No lo logró el show de proclamación de Sinibaldi desafiando al TSE ni el caballito de palo. Tampoco la ridiculez del harinazo ni cómo se cocinaron la elección de los magistrados en medio de las sucias aguas de las comisiones de postulación ni los datos retorcidos de los informes de Gobierno ni el negocio del agüita mágica para el lago de Amatitlán. Había preguntado cómo arreglar un corazón roto. Ya tengo mi respuesta: poniéndome los tenis y saliendo a caminar junto a otros miles muchas veces.
Es cierto. Queremos la cabeza de Roxana. No solo la renuncia. Queremos el juicio y la condena. Por grande que haya sido el premio de entregar a Roxana, no es lo único que queremos. No somos una gran bestia hambrienta que, una vez ofrecido un sacrificio, se quedará tranquila masticando los huesos de la presa mientras la vida sigue a sus espaldas. Esta gran bestia que somos tiene hambre añeja. Esta bestia piensa. No queremos un chivo expiatorio: ¡no somos estúpidos! Roxana no está sola en esto. Cuando pedimos justicia, es para todos, comenzando por los implicados en La línea: ella y su secretario, todos los gatos que hicieron el trabajo y todos los cabecillas también, esos que no se han nombrado, esos que todavía están tratando de salir intactos. Queremos a los clientes: las empresas que pagaron los sobornos. Queremos sus nombres. Queremos que sean procesados y sancionados. Y queremos el dinero de vuelta en nombre de los muertos y los enfermos de los hospitales desabastecidos, en nombre de los hambrientos, en nombre de los niños sin futuro por falta de escuelas dignas, en nombre de todos los que han sufrido por la falta de inversión del Estado donde se debe. Queremos a Otto, comenzando por la evasión de impuestos en la compra de tierras y por cualquier otra cosa que le encuentren. Y ya que andamos en eso, queremos a Ottito también, porque esos carritos no son gratis, y al fisiquín, por destruir áreas protegidas, entre otras monerías.
No nos importa si los unos negociaron con los otros para salir impunes a cambio de entregarla a ella. Roxana es el principio y nosotros caminaremos hasta el final. No es un logro del Cacif que ella esté entre la espada y la pared, ni la acorraló Líder, como el mentiroso de Baldizón quiso hacer creer. Lo queremos a él también, comenzando con cada negocio turbio en Petén.
Y luego de esto seguiremos presionando porque aparte de La Línea hubo y hay otras cosas, otros crímenes, otras corrupciones. Porque también entre quienes se postulan para los cargos públicos del próximo período hay sospechosos de cualquier cantidad de ilegalidades y ellos también deben ser investigados. Porque quien venga a gobernarnos después debe saber que la gente ya no tiene miedo y que estamos observando, que ya es hora de que se les quite el descaro. Que la paciencia del pueblo ha sido agotada y no estamos dispuestos a permitir más abusos.
Entonces, aparte de Roxana, queremos a toda La Línea y a las empresas implicadas. ¡Queremos justicia! Por la masacre de Alaska, por el agüita del lago de Amatitlán, por lo del jade, por los Mercados de Futuros, por la transa de la elección de magistrados, por los bufetes tramitadores de sobornos, por el tráfico de influencias, por los hospitales desabastecidos, por un sistema en el que los violadores pederastas capturados in fraganti salen libres y sin cargos, por el descaro de los partidos que entrarán en la contienda en estas elecciones.
Queremos transparencia: reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, declaración de bienes de los funcionarios actuales y de los candidatos, persecución por enriquecimiento ilícito, extinción de dominio para todo sospechoso. Y luego querremos más.
Roxana es la primera (¿o la 2?), pero ella es solo el principio. Nos vemos el 16 a las 15.
* Roxanne, canción de la banda The Police, del álbum Outlandos d’Amour (1978), aunque por alguna razón me suena más El tango de Roxanne, de la banda sonora de la película Moulin Rouge! (2001).









