Edgar Zamora Orpinel

Orgasmos musicales

Hace unos días leí un tuit de la BBC que decía que la música podía provocar orgasmos. Así, con toda la curiosidad (y el morbo) del caso, le di clic al enlace.

Me encontré con un artículo muy interesante que hablaba básicamente del placer que experimenta nuestro cerebro al escuchar música y de cómo ciertas canciones pueden provocar en una persona algo que llaman «orgasmos de piel».

Cuando leí ese término supe exactamente a qué se refería. De hecho, en mi cabeza empezaron a aparecer todas aquellas canciones que han hecho que la piel se me ponga de gallina: esas piezas magníficas que, ya sea por su letra, por su melodía, por sus arreglos o simplemente por el momento emocional en el que me encontraba cuando la escuché, provocaron en mí un orgasmo (sin albur).

Según este texto de David Robson, las reacciones más fuertes son provocadas por «los cambios repentinos en la armonía, los saltos dinámicos y las […] notas disonantes que chocan con la melodía principal». Esto es porque el cerebro se acostumbra a un patrón específico y estos elementos sacan al oyente de ese patrón. En ese momento se da la manifestación física.

Por eso es que las canciones que siguen al pie de la letra una fórmula específica difícilmente lograrán provocar una reacción fuerte. Es como quedarse estancado para siempre en el juego previo.

Y las canciones que se salen por completo de las formas conocidas por nuestro cerebro tampoco logran provocar reacciones potentes. Es como pretender ir siempre directo al clímax. Simplemente no funciona.

Claro que la música tiene un componente emocional muy importante, y esto hace que en gustos se rompan géneros. A algunos les gustará más el tiempo de juego previo que a otros. Habrá quienes se estremezcan y agiten con una nota alta de Luciano Pavarotti, con la profunda voz de Barry White, con un cambio de armonía de Chaikovski, con una letra de José Alfredo Jiménez o con un solo de guitarra eléctrica de Slash.

Al final del artículo estaba seguro: el placer que provoca la música es muy parecido al que provoca el sexo, y las canciones, al igual que las personas, fácilmente te pueden gustar y de pronto hasta te hacen mover el cuerpo. Pero las que te erizan la piel, esas son las verdaderamente especiales, las que nunca dejás ir.

Les dejo una lista colaborativa en la que he puesto algunas canciones que me han erizado la piel. Por supuesto, sus aportes son más que bienvenidos.


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