Mildred Hernández

La defensa de los derechos, un ejercicio ciudadano

Hace poco, con un miembro de mi familia sostuve un pequeño diálogo que muestra, en síntesis, lo que aún piensan muchos guatemaltecos pese a las manifestaciones públicas de descontento que se han dado a partir del 25 de abril.

—¿Vamos a la manifestación?

—No. Yo no voy a esas cosas.

—¿Por qué?

—Porque me da lo mismo que roben unos a que roben otros.

Cabría entonces preguntarnos por qué tanta indiferencia, por qué en las últimas convocatorias ciudadanas ha disminuido el número de personas que asisten al parque central y por qué, de los miles de asistentes en los primeros plantones, ahora se habla de unos cuantos cientos de personas.

Se me ocurren algunas respuestas. Es cierto, por ejemplo, que entre la población civil aún existen resabios del miedo como producto de la represión vivida durante el conflicto armado interno, que finalizó en 1996. Luego, podría ser que la clase media se ha acostumbrado tanto a la corrupción, al robo, a los asesinatos y a la violencia cotidianos que ya poco la conmociona tanto como para continuar con su enojo. Después, es posible que, al no ver resultados positivos inmediatos, el ánimo haya decaído a tal punto que ya no quiera saberse nada de plantones ni banderas ni pitos ni nada. O es probable que estén haciendo efecto las argucias maquiavélicas de quienes intentan dividir el interés ciudadano en aras de seguir manteniendo sus privilegios y su impunidad. O puede ser una combinación de factores.

En todo caso, la asistencia a los plantones los sábados por la tarde está generando una nueva manera de ver y concebir nuestra propia realidad ciudadana, tan apagada hasta hace poco. Por ello es necesario que sigamos presionando con nuestra presencia colectiva para que funcionarios como Baldetti, Muadi y el mismo OPM sean enjuiciados. Es necesario que sigamos ejerciendo presión para que haya una reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Es necesario que nos presentemos los sábados para exigir que en el Congreso, en la Corte de Constitucionalidad y en las otras instituciones no se siga protegiendo a los principales responsables del desfalco de nuestro país. Es necesario que empecemos a forjarnos una memoria histórica para que no se nos olviden tan pronto las acciones de quienes han defraudado, robado y estafado a un pueblo entero.

En mi caso, reconozco que me gustaría vivir en un país en el que los derechos humanos se respeten de manera integral, sin distinciones ni privilegios. Estoy dispuesta a manifestar pacíficamente. Estoy dispuesta a continuar hasta que logremos cuestiones concretas, algunos beneficios para todos a largo plazo. Estoy dispuesta a sacrificar las tardes de algunos de mis sábados para formar mi conciencia ciudadana, para que finalmente las cosas empiecen a mejorar en Guatemala. ¿Vamos?


Recomendados