, con información útil y valiosa para la gestión eficiente de los recursos estatales. ¿Loca la idea? De ideas locas están construidas la evolución y la modernización.










