Durante Semana Santa estuve en el departamento de Petén. Manejar hasta Flores no es cuestión sencilla: las distancias en Guatemala se hacen más largas por los túmulos, el mal estado de las carreteras y el hecho de que la mayoría de las carreteras aún no cuentan con cuatro carriles. Con suerte se hacen ocho horas de la capital a Flores.
El Petén parece ser territorio ajeno. Es la mansión del pájaro serpiente de Virgilio Rodríguez Macal. Y cómo no serlo. Este departamento empezó a poblarse a partir de los años 1980. Antes pertenecía a Alta Verapaz y era territorio desconocido y habitado por lacandones. La mayoría de su población no es oriunda de allí. Petén es de esos lugares del mundo adonde la gente migra. Tanto nacionales como extranjeros han visto en la selva un refugio. El ir y venir es común en Petén, ya que es un departamento que comparte fronteras con México y Belice.
La infraestructura turística en el Petén es resultado de un crecimiento espontáneo y sin planificación, lo cual llama la atención, siendo que Guatemala es reconocida en el mundo por el templo I, el Gran Jaguar, de Tikal. Parece que, sin un mapa claro de desarrollo, cada quien, como en la ley de la selva, ha visto cómo salir adelante.
El parque Tikal, que es nuestro emblema en el extranjero, no está en las condiciones en que debería estar. El museo del parque no invita a aprender, a muchos de los guías les falta preparación y no hay servicios sanitarios limpios. En fin, son varias las carencias. Y lo importante no es solo describirlas, sino reflexionar sobre el modelo actual y considerar el cambio.
Yaxhá es otro parque, a mi gusto, aún más hermoso que Tikal, pero definitivamente no tan conocido ni concurrido. Creo que este parque va por mejor camino que Tikal. A diferencia de Tikal, Yaxhá tiene un museo mucho más explicativo e instalaciones más amigables y limpias. Ambos están bajo el control de Conap y del Idaeh, las instituciones públicas encargadas del tema. Sin embargo, en Yaxhá hay más intervención de entidades privadas.
En mi opinión, es importante que sigamos discutiendo cuál es el modelo más efectivo para que Guatemala empiece a explotar el turismo como lo hacen otros países que quizá no tienen ni de asomo la riqueza natural y cultural que nosotros tenemos, pero que han encontrado mejores formas de explotarlas sin dañarlas, sino todo lo contrario: conservándolas y volviéndolas parte esencial del desarrollo de los países.
Esta discusión no tiene que ser de monos aulladores, gritando y asustando. Podemos hacerla con calma, sin falacias ad hominem, con argumentos y hechos que demuestren casos parecidos y modelos exitosos.









