Realmente es posible pensar en el amor. Realmente es posible preguntarnos sobre su naturaleza desde un país como el nuestro, desde una Guatemala que arde al fuego, al fuego que seguimos aprendiendo a leer, al fuego que nos quema por dentro, al fuego ese en el que arde el tiempo todas y cada una de las tardes. Es posible sentirlo. Es posible acariciar nuestros cuerpos desnudos en una pantalla. Es posible realmente sentirnos, ver a los ojos al horror, sentirlo. Tiene que ver nuestra historia con la historia del fuego, en definitiva, con la historia de la entraña de los volcanes, con aquello que arde en el corazón de la tierra, que sospecharíamos también arde en el corazón del cielo.
Cubriremos nuestra desnudez
con tu ceniza
grices se pondrán nuestros cabellos
opacas quizás nuestras pieles
nos convertiremos lentamente en polvo
y en memoria
caeremos suavemente sobre la tierra
sobre el valle que te observa en silencio









