El trasfondo inmediato es la captura de la red criminal articulada en torno a la SAT para defraudar los ingresos del Estado por medio de la cooptación de las aduanas. Sin embargo, existen muchos y muy profundos indicios de que esta es la más evidente de una serie de señales de decadencia y crisis:
- La sistemática y generalizada debilidad de la institucionalidad del país, algo que ha calado tan profundamente que pocos guatemaltecos defenderían el sistema si este se desmoronara, tal como lo demuestra la encuesta del Barómetro de las Américas, de la Universidad de Vanderbilt, que nos coloca en la categoría de democracia en riesgo, de manera que ocupamos el último lugar de Latinoamérica.
- El secuestro de nuestra democracia a causa de las inercias institucionales que padece nuestra actual legislación electoral.
- La galopante corrupción y la tan arraigada impunidad en Guatemala, que han ido transformando la cultura de nuestra sociedad para convertir al ciudadano guatemalteco en un cliente regular de las estructuras paralelas del sistema (clientelismo y familismo amoral).
- La permeable legislación guatemalteca, tan llena de vacíos, contradicciones y una maraña de leyes obsoletas o que no pueden aplicarse por una variedad de detalles técnicos, lo cual produce no pocos fallos contradictorios que solamente benefician a las estructuras temporales que se aglutinan alrededor de la silla presidencial (anomia regulada).
- El crecimiento desmedido de uno de los más grandes poderes políticos y económicos del continente, el crimen organizado, aglutinado en torno al narcotráfico, la trata de personas y el contrabando.
- Las muy variadas voces que ya hablan insistentemente de la necesidad de reformar e incluso refundar la institucionalidad del país, aunque este consenso no exime del hecho de que no hay claridad sobre el camino a seguir ni sobre la profundidad de lo que hay que reformar, por lo que estos conceptos desatan las más variadas y acaloradas discusiones, que auguran que esta será una opción muy larga, muy incierta y muy peligrosa, debido al grado de cooptación política que exhibe el sistema.
El resultado, ya muy predecible desde hace varios años, era que el rumbo del país se dirigía aceleradamente a una inminente crisis, tal como se planteó en diciembre del 2012:
«El problema fundamental para Guatemala es que a nadie le importa usar sus influencias y colocar allegados en puestos clave para después obtener ganancias ilícitas, promover proyectos políticos que solo van a beneficiar a unos pocos e incluso manipular la elección de jueces y magistrados para permitir fallos judiciales de acuerdo con sus propios intereses» (¿Al borde del abismo?).
Por Luis Mack y el Instituto de Investigaciones Políticas y Sociales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (IIPS-USAC). Publicado inicialmente en el sitio web del instituto.









