Gabriela Carrera

Otra vez oímos los cuetes

Llegué a la Plaza de la Constitución y era una fiesta. ¡Una fiesta! Todos nos abrazábamos, sonreíamos, decíamos lo bello que era salir a la calle a festejar, a creer en nosotros mismos y en el poder que tiene la voz a quien le pertenece realmente el Estado en este país. Le comento a una amiga que recuerdo cómo los libros de historia de Guatemala relataban que cuando Ubico había salido del Gobierno se habían quemado cuetes. «Oí», me dice. «Otra vez oímos cuetes». Nunca me imaginé vivir un acontecimiento como este.

La renuncia de la vicepresidenta de Guatemala es un acto simbólico. Es el Gobierno corrupto, las estructuras delictivas enraizadas en el Estado frente a los miles de personas que han salido a las calles a manifestar su repudio, cuando no su asco, a los políticos que han tomado nuestro Estado, nuestro país, nuestro trabajo como botín, como cueva donde hay no solo 40 ladrones, sino muchas más decenas de ladrones. Es un acto que, aunque muchos quieran ver como resultado del posicionamiento del Cacif, es ante todo un logro ciudadano. Hoy la ciudadanía que queremos ser va por el Estado que queremos y que nos han negado por tanto tiempo. Esa es la oportunidad que tenemos hoy, pero también el reto que la historia nos presenta.

Si logramos esta renuncia, podemos lograr mucho más. He ahí lo más importante. Muchos salimos a la calle sin más esperanza que en aquello que se demandaba que fuera posible. Hoy lo es y nos hemos devuelto unos a otros la capacidad concreta de soñar y de construir el país que nos merecemos. Hemos aprendido de las luchas de miles y miles de guatemaltecos y guatemaltecas que han abierto brecha, que han resistido y que han defendido dignamente la vida y los derechos de todos. La ciudad de Guatemala se suma hoy a defender lo propio en un país tercamente centralizado y reconoce el valor que las luchas comunitarias tienen.

Hoy debemos hablar precisamente del país que queremos, de lo que se necesita construir para ser una sociedad radicalmente diferente. Las articulaciones entre sectores, el esperanzador   movimiento universitario, las personas que han salido a título personal, los niños que han acompañado a sus padres en los platones son aquellos que deben decir qué quieren, qué necesitan.

Eso es lo que necesitamos decir este 16 de mayo junto a las reivindicaciones que ya se han formulado. Ya he visto que queremos un nuevo sistema, que queremos medios de comunicación que no estén vendidos a los intereses de unos cuantos, que queremos partidos políticos rectos y honestos. Queremos un Estado a la altura de la sociedad que Guatemala ha demostrado tener. Nos vemos el 16.


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